Aplausos


Nada más alentador que un aplauso. Pero cuando se repiten por compromiso la vanidad de aquell@s que los reciben se convierte en un monstruo devastador.


María Gladys Estévez.

miércoles, 18 de mayo de 2022

A veces unas alas de papel.

 Cuando uno mira un álbum de fotos se introduce sin remedio dentro de él, es como si uno formara parte de las hojas cubiertas de los rostros, los paisajes, anécdotas que quedan ahí para siempre o tal vez también se destruyan tarde o temprano, luego la eternidad no existe; pero pareciera que se solidificaran igual que estatuas de sal y eso me lleva a reflexionar de todo ello, de lo que queda o lo que queremos que  quede. 


Hoy he tenido la percepción de mi misma, de mi rostro. No me había fijado, y presumiblemente me atrevería a decir que no me reconozco del todo. esos ojos que miran  fijamente a los míos, tanto que se me irritan y tengo que pestañear varias veces seguidas. En la siguiente hoja hay grupos de personas, dos o tres mujeres y unos hombres es verano y no recuerdo el año, pero retrocedo para seguir descubriendo la tez algo pálida, algo serena, algo sonriente-¿Es complicado reconocerse ante un espejo o una imagen? .No se escuchan vocablos  y si pretendemos tocarla nuestras manos idénticas se unen, se acarician. El mapa de nuestras manos es igual las líneas de división de los caminos ¿Pero, porqué no podemos descubrir lo que realmente esa boca desea decir? ¿Cuánta prisa hay, cuántos pasos al día de un lado a otro?

 El  bus, el coche, el vestido de la tienda francesa de la esquina .No dejo de mirarla, a ella. Ella quiere ser escuchada , acariciada .Todas las capas de piel que se mudaron se esfumaron, como se esfuman las alas de las mariposas con un ligero polvo al frotarlas  con la punta de los dedos .Es como si estuviera muerta su sonrisa leve, es como si le hubieran cosido los labios con hilo grueso. Sería un gran descubrimiento saber qué quiere en realidad  ahora que lleva una piel diferente, hilvanada por los años. Su pelo liso se posa en los hombros, ahora me acerco aún más y logro descubrir que sus ojos, se han enjugado, igual que los míos.


Reeditado.

Los sueños.

 


Sin embargo la bailarina estaba a su lado, ya fuera invierno, verano, otoño…ahí estaba, con sus alas blancas y relucientes. Pero no pudo verla nunca, o eso creyó.
 “Adiós”, sonaba por la mañana y al atardecer. La música salía disparada del saxo.
  El viejo Gurú siempre vivió en la misma calle, en la zona más alejada de los grandes edificios. Donde a veces, el olor hediondo se colaba por entre las bocas de los transeúntes. La refinería, los desagües; poco importaba eso, porque allí no había nada importante, allí  la miseria se comía hasta los rincones de las callejuelas, y hasta las hojas de los árboles. También se comía la sonrisa, y por si fuera poco, a veces, no dejaba entrar al sol…

Pero el saxofón no dejaba de sonar, y la bailarina con sus alas blancas, siempre atenta, justo en el suelo, sentada, dejando que los sueños llenaran la cabeza del hombre, con gabardina vieja, verde botella, y un gorro roído por los ratones…

Pero un día la cabeza del viejo Gurú, ya no tenía sito para guardar nada, porque estaba repleta de todo.


Monticello fue su última y ansiada parada.

No hay sugerencias que coincindan.


 No 

hay

lo que

quizás sin

percatarme

de ello

anduve buscando

durante siglos

Es fácil

morir

o vivir

en un estado

de permanencia

indefinido

Una quimera

un simulacro

No hay sugerencia

que coincidan

a menos

que

yo quiera

que las haya

probablemente

si

pero fue

una explosión

de hermosos

sentimientos



martes, 17 de mayo de 2022

Delicado otoño.

  La calima lo envuelve todo y un torbellino de aire empuja la hojarasca que se amontona debajo del sauce. 

De la chimenea emana un dulce aroma que se cuela por las naricillas de los críos soliviantando sus juegos infantiles.

Hubiera sido una historia maravillosa, pero en el cuarto renglón las letras se escapan del folio
Sólo queda la luz de un candil.


La ira.


 

Juncos.


 Entre juncos

al alba al alba

despierta el sol






lunes, 16 de mayo de 2022

Alisios.


 

Pensamientos,

 


En verdad les digo que si se vienen a lo que más les agrade, si se vienen a por una oportunidad, el cielo se colará por la autopista de sus venas…





Es indigno que hayan personas que suelten sus bravuconadas espantando hasta los mirlos, si los hubieran. Y los gestos de estas, toscos, irritables, alzando las manos y señalando cualquier cosa con tal de llamar la atención…





Suelen algunas personas apoyarse en otras, pero no como soporte de auxilio, lo hacen para joder, así de claro…






Un café para llevar.

Llegó cinco minutos antes a la parada de guaguas. La doscientos treinta y tres. Esa es la línea que la lleva al trabajo cada día. 

Hoy amaneció con el sol acariciándolo todo. 

