jueves, 1 de junio de 2017
viernes, 12 de mayo de 2017
Hay una vacante
Le
atrajo mucho el anuncio, y es que con estos tiempos que corren el
mejor de los regalos a mi entender, es tener un empleo. Tomó nota
del número de teléfono, y de la dirección correcta en que tendría
que acudir para entregar su informe curricular…
Le
habían dicho que la plaza que ocuparía tendría buenas vistas al
mar, y que lamentablemente la persona que la había ocupado hasta el
momento, había fallecido.
Anatolio
trabajaba hasta altas horas de la madrugada, gracias a él la empresa
obtenía unos resultados impresionantes, alcanzaba unas cuotas en el
mercado muy generosas.
Él
se desvivía por la empresa, sobre todo, porque el jefe le premiaba
dos veces al mes con un viaje y todos los gastos pagados, incluido
hotel, y todas las comodidades: Caprichos, etc.
Lo
que nadie sabía es que Anatolio propinaba un día sí, y otro no,
palizas a su esposa, quizás por el mero hecho de sentir placer o
simplemente porque era un hijo de mala cosecha. Pero Arminda, un día,
se cansó, no de las palizas, no de él, se cansó de ser cobarde, de
sentirse poca cosa, de modo que, actuó, así, sin más. Como cuando
los forajidos se enfrentar en la misma calle, con las pistolas
puestas, con las botas bien lustradas, y disparan mirándose a los
ojos, alguno cae en la arena, con la mueca repelente y los ojos como
globos de rabia…
Un
veintitrés de noviembre encontraron el cuerpo, retorcido, de rabia y
de muerte.
miércoles, 10 de mayo de 2017
De olvidos
El
zapato derecho, en el pie izquierdo, y una magnolia en el pelo.
Sonríe ante el espejo redondo con marco de bronce, en el pasillo…A
veces se vuelve,
Escupe
en el bordillo de la baranda que llega a la azotea, con la cara de
pilla, con el pelo negro como la pez; con las manos arrugadas y
resecas. Como una niña traviesa escupe a las cabezas de las
limpiadoras. Lavan la ropa en la piedra, le regañan. Sonríe.
Ella
recorre el pasillo hasta el final, donde el patio, y vuelve tras sus
pasos, una y otra vez, varias veces al día. Esa pared de recuerdos:
Retratos; un mar azul con olas; cuadros aquí y allá. Hay una mancha
en la esquina, cerca del techo; ella se fija y sus ojos se abren
sorprendidos, parece una luna, se dice, o quizás un farol de aceite,
vuelve a decir…A veces la mancha es redonda, otras, con aristas,
pero es una luna o una lámpara de aceite...
Se
ha olvidado de los geranios, se ha olvidado de comer. Se olvida. Pero
llega al fondo del pasillo: El patio de geranios, con la silla a un
lado, y los dedos del sol que se adentran, por la mañana, por la
tarde. Gotea una lágrima, gotea otra, de sus ojos, pero sonríe,
pero no sabe bien lo que sucede. Los niños están en la cocina con
mamá y las voces se le antojan pinzones azules, en aquel árbol de
su memoria, de bajo de la gran roca, las casitas, blancas, con
tejado; corren a verla, expectantes por si se gira, por si los
conoce, algún gesto, un guiño, algo que haga que ella abra los
brazos, para todos.
Pero
no, nada, siquiera el pequeñito le es conocido, lo besa, pero no hay
mueca; en su boca, hay silencio.
La
llevan por la avenida, y cruzan la calle, a la tienda de sombreros,
no quiere caminar, pero la llevan de la mano. Aquellas personas se
sorprenden, al verla sonriente, con el mandil verde, de flores.
La
papilla le sale por la esquina de la boca, es un hilo de baba que
recorre el cuello, el pecho, y se queda en su regazo, como si fuera
un tesoro, pero es una pasta sosa, sin color, sin sabor. Pide pollo,
pero nadie le da, siquiera un pedazo, ella lo ha visto, en la mesa,
es dorado, con purpurina.
