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viernes, 22 de marzo de 2019

Imaginar





Pasear entre las páginas de un libro, un libro de cuentos: Caminos aquí y allá.
Entre caramelos de café se había envuelto, como cuando una mano hubiera acariciado.
Ahora una hermosa higuera, ahora, un tornado de estorninos. Una nube gandula sonríe.
A la izquierda juegan unos niños, cada uno con su cometa, la brisa es propicia.
Un ejército de hormigas desfila en el borde filoso, quizás algún trozo de pan de la merienda, quizás, entre líneas, e imágenes fosforescentes. ¡Qué revuelo!
Chocolates, duraznos, fresas, en aquella otra esquina ¡Qué bonito!
Aquí es donde se pliega el papel : Un castillo azul, un puente, malvaviscos,¡ esponjita!
Arboledas. Un río pequeño que fluye, con sus peces y todo,¡ si hasta parecen de verdad!
Huele a cotufas. Un mastín ríe a carcajadas. Un búho duerme. Aquella carpa habla mientras recorre las aguas, algo sabrá, algo querrá decir.
Hay dos percheros. Son de la ropa de la bruja, es muy ordenada. La escoba, justo allí, en la parte derecha de una página, la siguiente página. ¿Cencerros? Si, lo llevan aquellos corderos, pero el perro guardián les ha desprovisto de ellos, porque los corderos deben ser libres, muy libres.
¿Falta una página? Si, pero mañana, ahora sale la luna. Hay una luna grande.







martes, 19 de marzo de 2019

Ondas







Y se habría despertado con el mismo sueño de siempre. Un piano en medio de aquella sala. Una habitación, ni tan grande, ni tan pequeña, con las cortinas púrpura ondeando por la brisa, que con sus dedos, no dejarían de acariciar el terciopelo.
El incesante ruido de la fuente en el patio, como un chisporroteo de luces que se mecen, una y otra vez, al fluir el agua, ese ahogo de bienestar, que se propaga alrededor de la casa. El chip, chip, de un acuoso mundo dentro de una pileta, tan bellamente expuesto en el terrazo.


Un sigiloso topo rasgaría las vestiduras de la tierra, donde los plantones de rosas esperaban resurgir, este hallaría el modo de atravesarla con una maestría, que sin duda alguna, obraría el milagro de la naturaleza. De modo, que amén de todo eso, el ulular del viento sería grato para los que, en la noche no pueden conciliar el sueño, o eso creen, por querer inspirarse al mirar por la ventana, y ver, los abatidos lirios, y, aquel naranjo que en vaivén se inclina varias veces, luchando por quedarse inmóvil, plagado de fruta olorosa. Alrededor la calle vacía. Siquiera alguien, que se dignara salir. De manera que, habría un silencio angustioso de pasos aquí y, allá. Porque es justo la hora esa de la madrugada, en que, la quietud de las personas pesan, porque dormitan como si una muerte súbita se los llevara por unos instantes, para luego volver, y quizás acomodarse en alguna postura más placentera.

Como quiera que las horas de la noche tienen el color gris adornando los tejados de las casas, sobreponiéndose a los rayos del sol, hay ondas, que en todo momento sobrepasan el límite, que ningún humano pueda percibir, siquiera ser conscientes del estado, en que se podría revelar su materia, algo, que de momento pueda ser tangible, pero que, como una fusión, se pueda volver intangible.


Quiso hacer un café corto, para poder seguir sintiendo todas esas sensaciones, esos ruidos de la naturaleza, la quietud que sentía en el pecho, sobreponerse ante tanta belleza nocturna. Siquiera se habría dado cuenta que sus pasos sonaban como cuando algo cae al corcho,o a algo mullido.