Aunque el recorrido era el mismo  siempre  había algo nuevo: los colores, los coches, una bandada de pájaros que revoloteaba a baja altura; un grupo de monjas celebra la fiesta de la noche anterior en el Santo Pecado. Ríen a carcajadas. ¿Qué celebran?, se preguntó. Sonrió. 

Las montañas picudas eternas. Una belleza indescriptible.

La calle de San Sebastián. Mítica. Con comercios a un lado y otro. Luego el mercado Nuestra Señora de África. 

Fin de viaje, se dijo.

La calle huele a vida, a lirios. 

Un café por favor-

¿Con una nube?-

Si.







He viajado en un tren,


 He viajado

en un tren

que

atravesó

montañas

y ríos

y páramos

verdes

con charcos 

y sus ranas

y he visto

el cielo

amplio

y precioso

no quiero 

bajar

no

quiero

¿tengo que hacerlo?

Si, dijo alguien



viernes, 13 de mayo de 2022

Espero algún momento



 Espero

algún

momento

volver

a mi muerte

rondando

esquinas

amando la noche

en tugurios

donde la bebida

moje mis labios

y Chet Baker




Luna Azul.

 

Hay una pradera de emociones

en mi páramo

La luz de la Luna volvió

con una historia diferente

esta, no.

Ella se pasea cada noche

por los tejados: descalza, con los sueños puestos

Dijo alguien

Hay una pradera de emociones en mi páramo

La luz de la Luna volvió

es una maravillosa historia dijo alguien

Dame el rojo, me encanta el color.

Se lo llevó en los labios

con una manzana

para el viaje

donde el páramo

donde los tejados

¿Qué?



jueves, 12 de mayo de 2022

Vuelve Kontiki.

 