En
el lomo de las sardinas hay un montón de pequeñas estrellas, sonríe
porque es divertido, no sabe de donde vienen, pero le gustan.
En
el techo de la habitación aparecen de vez en cuando luminarias. No
quiere dormir hasta que no se van.
Estas
recorren casi toda la habitación, se deslizan por las paredes.
Tienen pequeñas alas transparentes, y algunas se escapan por la
ventana, cuando los postigos están abiertos.
Y
tampoco quiere dormirse hasta que la tela de araña deje de
balancearse…es un precioso jersey, con adornos, pero aún le falta
la sisa, seguramente falta hilo, se pregunta.
Mientras
duerme, sueña con el barranco, con la gran roca. Un inmenso piélago
de estrellas, arriba, en el cielo. Corre veloz como un potrillo, con
las trenzas negras y dispares, con los zapatitos roídos. Los
almendros en flor, la comida en la casa: Gofio, papas barqueras,
mojo, atún. El agua fluye desde la montaña, los cabritillos corren
para abrevar. Los surcos en la tierra llenos de semillas. Los sueños
de niña, el futuro.
Pero
nadie sabrá, lo que ella soñó, la noche anterior...
lunes, 24 de abril de 2017
Se abre el telón
Se
abre el telón
El
primer día te comen los nervios, si, si, te comen literalmente; y es
que, cuando una se halla en el escenario, no solo te comen los
nervios una sola vez, no, no, no. Todas la veces que tengas que salir
e interpretar, dar vida a un personaje, cantar, gesticular..
Afortunadamente
aquel bichito que te comía las entrañas desaparece, se esfuma igual
que el humo de un cigarrillo. Unas horas antes ha habido un pequeño
ensayo, eso apacigua algo el momento en que te ofreces en cuerpo y
alma para que el personaje que llevas dentro resurja y tú, te quedas
a un lado, en silencio. Pero antes de eso hay que vestirlo, hay que
maquillarlo, hay que darle vida, eso es algo maravilloso. Una vez que
hayas dispuesto a tu personaje, te miras al espejo y créanme señores
y señoras, que quien sonríe o llora en esos momentos, ya no soy yo,
no, es ella, o él : Una dama arrogante; una señora misteriosa que
proviene de los bajos fondos, o del más allá. El caso es que pasas
a un segundo plano, porque tu personaje tiene, si se lo propone, alas
para volar. Una vez, una jueza me guiñó el ojo, si, si a mi. Estuve
sin poder pestañear unos segundos, porque allí, el espejo, estaba
ella, guiñándome un ojo con un desparpajo impresionante…¿Soy
yo?, Me dije. Soy yo, me dijo la jueza, seria, y al mismo tiempo con
cierto descaro.
¿Le
he hablado del camerino?, no creo que no.. pues el camerino es el
refugio de los actores, de los cantantes, de los mimos, etc..
Es
un cálido lugar en el que una se siente acogida, protegida. La bolsa
en el suelo, y en las perchas: las capas, los tirantes enormes; los
sombreros; el vestido de lentejuelas; el habito; la toga y demás
vestuarios...que desean tu cuerpo, desean tus ojos, tu voz , tus
manos, tus piernas, toda tu piel; pero ¡oh! el camerino, en cierto
modo, parece como si una estuviera en casa, tomando un café,
mientras prepara los accesorios , con delicadeza, con mimo. El atrezo
está dispuesto entonces…
¿Quieren escuchar la historia de
Nora? Nora no era yo, era ella, Nora; una vez que la vestí, y, una
vez que la maquillé mirándome a la cara frente al espejo.