Pero se detuvo. Un sollozo en la antesala hizo que retrocediera. Salió de la cocina y se acercó sigilosa hacia la persona que lloraba, tapando su boca con un pañuelo, por no gritar. Se quedó sentada a su lado para consolarla, pero siquiera advirtió su presencia, siquiera dijo nada, un desconcierto grande la hizo reflexionar el porqué. Dado que enfrente, justo enfrente se hallaba un cirio y luego, otro, y otro, y como la joven no dejaba de llorar; ni caso alguno al querer consolarla, se acercó más hacia el foco de luz de los cuatro cirios, pero sus ojos salieron de las órbitas, sus manos frías temblaron, y no pudo gritar, no pudo: Ella, con un sudario y un rosario, en el sarcófago, plácidamente dormida, esperando la desaparición de su cuerpo.













domingo, 3 de marzo de 2019



Piano y Cello, y sueños

Hace mucho que no paso por el camino de las Mantecas. A veces me duele pensar que la casa sigue ahí. La fachada maltrecha desde que las puertas, y ventanas, quedaron cerradas. La madera reseca, sin color. Se quedó olvidada. Pero los recuerdos se quedaron, dentro.
La hilera de balaustres sigue en pie. De lado, a lado.


Por aquellos años se veían las enredaderas, los jazmines, rodeándolos. Qué perfección de la naturaleza, y es que, el amor lo envuelve todo, es todo tan puro. Ellas se entrecruzaban, se daban la mano, y poco, a poco, los colores eran protagonistas. Alguien barría la azotea cada mañana, y los claveles en los macetones agradecían, que, aquellas manos divinas les diera la  vida, con el cazo de agua. Pero todo era silencio, calma, como cuando la mar se aquieta en un sueño profundo, como cuando una madre canta una nana.
Mañana iré, si, iré a verla. Besar con mis dedos las ventanas tristes, la puerta sin vida.
Iré, porque antaño fue el hogar más bonito que he conocido. Como si una bandada de mirlos siguiera, detrás, en el patio. Un patio con un banco, y una pileta para la ropa.
Y verlos, cada cual con sus cosas. El potaje huele bien. La vitrina de la entrada, los cuadros de retratos, de rostros jóvenes, con sonrisas de hambre, de asentir por el miedo. No fueron tiempos fáciles, no lo fueron. El gran dictador era aquella nube negra que acechaba.


Mañana, iré, si, iré y besaré las ventanas con mis dedos, y la puerta, y el pomo, que no quiere girar, no quiere.










miércoles, 23 de enero de 2019

Fluctuaciones




Soy un barco a la deriva,
porque huelo junto con los tablones,
un almizcle, que sin saber, fluye,
en el borde una ola,y otra ola...
Inquietante pasión y fervor me tengo,
por las pesadillas, o sueños, que al final,
serán lo mismo, quizás.
Quizás porque de unas, a otros, paso sin muro alguno, solo un visillo, que apenas se divisa, al no ser que mis dedos jueguen con el.
Porque el infierno no es ni tan infierno,
cuando se cruza mientras duermo aquella historia, que al contrario de lo que piensa la gente, supura una llaga, que es de necesidad, una llaga que grita y suplica,
una risa, una caricia, porque el infierno, no es ni tan infierno, al sanar la piel en los huesos, nace limpia la segunda piel, y se ondula como aquel céfiro del oeste, es suave seda...
Carola necesita descansar llenando su boca de opio,
porque el infierno, no es tan infierno.
Que del llanto pueda surgir el más bello abrazo, ese es el final, el propósito es de ley que yo quiera ruido,
grito, remolinos de olas; hasta ese ombligo,
el cual, he de beber el blanquecino lago.
Por eso Carola necesita descansar llenando su boca de opio...






jueves, 17 de enero de 2019

Ballade pour Sophie





Se habían despedido el mismo día en que se encontraron, solo que, ninguno de ellos lo sabría hasta pasado unos años, en que, la distancia, o la falta de interés, o quizás la cobardía, apartara de ambos el dulce almizcle que día a día los iba envolviendo, atrapados en una tela de araña cristalina, con luces maravillosas, las mismas que solo los amantes pueden ver en un nadar insaciable de caricias y de besos...