A mediados del siglo pasado supe que Raúl era familia nuestra. Un primo segundo, que mis padres habían conocido casi por casualidad, en Tabarca, en su viaje de bodas. Fue en una de esas calles que, durante todo el año olía a mar, mejor dicho, toda Tabarca llevaba impregnado el fastuoso aroma del mar; por aquel entonces yo no había nacido, pero ya estaba en camino, mi madre me llevaba dentro: Una preciosa tripita, redondita como un globo. Raúl había sobrevivido a la guerra, había sobrevivido a unas cuantas balas que zigzaguearon alrededor de su cuerpo joven, y delgado. Mientras unos compañeros de batalla se habían dejado las tripas en aquella esperpéntica escena. Llegaron a primera hora de la mañana unos cuantos militares y se llevaron a los muchachos, así, sin más. Quedaron las madres con el silencio en sus bocas, y en sus ojos, detrás de aquellas balaustradas. A Raúl le habían preparado un macuto con dos latas de sardinas y una hogaza de pan, sin tiempo a añadir nada más que fuera lo dicho.
Las botas se las dieron en el barco rumbo a la guerra, porque él llevaba unas alpargatas,las alpargatas que llevaron sus pies desde siempre. Aquellas botas le habían encarnizado la piel, porque no era costumbre llevarlas, siquiera las había visto en la vida; pero terminó acostumbrándose, igual que se había acostumbrado más tarde a matar hombres.
Por aquel entonces, Raúl llevaba una vida apacible, sin más pretensiones, y sin tener un mínimo de interés de salir de aquella isla, además de todo eso, nada sabría más allá de la infinitud de aquel horizonte, que miraba sin ver, y, que se definía perfectamente, como una fina y delgada línea, que separaba el cielo de la tierra.
Las olas lanceoladas rompían en la tapia de balaustres que rodeaba el muelle, cada cual a sus asuntos, esquinas con balcones en floración; calles estrechas y perfumadas de incienso: Costumbres. Aquel espacio en medio del mar es de Yemayá, decía la señora de los corchetes, y de los dedales, y pedrerías playeras.
Pescado frito decía alguien. Pasen y vean, decían otros.
Pero el muchacho subió al barco con pasos inseguros, con los ojos llenos de miedo, él, y unos cien chicos más. Pronto las gaviotas dejaron de seguir al buque, se quedaron revoloteando, arriba, por si algún rastro, aunque fuese nimio, las hicieran bajar en picado enterrando sus picos en el frondoso mundo marino.
A deshora llegaron a la guerra, a unas horas perdidas del tiempo, como si los relojes no existieran.
Pero eso poco importaba ahora, cuando ya habían desembarcado, todo estaría perdido. Vidas que latirían poco tiempo, un tiempo inestimable, pero allí valdría poco, tan poco como una vida.
Las noches frías como témpanos de hielo, envolvían los cuerpos de los muchachos ateridos: Manos, pies, rostros. Quijadas temblorosas, porque el lobo acecha fuera. El espectáculo de la barbarie azotando latigazos de fuego. Aquellas noches que Raúl nunca pudo olvidar, porque las llevaba todas en su cabeza. Porque ya nada tendría importancia alguna después de todo eso, siquiera aquel cura, mala persona, que le guiñaba un ojo cuando era chico. Un cura obeso, un cura molesto y cruel. Las viejas rezando enfrente y santiguándose, para que el párroco les diera el perdón y les guardara el secreto de cuando se deshacían de los fetos; o cuando confesaban la pestilencia de las bocas de sus esposos borrachos, y aún así, tenían que cumplir la vida marital. Hombres rudos llegados del mar.
Hombres cansados, con la piel curtida como el cuero, con las manos agrietadas de la sal. Insomnio, de noches negras y aguas turbulentas. Más que hombres venían como autenticas pirañas, con dientes que se clavaban en las espaldas de ellas, mortificando los muslos, y arremetiendo entre ellos. La sábila caía como una baba y resbalaba en lo pechos de ellas, que, con mucho esfuerzo disimulaban el asco. Por eso recurrían a la iglesia, al párroco que las aconsejara, que les guiara para ser buenas esposas; también por los fetos arrojados al mar, niños que fueron de otros padres, que quedaron en tierra, que no pudieron salir a la pesca por su fragilidad, o, por tener dificultad al andar.
Quedaron los inválidos, para resumir…
De modo que, todo tenía un porqué, y todo era santificado, y resuelto. Así eran damnificadas las esposas que llevaban embriones no deseados; así eran damnificadas, las que recurrían por deseo a la cama de alguna otra.
(Y es que a las personas se las llevan los demonios, y se las llevan los prejuicios. A las personas se les prepara desde chicas para obedecer, para tener que seguir con las costumbres; con las penas de otros, también. Al fin y al cabo, es difícil tirarse al vacío, y abrir las puertas de la libertad. Abrir los ojos y ver claro).
La noche más cruenta fue el día once, en la madrugada. Raúl no dormía apenas, estaba enfermo de los nervios, estaba tullido de pavor, de desesperanza, y las malditas botas, que arañaban por dentro como bichos hambrientos. Cayeron bombas aplastándolo todo, igual que un gigante devastando bosques y casas. Un grito, luego, otro, era uno de los chicos, que de golpe, le desaparecieron las piernas, trozos de piel y huesos esparcidos, como si fueran confetis. Tenía que arrastrarse hasta llegar al desafortunado, tenía que intentar al menos, darle un poco de calor humano, besar su rostro muerto, que sintiera por última vez algún resquicio de humanidad. De modo, que llegó, con dificultad, pero ahí estaba Raúl, pegado al cuerpo sin piernas, pero con un pequeño hálito de vida.
Fue la primera vez que besó a un hombre. Le besó las manos. Le besó la frente, los labios, porque en ellos algo tibio quedaba, luego nada. Lloró lo que quedaba de oscuridad, lloró junto a ese manojo de tripas. Maldijo mil veces, luego quedó dormido por unos instantes, sin saber siquiera qué hacía allí, sin saber el motivo por el que estaba en ese lugar, y porqué moría tanta gente.
Solo el estruendo de las bombas. Aquello no era de Ley, no. Aquello era una tropelía, había que destruirlo todo. Las campanas de las iglesias quedaron mudas, porque el rugir de los tanques, de la gran pirotecnia, solapaba todo, los gritos de los muchachos avanzando entre suelos atestados de rostros desdibujados. Una contemplación de aullidos despreciable.
En algún momento de calma, que no pasaba de unos minutos, o quizás media hora, se evadía para volver junto a sus seres queridos. Quiso imaginar a las gaviotas con giros asombrosos y el modo en que se lanzaban en busca de comida, eso le provocó una leve sonrisa. Se giró al otro lado del camastro: Ahora su madre le regalaba una sonrisa, amor de madre, balbuceó.
Un brote de fiebre le hizo despertar, el frío se lo comía, se había metido los dedos en la boca buscando algo cálido. Pero no había.
Después de todo, una vez acabada la contienda, pudo regresar, vivo, con alguna esperanza para los años venideros. De regreso a sus orígenes: Aspiraría el perfume del mar, de cada ola, de la espuma de ellas cuando se dejaban mecer en la arena. Caminaría por la playa, admiraría el hermoso espectáculo de los rayos del dorado al amanecer. Incluso tenía pensado en dormir en ella, una noche, y otra; trastabillar a consciencia, como si por una delgada línea caminase. Volar como los pájaros, libre y agradecido de poder sentir el pulso en sus venas, en la sien. Podría pellizcarse y sentir ese escozor, que casi da gusto. Le esperaría su madre, su perro Chusco, algún que otro vecino, o vecina del pueblo. La viejita de las chapas y las caracolas y las pedrerías de mar.
En el extremo sur de la isla se hallaba el faro: Un guardián iluminando los caminos del mar, donde se desplazaban los barcos, las chalupas, y el ferri. El farero duraba lo que su salud, y sus años. Luego le seguiría algún hijo, o sobrino. Pero era como ver al mismo siempre. Con la sopa en el cuenco, con los ojos fijos en el mar, cuidadoso de que la mecha de luz que se esparcía más allí de la línea del horizonte. Iría también a visitarlo, recorriendo la escalera de caracol a zancadas, y gritando que ya estaba allí, que la guerra había terminado. !La guerra se termino¡ habría dicho. ¡Estoy aquí farero, estoy aquí,! volvería a decir. Se abrazaron, se conmovieron. El cuenco de sopa saltó por los aires, al ver a Raúl, que aunque con los huesos pegados a la piel, se acercaba contento. Pasaron toda la noche hablando de esto, y aquello. Raúl le contó lo que pudo de aquellos años atroces. Le contó lo que pudo, porque el farero ya no tenía edad para tanta pena junta. A esas edades el sufrimiento y la ingratitud, y el poder para aniquilar a las personas, sobrepasa la mente de alguien que tenga muchos años. Le dejó una estrella de cuatro puntas. No por lo que significaba, era porque se veía hermosa, como si estuviera recién salida del firmamento. La plateada vendría como cada noche y el farero tendría un estrella en sus manos, y sonreiría. Ignorando lo que no pudo contarle Raúl, porque habría muerto de agonía.
Chusco no paró de ladrar y correr, hasta el día de su muerte. Era el perro más bueno jamás conocido. Era Chusco y Raúl, uno solo. Eso le valió al muchacho para poder cerrar los ojos y no tener aquellas horrendas pesadillas…
Mis padres habían elegido Tabarca para pasar su luna de miel. Ellos venían de Madrid. Un Madrid lleno de vida, con coches, a un lado, y al otro de las vías. Con tranvías. Con el jolgorio de las fiestas patronales. Tiendas de sombreros, tiendas de ultramarinos, algún escaparate con la última moda venida de París. Pero en el cielo, una vez que la noche tendía su manto, siquiera se podría atisbar alguna estrella, por muy fugaz que esta fuese. Por ese entonces era raro que las personas viajaran desde la capital, hasta aquella isla rodeada de un mar limpio, que regalaba olas, regalaba espuma blanca. Solo los vecinos nacidos en Tabarca ocupaban el ratio de población.
Y es que a veces las casualidades son casuales, y mucho. Porque mi madre, al cruzarse con Raúl, ya sabía que algún parentesco les unía. Por el modo en que caminaba, con un hombro más alto, que el otro, igual que uno de sus tíos emigrantes a Cuba. Sobre todo, porque la sonrisa era un calco de él. Mamá se sorprendió. ¡Eres tú!, le dijo. Yo soy Raúl, no soy tú, dijo con sonrisa pícara. Ella entendió. Ahora sabía que era el hijo de su tío, tenía que serlo, porque era una copia.
Papá murió en Cuba, dijo Raúl. Yo me regresé, no me gustaba la vida allí. Además mamá no podía estar con nosotros. El día que nos fuimos se me rompió el corazón al verla tan sola, llorando. Volví con unos dieciocho años de Cuba. Fueron cuatro años de duro trabajo, y papá no pudo resistirlo, aunque era joven, la anemia se lo llevó. Duro trabajo y escasa comida.
Pero pude traerme unos ahorros, que solo quedaron para una pequeña chalupa, alguna red, un par de herramientas. Gracias a eso, no faltó algo de comer. El caso es que, mis padres estuvieron en la isla unos siete u ocho días.
Han pasado muchos años de esos aconteceres, ahora recuerdo todo aquello con mucha ternura. Con ilusión. Hace dos días que estoy aquí en esta isla con faro y farero perpetuo. Hoy he visitado la tumba de Raúl y la de Chusco. Hoy pude ver, y oír claramente las historias de él, de cuando la guerra, de cuando de chiquito el viaje a Cuba…
Una hermosa tumba con mármoles, sin flores, con un pequeño crucifijo en una esquina, tallado.
Sin duda a veces los lugares unen a las personas, una unión que en este caso, también era de sangre.
Y yo, aquí esperando a Kontiki. Esgrimiendo hasta la última gota de aire perfumado del mar.