Hace un tiempo tuve que crearla a
ella, a esa señora que moría en los brazos de un caballero: La
escena fue poco motivadora diría yo. Pero si fue expectante, y algo
aterradora. Voy a tratar de recordar al personaje: No era enjuta,
para nada, no tenía el pelo largo, no fumaba; eso si, era el animal
más bello del mundo. Pero no era Julieta, ni era Lady Macbeth, era
¡Nora! Si, era ella, la mujer que en su castillo, en el sótano,
guardaba miles y miles de cabezas humanas, cabezas con pelo, sin
pelo, y calaveras con las cuencas de los ojos como cuevas roídas por
el tiempo, o por las ratas. Su siniestro castillo se hallaba en lo
profundo del mar y no en una colina, ¿Curioso, no? Pero así es el
mundo de la magia del teatro. Me encantan los guionistas, los que se
atreven con casi todo, son personas venidas de otro mundo, o eso
pienso yo, claro…
Nora desbastó una ciudad entera de
cabezas. Todas las cabezas de todos los señores: Las cabezas de los
panaderos, las cabezas de los abogados, de los que gestionaban la
política de aquella preciosa ciudad, y un sinfín número de
personas dedicadas a sus menesteres…
He de reconocer que fue un papel
impresionante. Tuvieron que pasar unos días para poder convencerme a
mi misma que Nora era ella. De modo que, un día un caballero le
quitó la vida, pero antes la sedujo, y cuando ya la tenía en sus
brazos le clavó un puñal justo en el corazón, se lo partió en
cuatro mitades, pero el infortunado caballero, aún en el mismo acto
de hendir el puñal, ya se hallaba desprovisto de su preciosa cabeza;
!qué brillante era Nora¡ qué inteligencia la suya de asesina. Él
también murió, claro está...
viernes, 21 de abril de 2017
Regresó.. mi vida, mi alma,
por esa puerta entró mi hijo, de mis entrañas...
te quiero, te quiero, te quiero, le dije: abrumador pensamiento, Te dejé nacer, me dejaste ser madre de ti..
con los ojos, mis ojos, de niño rubio pelo dorado,
Regresó mi vida... mi alma...
Mi niño está aquí, en casa, otra vez...
Te amamanté, te quise sin tú nacer, te quise ya, te quiero siempre...
Mi niño está aquí, en casa, otra vez...
Un hombre, un niño..
miércoles, 5 de abril de 2017
Momento mágico
Dicen
que cada cual ha de descubrir su momento mágico. Dicen, dicen, y
dicen bien, porque a mi lo que en realidad me gusta es dejarme ir a
cualquier sitio, dejarme caer y romperme los huesos y ser un
diamante rojo, o una inmensa mariposa blanca y sonriente y feliz ,
feliz, del todo...
No
me gusta hablar de la magia como el poder de destruir, de avasallar de someter, adoctrinar a un mundo entero. El poder negativo de la
magia lo dejamos para otro día. Por cierto acabo de acordarme de
Merlín que, según la leyenda, fue engendrado por un demonio y por
una monja. ¿Menuda mezcla no? A saber cómo emplearía su magia el
hombre, ¿no les parece?
Me
gustaría charlar con alguien, por ejemplo, hoy, que es un día
propicio para ello, no solo por el buen tiempo:" un sol espléndido
que asoma travieso tostando las narices de cada cual". Me gustaría
una de esas largas tertulias, de esas que, al fin y al cabo son las
que, en mi opinión pueda caber la dichosa magia y es que cuando
hablamos de esto o aquello disfrutando de alguna copa, o porqué no,
simplemente de un agua como ahora se denomina, un agua con limón. En esos momentos lo que quiero es morirme de risa, yo lo que quiero es llevar una
pamela roja y volverme loca por la vida.