Detrás de la reja, las hojas lanceoladas de algunas plantas, y un rosal extremadamente glorioso, un color púrpura, que casi lastima por su belleza, componen un jardín cuyas atribuciones por su cuidados eran múltiples, por ser especialmente zona de tráfico transeúntes. La casa permanece inmutable, imperecedera, como si los dioses la hubiesen bendecido, con el musgo que resbala como una babosa buscando su lugar de reposo..
Una sola noche pasaron juntos, una, entre tantos, y tantos días, y meses; pero fue esa noche, una vida entera, unas horas, que se hicieron una amalgama de lana entrecruzada, como cuando alguien teje, y teje, sin parar: Cuerpos desnudos abrazados, palabras mutiladas, porque las miradas lo decían todo, un mar de amor, las gotas de él en la fronda olorosa.
Lenguas que circundan el cielo del paladar, separándose y volviéndose a encontrar, son dos remolinos carnosos abrevando al mismo compás. Los muslos de ella ahora relajados, con un placer intenso que, unos minutos antes, le había provocado un clímax, como cuando una gran hola se precipita a las rocas, estallando en mil pedazos los pequeños cristales de agua. Ahora duermen como si hubieran dejado de respirar, plácidamente.

Como quiera que aquella noche fue una vida entera, hasta llegar a la vejez, como quiera que los días de quereres se marchitaron, y quedaron en el paso del tiempo, pero vivos en la memoria de ambos, aún queda el perfume del rosal púrpura, como un adagio, algo imposible de olvidar, un camino de tortuosos pedregales, pero aún así sembrados de miles de cartas, alfombrados por cada beso, en la distancia…
Entonces la muerte no es nada, cuando se ha vivido un solo capítulo de aquellos que se amaron entre el silencio de miles de cartas...

martes, 4 de diciembre de 2018


No sé qué hago sentada en este borde filoso,

Sino pensar que valgo poco por estos caminos,
de perfecciones, de maravillas ocultas por el cinismo..


Los restos de mí se hallan en un lugar atrevido,
donde el péndulo no deja de oscilar,


Los restos de mí no se ocultan detrás de columnas falsas,
porque si yo quiero ser una loba, soy una loba,
no tengo que tapar mi piel con la del cordero..


No sé, no sé, qué hago sentada en este borde filoso,
sino pervertir.me ... Fumar carcajadas de humo,
con un sombrero rojo, desnuda, si, queriéndome,
alborotada, loca de rabia por tener la facilidad de poder tocar
un cielo, solo con mirar-te..


Me he ahogado,
se ha parado mi corazón mil veces,
pero soy una mujer que acostumbra a sentarse
en este borde filoso,
con las tetas libres, con los pies desnudos,
con un trozo de chocolate y cromos, por si se me olvidan los
días de niña..
Soy un descaro y qué libre cuando lo grito...



María Gladys Estévez.


lunes, 26 de noviembre de 2018









Quién eres tú, que permaneces ahí, sentada en ese banco, con la lluvia mojando -te.
Recordando-te . Dijo.
Como un diluvio se vinieron tus letras, 
y yo mojada de agua besé cada una de ellas...
Qué haces ahí callada y tan años? No sé , dijo.
Recordandot-te.
Eres un piano y tu música acaricia mis pechos,
y siento que me bebes.... A estas alturas de mis siglos,
Yo no soy de este tiempo,
porque no veo ese juicio que alguien dijo,
no veo esas guerras,
Me empecino en vivir en las ramas, igual que los pájaros, libre.
Eres como la heroína para mí, dije.
Qué vives? , mi propio yo, dijo.
Y como un diluvio se vinieron tus letras,
y yo, en otra vida mojada de agua, de tu boca,
morí, morí...
Ni los cuchillos, ni la espada,
yo no soy de este mundo,
solo mírame...
y en lo profundo de mis ojos,
las mil vidas que me han llamado a la puerta...
Qué haces?- Verte, dijo. solo verte...



María Gladys Estévez.

Imaginar

Pasear entre las páginas de un libro, un libro de cuentos: Caminos aquí y allá. Entre caramelos de café se había envuelto, c...