Reeditado.

martes, 10 de mayo de 2022

Puedo ser tu poema.

 


Puedo despertarte en la madrugada,

refrescar tu rostro con el soplo de una brisa.

Puedo sacarte una sonrisa al recordar el primer beso,

y hacer que de tus ojos salgan lágrimas furtivas.

Que la inspiración te lleve y que tu pluma se derrame,

y llene un folio de nostalgias y de mares cristalinos.


Puedo besar tus labios y dejar ese aroma que un día

se quedó para siempre,

enredarme en tus sueños, navegar y llegar a tu puerto.


Puedo encontrar ese tesoro que llevas escondido,

para que escribas todos los versos de amor en las paredes.

Y colarme en tu silencio y saber por qué de repente,

se te acaban las palabras.


Puedo crear un amanecer limpio y brillante y

que nieve después.


Puedo ser tu poema y que suene la música más bella del mundo.


Puedo ser tu poema y hacer que me lleves contigo.


Puedo ser tu poema y dejar que sea primavera, o verano

un duro invierno o un otoño diferente.

Ser una silla confortable y dejar que llenes mi espacio, mientras piensas,

en el poema más hermoso de tu vida.



(Ya publicado pero me gusta y lo dejo aquí otra vez).


:

viernes, 6 de mayo de 2022

Los cirios brillan con una incandescencia tal que parece el Sol.

 

Los cirios brillan con una incandescencia tal que parece el Sol. De modo que una se muere también en Semana Santa. Sopla un aire caliente como si el Cielo se preparase para llorar. Las calles que ando son estrechas, vestidas de esas piedras redondas y brillantes del paso del tiempo.

Ahora la señora Estévez sale de la tienda de sombreros, quizás se haya llevado el más bonito y elegante, eso es realmente lo que una piensa.