Quiero llorar también por
la cruel vida, por mis malos momentos, si, si, eso llorar… llorar
alto para ser escuchada. Porque eso de llorar en silencio es de
cobardes, aunque se empeñen en decir lo contrario: “la valentía
de una persona es llorar en silencio, es enjugar las lágrimas, tener
una aparente calma ante las adversidades” De eso nada. Yo quiero
patalear, quiero estar una semana en la selva y danzar de un lado a
otro agarrada a una liana y tener como mejor amigo a un simio… Quiero vagar en un antro rodeada de canallas, sorber el mejor whisky,
ese que hace que se ponga roja la garganta, un buen whisky seco, sin
más. Que me tengan que echar de allí, aunque se me olviden los
tacones, aunque las medias estén rotas,magulladas por el deseo…
Yo
lo que quiero es amar a Van Morrison, que sus tragos sean los míos
también. Llevarme una escalera y visitar a Janis Joplin y besarla,
y abrazarme a ella, como si fuera yo. Y bajar juntas al
infierno y quemarnos de tanto pecado, de tanto derroche… de bajar
otra planta más, y enredarnos entre la raíces más bonitas, las que
llevan toda la melaza de la vida dentro…
Quiero
se culpable de ser loca, porque si, porque ya son bastantes los que
se han sentido culpable por nada, yo quiero ser culpable de fumar
porros, de ahogarme en los jugos de un amante. Quiero morir mil
veces, porque es tan revolucionaria la forma que he elegido de vivir,
que siquiera tiene barreras.. y es que la vida es revolución, la
vida es eso que te quema por dentro, la vida es una preciosa
putada...
viernes, 10 de marzo de 2017
Llegué
a casa, los gatos dormían y los mirlos
se acurrucaban en las ramas del drago, y el algún cardón...
Un
puntapié, y la puerta ya estaba cerrada. Pero aunque ya me había deshecho de
esos malditos y preciosos tacones aún quedaba la falda de tubo y la blusa con
lazada, y las medias. Y las ganas locas de una ducha caliente, una ducha de
esas que acarician cada centímetro de la piel y se hace un río que lame el
rostro, y casi fustiga la cintura, la espalda, los muslos y más...
Borracha
de todo me vine, me vine con las ganas de alguien que no quiere desaprovechar
siquiera un instante de loca vida; de parlotear esto o aquello. Una copa, otra,
una mirada, otra. Un gesto... mmm un, gesto. J...
Me
senté, y las medias se deslizaron como cuando las gotas del rocío recorren la
hoja, verde, húmeda... acariciando y cayendo al suelo, hasta posarse en la
baldosa perlada de cuadros negros...
Recogí
mi pelo con algunas horquillas, luego bajé la cremallera de la falda, treinta
centímetros de cremallera roja: Se quedó en el diván llena de lentejuelas, unas
blancas, otras negras. Abrí las piernas y bostecé, el cansancio ya me podía,
igual que me podían las copas, el humo, el ruido, la música de aquel saxo; y los labios de él, gruesos, y su
mueca, provocativa, qué manera de hacer música , más que música, diría
yo..ummm... J
Quise
terminar de desnudarme, quería
relajarme, el corazón aún palpitaba, inquieto.
Casi
me arranqué la blusa, salió volando por la habitación y graciosamente quedó en
la esquina de la ventana, me pareció una bandera ondeando, me hizo gracia,
sonreí, pero el hipo me provocó una tos absurda, tomé agua.
Luego
me tumbé en el diván, ¡qué gusto! ¡Qué paz!... Jugué un rato moviendo los dedos
de los pies, como si fueran esas
mariposillas diminutas que revolotean alrededor de un parterre, sonreí. J..
Aún
sentía el latido de aquel mordisco en mi cuello, palpé, sangraba un poco, pero
eso me gustó, al fin y al cabo yo desayunaba, comía y cenaba con ese río
púrpura en una copa; y es que a veces sucede que, los instintos son como lobos
hambrientos, lobos que buscan su presa para devorarla, una manada de ellos
agitaba mi pecho, devoraban por dentro todo el fuego, todo el deseo, las
burbujas en mi estómago hervían como la lengua de lava de un volcán; una lengua
que recorría todo mi cuerpo, calcinándolo, en breve moriría, pero renacería y
sería para siempre, como siempre. Sabía
que pronto amanecería, pero seguí en el diván admirándome: Una visión bella
contemplar un cuerpo incorrupto: Una pradera hermosa... un ombligo como un
pozo... qué lástima tener pequeña la lengua... L
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Ballade pour Sophie
Ballade pour Sophie
Se habían despedido el mismo día en que se encontraron, solo que, ninguno de ellos lo sabría hasta pasado unos años, en que, l...