Si, es bonito. Lo lleva puesto.

Pero huele a incienso, y a jazmines. Las chimeneas humean, probablemente es hora de comer. Hay una banda de música en aquella marquesina. Es un grupo de jóvenes, menos el señor Domínguez que ya cuenta con muchos años.

La señora Eulalia camina hacia la Iglesia lleva un vestido largo, tanto que le cubre los pies. Me acerco a ella. Entramos al mismo tiempo. Una se sorprende porque admira los retablos, los cuadros, las luces de lámparas, el señor crucificado. (Es tan joven. Tiene un rostro bonito, pero está muerto).

Un gemido de dolor el de la señora Eulalia. Arrastra su cuerpo de rodillas hasta el altar.

¿Una promesa?.

Es un barbaridad eso. Es la culpabilidad, el arrepentimiento. Pedir perdón. Suplicar ayuda.

Rogar por todos los males. Estoy en una esquina y sigo observando.

Es necesario eso, me pregunto.

Para la señora Eulalia si.

Y es que cada cual puede ver la vida como sea que donde hayan nacido se les haya inculcado esto o aquello. Es una verborrea inútil. Las personas sufren por ello.

Fuera se escucha música. Es la banda de la marquesina.

De modo que salgo de la iglesia y me dirijo hacia allá.

El señor Domínguez con la batuta que alza arriba y abajo, izquierda y derecha.

Son movimientos suaves, muy cuidados. Es excelente.

Las escaleras que van a la marquesina están cubiertas de hojarascas. Aquel niño sube y baja varias veces. Y es que es mágico escuchar sus pasos en las secas hojas.

Hay un vaivén de gaviotas surcando el Cielo.

Como si por esas fechas todo el mundo se conmoviese, realmente es así, es una ceguera que en cierto modo proporciona una ignorancia sana.

Las alondras con su trino largo, musical.

La niña tararea algo mientras se columpia, fuera en el patio.

Una no puede dejar de observar, escuchar, opinar.

Todo lo que el espacio ocupa se envuelve de ese olor típico, incluso hay personas que se visten para la ocasión. A las señoras se les realza la figura: mantillas, mitones, volantes.

¡Oh!, pero realmente es agradable todo.

Y el olor se repite en ondas y ondas girando aquí y allá: incienso, jazmines.


Me dejé llevar

por la ausencia”











miércoles, 4 de mayo de 2022

Supe quién era al mirarme al espejo.


Supe

quién era

al mirarme

al espejo

Estábamos todos:

la familia

los perros y los gatos

luego

corrí velozmente

hacia el páramo

sangré las rodillas

y me emocioné

Hoy en día 

me hubiera derretido

de amor

pensando 

que esa sangre

hubiera sido de él




 

Guisantes y alcachofas.

 



Mientras duró la cena no hice más que mirar los colores que llenaban el cuenco, sonreí porque el tiempo volvió atrás durante esos minutos. Giró  un torbellino en mi cabeza y otra vez estaba ahí la pequeña niña con churretes y cabellos desordenados; castaños, libres de trenzas o tirabuzones. Qué bien poder oler otra vez la hierba que se extendía en todo el prado: brotes con lanzas al cielo, muy verdes. Trigales oteando igual que los soldados haciendo la guardia en los cuarteles próximos a nuestro barrio. Qué hermoso poder ver el ramo de perejil que adornaba el rincón del poyo, el potaje preparado en la mesa con mantel de flores y las pequeñas bocas eligiendo qué cucharilla coger. El gran lazo que mi madre llevaba en la parte de atrás de su mandil, a papá cuando llegaba con su chaqueta oliva con cuatro bolsillos. Llegó hasta el olor de la tierra cuando se empapaba de agua cristalina que caía del cielo arrojada por una diosa que yo imaginaba por aquel entonces. Todas las pisadas de mis hermanos recorriendo la casa. Abro los ojos y todo ha pasado, el reloj verde con pinceladas amarillas no deja descansar sus manecillas, igual que el tiempo.

martes, 3 de mayo de 2022

El modo en que puedo permitirme una total ausencia.

  



Ese estado de ingravidez que al contemplar lo cotidiano es lo que siento, es como estar dormida, o ausente. Al esperar en el ceda el paso de una calle cualquiera me otorgo a mí misma eso. En realidad es algo que siempre he padecido.

Mientras, esos segundos de espera en que una se queda mayestática a la espera de que algún vehículo deje que cruce la calle, se hacen toda una eternidad. Es como contemplar una película sin sonidos, es una brisa suave, dulce como un beso que siento confortablemente. De modo que en esos momentos de mudez ante mí surge un gran carrusel: aquel edificio está en obras, hay personas que entran y salen, algunos en la última planta, otros en la acera dirigiendo todo. La tienda de sombreros de la esquina tiene un escaparate precioso: toda clase de abalorios. Los sombreros son como joyas, algunos llevan incrustados pequeños cristales de colores.


La cafetería a estas horas está repleta de gente, toman café, o desayuna. Aquel señor está fuera en un mesa escribe algo en su cuaderno, parece porteño. Es alto, moreno, de unos sesenta años, además bastante atractivo. A veces las personas llevan cuadernos consigo porque siempre hay cosas que anotar: frases, palabras sueltas, o un diario.

Mientras tanto sigo ahí, etérea. Hace mucho que espero, aunque sólo hayan pasado unos segundos.

Hay flamboyanes, son preciosos, copados de flores. Aquella señora sufre, sufre porque tiene el rostro compungido, solloza. Cree que nade la ve, pero yo si. Ese estado de levedad me permite ver todo con calma. Colores, olores, situaciones. Probablemente le hayan dicho que tiene que pagar la hipoteca porque de lo contrario la desahuciarán, o tal vez, es porque el amor de su vida es una quimera, aunque a ella le haya parecido lo contrario.

Quizás es ella la que tiene el problema: esquizofrenia, o es alcohólica. En algún momento en la prensa saldrá la noticia de su suicidio. Una vida vacía. Una lucha inútil.


Siquiera un avión del ejercito con un sonido estrepitoso volando casi al ras conmueve mi cuerpo.

Sigo ahí en otro mundo. Es placentero. Como una criatura en el vientre materno.

Alguien me besa, pero realmente no ha sucedido, yo puedo percibirlo, pero no hay nadie en esos momentos.

El caballero porteño abandona la cafetería y lo puedo ver enfrente espera para cruzar la calle.

Alguien dice que puedo pasar y es en ese momento cuando vuelvo a la realidad.

Nos cruzamos y nos miramos a los ojos, dejamos que se unan las manos con una leve caricia.





lunes, 2 de mayo de 2022

Un patio de flores silvestres.


Aquí

dentro

de mi

hay un patio

de flores

silvestres

..............................

Desde 

que

supe

de él

no puedo

dormir

 

Época de magnolias.

 Nora y Julia contemplaban  el mar de nubes que parecían sostener el Boeing 747. Hacía rato que ya no se atisbaba la tierra, ni el mar, algunos pasajeros dormían, otros leían algo en la prensa; las dos mujeres  compartían todas las sensaciones que iban surgiendo a medida que pasaban las horas. El cielo comenzó a pintarse de un ocre luminoso y las montañas de algodón se tornaban de un color grisáceo y un  halo  se desprendía de la cola del avión y dejaba un largo camino en el cielo, igual que una vereda con miles de pisadas. Dos días antes  habían decidido tomar la decisión de compartir el resto de sus días. 


Permanecieron cogidas de la mano durante casi todo el vuelo; rompieron silencio para hablar de los hijos de una, y, otra. Nando ya tenía casi diecisiete años y Nora cumpliría la próxima semana, doce. Durante la cena comentaron lo buena que estaba la carne ahumada y la ensalada; más tarde, trataron de conciliar el sueño, no sin derramar la misma cantidad de lágrimas.


viernes, 29 de abril de 2022

Nunca serás el lecho que quise.

 Nunca serás el lecho que quise,


ni serás el arroyo.


Nunca serás el pozo de mis deseos,


ni serás el último beso.


Y quise en tu pecho dormir,


por tenerte una vez  vendí mi alma al diablo.


Y quise de esos ojos tuyos tener la cálida mirada,


más siquiera fue. (El tiempo se cruzó entre dos).


Tú aquí, yo lo que fue, el pasado.


María Gladys Estévez.

martes, 26 de abril de 2022

lunes, 25 de abril de 2022

El retrato

 



Cortésmente había posado, no sin su gato, que más que gato parecía una Esfinge. Las patas se aferraban a  la mano de la señora de tal forma que, esta permanecía inmovilizada  hasta que Alterio consintiera.


A ambos lados del canal las casas a esas horas reciben la luz del sol y brillan de tal forma que no sería difícil quedarse largo rato contemplando las fachadas que parecieran emerger igual que Isis; la parsimonia de la señora ante el fotógrafo en cierto modo resultaba agradable a la hora de obtener una buena instantánea, ella ofrecía todo aquello que hubiese sido necesario para recrear un buen retrato al más puro estilo clásico. Tenga en cuenta mi nariz, le dijo. Seguramente debió pensar que unos retoques podrían disimular  las facciones muy mucho, ya que no le agradaba en demasía aquel pico de águila entre sus hermosos ojos azules…

Abacanada, presuntuosa y mal educada la señora Ariel trataba de abstraerse en cada toma pensando en sus quehaceres, y en cada una de ellas un gesto diferente, una postura forzada e irreal, además de tener que soportar las vejaciones de Alterio, sobre todo cuando el felino se orinaba encima del vestido, o de sus vómitos a lo largo de la larga trenza en los momentos en que este regresaba a casa con la panza llena de ratones: babazorro le decía con un despectivo movimiento de cabeza al verle regurgitar y relamer. La segunda Venecia quizás, farfulló  el fotógrafo mientras intentaba mejorar la imagen de la señora Ariel en cada toma, en cada click, si, realmente es de admirar las casas a un lado y al otro resistiendo el paso del tiempo y en cada una de ellas los ventanales parecen proclamas para que estas sean admiradas por visitantes y convecinos, sabía que pecaba de ñangotado, pero había que ganarse los cuartos, y ella, la señora Ariel a lo suyo, con el torso recto, con un rictus extremadamente forzado, de modo que el jornal ganado y la señora contenta de ser inmortalizada…




Has sido tú?


Has sido tú?

de ese

lugar

que el tiempo

quiso fastidiar

maldita sea

maldito sea

no pudo ser

no será

pero no olvidaré

el color de su mirada

ni sus manos blancas

ni su pecho perfecto



 

jueves, 21 de abril de 2022

Una cesta de tomates

 



Por la disposición de la cesta pensaría que los tomates estarían listos para servir. Aliñados en platos blancos, con ajo y aceite. La señora Bernarda entraba y salía de la cocina, afanada, con un paño entre las manos, un paño algo sucio, porque quizás no se limitara a dejar en el fuego una sola olla, probablemente habrían tres fuegos lanzando sus llamas al mismo tiempo. Habría un solomillo en uno de los calderos, atado, con precisión, para que no escapara ninguna hebra que desmoronara el redondo aspecto que una vez cocinado llevaría como adorno un ramillete de perejil troceado. Estaría al acecho removiendo de vez en cuando. Y los otros dos fuegos con sus calderos llevarían trozos de boniatos, y en el último: tocino, verduras, hojas verdes…

Detrás, en el patio, un tropel de sábanas pendiendo mecidas por una brisa de aire fresco.

La discreción de Bernarda a la hora de salir y entrar y de vapulear el paño era nula.

En las casas con cocinas grandes y con una gran ventana que da a un patio de naranjos y una fuente, sobran las razones por las que, y en este caso, Bernarda siquiera conocía lo que significaba ser discreta. Naturalmente que no lo era, tres guisos al fuego, y la felicidad en el rostro de ella. ¿Porqué habría de ser discreta? No renunciaría a ese máximo placer, el de entrar en aquella cocina, y recrearse con los útiles: cacerolas redondas, otras algo abolladas, cucharones, y una larga y bella fila de cucharas y tenedores, y cucharillas, y cuchillos. Y su mandil, de un estampado peculiar, un mandil con figuras geométricas unidas en forma de anillos, cada uno de diferente color.




Pavo al horno.


 La ciudad oscura por el manto de la noche se ve desde lo alto, hay luces que brillan en varias direcciones, esas, son las de los abetos iluminados por la Navidad, por los ojos de los niños y por aquellos que dicen que el amor aparece en Navidad. Ese señor dice que no es amigo de esta celebración, que odia los renos, los abetos adornados como si fueran estrellas, o también a los Reyes Magos en enero. Engulle en la mesa rodeado de otras bocas, quizás no es feliz , quizás lo fue , ayer.

Ayer.



 

te vi

con tu melena

al viento

te vi

nacer

ayer

eras

esa niña

esa chica

y después

esa mujer

voluptuosa

con ganas

de todo

he visto

cómo te 

cortaron las alas

y lloré

durante un siglo

hoy te he vuelto

a ver

frente al espejo

y reías

como lo hago

yo ahora

inmortalicé

el momento

eres tan loquita

que eres tú

por eso eres tú





miércoles, 20 de abril de 2022

miércoles, 13 de abril de 2022

Besos de nata.



Un beso

necesito

un beso

de nata

Zumo de naranja.

 Y sin embargo, ese tramo de escalera de nogal parecía que subía al cielo, porque arriba en la otra planta brillaban los focos de las estrellas y la luna cuando llenaba. ¿Un café? , dijo la muchacha bajita, la otra señora leía un cuaderno de textos emborronados que había rescatado de un viejo baúl de su bisabuelo de cuando luchó en el frente con un puñado más de jóvenes muchachos con fusiles y manos temblorosas, y sintiendo el estruendo dentro de sus oídos, jamás volvieron a soñar otra cosa. Había dejado por unos momentos los folios viejos y tomó aquel café que humeaba igual que la chimenea y que saboreó mientras su pensamiento retrotraía algunas de las múltiples imágenes recreadas mientras leía: un muchacho  que apenas podía sujetar su fusil, otro yacía a su lado con el cuerpo aún tibio y algunas lágrimas se habían secado. El oscuro echarpe de la noche cubrió la primera y la segunda planta de la casa y la envolvió de un púrpura con destellos de los últimos rayos del sol. El desayuno del amanecer pintaba igual que un lienzo el porche porque el sol caprichoso adentraba sus dedos en el. Retomó la mujer las páginas amarillentas de otro siglo y esta vez saboreó cada instante con zumo de naranja y una media sonrisa.

lunes, 11 de abril de 2022

Y me preguntas en silencio.


Y me 

preguntas en silencio

que al mirarnos, tú hoy

yo ayer

hubo un milagro de besos

Pues nada más hermoso

que cruzarse

en cualquier camino

y a ciegas amarse

en un baile

perpetuo 

 

Alguien dijo.


 Maldito

sea

el tiempo

a jugar

me invitó

un día

y yo le creí!

jueves, 7 de abril de 2022

Me apuntas con el dedo !maldito acusador…!.

 

No sirve de nada escribir  me temo que he llegado al declive de mi propia existencia...Cada instante me someto voluntariamente querer abandonarlo todo, esta noche presiento malos augurios, algo ronda en el tejado. LLuna se hace luminosa pero no guiña el ojo, solo quiero cerrar el postigo, quedarme de espaldas y dejar que la traición en forma de puñal se hunda en mi carcasa de huesos...




Me han quitado la vida,

me han dejado desnuda… aborrecida por esta injusta sociedad.

Me han abandonado en un mar rabioso y me he ahogado,

Me han sobornado, y dicen que soy una puta de esas que andan en los bares, trasnochada, roída por el tiempo.

Me apuntas con el dedo !maldito acusador…!

Me han cortado las alas, sacado los ojos, y estoy bajo esta tierra maldita cubierta de lodo, y los cementerios se proclaman la cuna de la tierra…

Mis niños del mundo se mueren de hambre,

Cae lluvia sucia sobre sus cabezas..

Mis niños del mundo son asesinados sin piedad alguna,

Me siento la cadena perpetua que asola al mundo,

Mis niños son manoseados por una iglesia que no representa nada,

Porque no hay un dios en la tierra…

Me han perseguido, azotado, destruido mi hogar con bombas inofensivas…

Han tapiado la libertad, han cerrado las puertas a los pedigüeños,

Los he visto gritar de silencio… he dormido a su lado mientras yo dormía…

Mi mundo es indómito el que llevo dentro,

Me siento un simulacro,

Una escena en medio de la nada,

Me destruyeron la esperanza,

Me colocaron en un palco,

Pero me taparon la boca…

El viento ha susurrado la verdad,

Las palomas no son la paz,

El aire huele mal,

La fronda de un bosque no existe en un cuadro,

Solo el maldito asfalto. Cemento con cemento.

Me siento águila

Con las alas rotas,



Es despropósito la inmensa reja de púas,

Ay el amor.

 Este año les  habían puesto uno al lado del otro, él con su sombrero negro de alta copa, ella con un precioso echarpe. Los dos muñecos de nieve pudieron juntar sus labios, pero fue tanta la pasión y el amor que se prodigaban que se derritieron.

Embriaguez.

 Un rUn rostro se asemeja a una medusa de mármol. (pálido, transitado por múltiples ojos

 

Un aria que llegue  la cúpula para que explosione,

 

 igual que el agua en torrente en una catarata de aplausos.

 

Un todo chisporroteando de epigramas,

 

detrás de bambalinas, ella. (ahogando su propio río)

 

 

Me castigué de rodillas en el asfalto


Me castigué

de rodillas

en el asfalto

doblegué

mi espalda

miedo

temor

ansiedad


 

Después el silencio, la rabia.


 

Han llegado las mariposas.


 

miércoles, 6 de abril de 2022

De los placeres.


 

Bessie Smith.

 




¿Y qué me dices de ese sol de mentiras?.


¿Y qué me dices de ese sol de mentiras?

callar

callar

Ella

se

fue

igual

que

la Luna

se esconde

detrás del Sol


 

De los placeres.

 



Sentirse abrazada con un cruce de miradas, resplandece el sol. Supura el deseo…

Jazmines en los tobillos, el velo se desprende y cae a la Baluch roja, el cuerpo se contonea son las ondas de arena del desierto, son pechos dorados que ahora se besan con la suavidad del mejor de los afeites, se desliza la lengua zigzagueando y bordea la areola bronce, un gesto, placer, la alcazaba se cubre del gris plateado de la tarde, rezuman los cuerpos, gota, a gota, el abrasador deseo, brillan los muslos, delicada piel, el roce de las manos de él hasta llegar a la fronda del helecho, huele a azahar. Se agita el cuerpo tendido, vuelve un beso al ombligo donde reposarán las gotas de él como un oloroso perfume. El rags baladi comienza, la pelvis es una serpiente que vibra, acercando aún más los labios, la lengua, susurros, pliegues de piel encontradas y acariciadas, un devenir de dos.

El recreo de sus juegos se ralentiza, palmo, a palmo, un gemido se escapa de ella, otro beso, y otro, y otro, Shhhhhhhh... con la palma de la mano cubre los labios sedosos, sigue la celestial danza, ahora suspiros, ahora gemidos, ambos cuerpos agonizan, se cruzan las piernas, el sudor es la saliva de ambos, cimbrea el ombligo, ese poso de virtudes. Es arrollada, embiste él, y se deja, se deja y aprieta, ya están unidos, se aviva el fuego, los brazos embellecidos de brazaletes se tienden en cruz, y vuelven para rodear el meloso placer de él, embiste, embiste y ella agoniza con él dentro, ahora rasga la baluch sus manos no pueden estar quietas, y no quiere, no quiere. Atenazados, amordazados, llega el clímax, se unen los labios se regalan los placeres, las lenguas, y otro clímax…

martes, 5 de abril de 2022

La Rémora.

 


Una

rémora

parecía

a cada paso

que daba

y seguía ahí

viviendo de ella

alimentándose

de ella

de sus

pertenencias

ahora iría pegada

a su

espalda

y

el sentimiento

que

eso

provocaba

era

subyugante

un castigo

desde

que

vino

a

este

mundo











Ballade pour Sophie

Ballade pour Sophie

Se habían despedido el mismo día en que se encontraron, solo que, ninguno de ellos lo sabría hasta pasado unos años, en que, l...