martes, 17 de agosto de 2021

Una señora con aires de grandeza.

 


No acostumbro a entrar si no hay clientes. Eso dijo la señora con el sombrero en forma de alas de mariposa. De modo que pasó de largo, y del brazo de señor Girardot. En realidad había sido un pretexto, porque su voluntad hubiera sido entrar y llevarse uno, o dos, o tres sombreros; oler la tienda, recrearse ante el espejo. Sentirse afortunada por tener una cabeza tan bien hecha, como si adrede fuera un molde que se ajustara a toda clase de sombreros. Desde el día en que le dieron la bendición en la pila de bautismo destacó por su preciosa cabecita cubierta por el gorro más bonito de la comarca…

La señora muy consentida por casi toda la ciudad cambiaba de sombrero, cada día. La noche en el casino del día ocho de abril había bajado de un coche negro y elegante, alguien le había dado la mano para ayudarla; un ala del sombrero se enganchó de la parte alta de la puerta del coche, siquiera se percató de ello a no ser que el propio Girardot advirtió preocupado con unas señas, con la idea de que la señora reaccionara a tiempo antes de verse en el mayor de los ridículos. Pues la proporción del sombrero semejaba al de una gran nube en forma de estrella de cinco picos. Además de todo eso los encajes que llevaba alrededor culminaban casi en sus rodillas.

La extravagancia rezumaba por cualquier adorno que se pusiera en la cabeza. Tocados, gorros, sombreros: las plumas tan largas como las alas de un águila imperial; los encajes de bolillo de colores variopintos; y cuando el tul adornaba era como estar dentro de un gigante mosquitero. Girardot siempre a su lado, su fiel servidor. Los halagos por parte de él la llevaban a los altares del orgullo, como si en realidad fuera una diosa del Olimpo.

Girardot permaneció junto a ella hasta su muerte. Fue muy astuto. .

viernes, 13 de agosto de 2021

Soy una esfinge.



Soy una esfinge 

mutilada de siglos,

mi contrato se acaba.

La sed de mis días,

ha cedido.

He navegado entre mares 

revueltos.

Una copiosa lluvia de dardos,

se clavaron en mi ojos.


Soy como soy.

Yo no soy de este mundo,

de retales.

Soy una vagabunda

libre.

Aquel nenúfar será mi

descanso.




 

Opresión, cipreses, oso de peluche.

 


Es por decir algo, por entablar una conversación. Quizás en algún momento quiso que pasara. Ahora ya no sería de su interés.

Para llegar a la casona había que recorrer un largo camino no sin resaltar la belleza extrema de la arboleda a un lado y otro. Y cuando los autos se detienen esperando que abran la portada de hierro forjado: un bello enrejado.

Una vez dentro hay dos cipreses flanqueando el portalón. 

Las visitas son diarias, exceptuando los viernes. 

Sonrió, e incluso una lágrima se escapó cuando le entregaron un paquete envuelto con un lazo azul intenso.  No se preocuparía por doblar el papel ni guardar el lazo azul intenso. Lo único que quería es ver lo que se escondía en el interior: un oso de peluche, un pintalabios; una pistola de descarga eléctrica.

El oso de peluche salió volando por la ventana, el pintalabios lo usó para escribir un poema en el cristal del baño: "Qué pretende el sistema que corrompe todo.

Qué hago aquí no quiero,

estar atada, anclada.

hundida como un barco.

Aplastada toda.

Se cosió mis labios.

Se durmió mi alma"


Por entablar una conversación volvió a decir, sólo eso.




jueves, 12 de agosto de 2021

 «Más, hallé por azar aquella estela de letras abotonadas de inquietudes y relatos, que los tinteros parecen tener vida.


Diría pues más que eso, que llevan siglos pastando letras, versos trotando anclados en las hojas, en las paredes de cualquier muro,

de graffiti escritas palabras y resonando por costumbre , aquel que se deje llevar a tragos como el buen vino, apuesta los duros con tal de dejarse llevar, apuesta hasta los sueños por querer parar un rato a contemplar un tintero y una pluma de inquietudes pespuntes en los folios.


Como una mosca se muere ahogada en la miel, se quedó una naufraga tallada de antaño.


Más no era sirena, no era Afrodita.

Era más bien un pasajero tiempo venido de otra época por si en algún instante fuese advertida por sus ojos al mirar, por una palabra, quizás un verso perdido.


Más dijo: os juro si aún se escriban tales versos en esa otra vida, hallare el mismo camino anclado al tiempo olvido, por reencontrar y yacer entre mariposas, en la esbeltez del trigo.»


María Gladys Estévez.


Las manzanas son para siempre.

 

Recapitulemos dijo Aurora. Es hora de sentarse y hablar, volvió a decir. Porque hay temas delicados, mucho. 

De modo que comenzaron a disertar, no sin antes tener la mesa con los desayunos preparados: panecillos, mermelada, dulce de membrillo, mantequilla; café, jugos.

Pero la cuestión no fue definitivamente acertada: la guerra lamentablemente es una fiera que devora todo.

Como quiera que Aurora fuese la primera en exponer su opinión, como quiera que los demás la escucharan atentamente, la situación no era para nada agradable.

!Ah¡, la guerra, dijo Alfonso mientras tomaba café y trataba de darle un mordisco al panecillo con mantequilla.

Lo dijo como si estuviera cansado de escuchar eso: la guerra.

El hartazgo en realidad era general para todos, a nadie le agrada vivir en guerra. 


Quiero más café, ¿Alguien puede?


-¿Qué?


- Sírvete tu mismo-


Bueno, bueno haya paz, dijo alguien.


¿Pero estamos en guerra si, o no?



 

Algún día será, puede ser que sea.

 

Algún día podré

entrar en sus sueños,

mientras transcurre 

la medianoche.

Algún día podré

despertar de mil noches

soñando que sueño.


Apoyada en mis recuerdos,

mordiendo una manzana.

Soñando que sueño,

tarajales, cañaverales.


Y ahí justo ahí y entre

nenúfares seré la dama 

dormida. Desde ahora. Sin latidos.

miércoles, 11 de agosto de 2021

Silencio sepulcral.

 



Seguramente el contraste de un cielo limpio, azul claro, difiere mucho con el comedor social donde son muchas las personas que esperan por un plato caliente. El patio es inmenso. Aquel grupo de hombres están sentados en el suelo, pienso que el valor y la valentía al enfrentarse a una vida, que en esos momentos no es grata, les lleva a tomar esa postura: con la cabeza gacha esperando limosna. Sin embargo los rayos del Sol iluminan todo el patio en mil destellos que a su vez rocían los rostros tristes. La dignidad no debe perderse nunca. Aunque haya que ir a por alimentos.


Durante unas tres horas no salió ni un vocablo. El silencio abarcaba todo.


Un ejecutivo que se hallaba entre ellos, y en un momento determinado, dijo que el día era espléndido sólo eso, luego el silencio. Le limitaron a observar a las mariposas revoloteando aquí y allá. Incluso entre ellos, en el corto espacio en que estaban separados. Se posaban en sus narices, levemente. Pero no había respuesta solo silencio. Era como una roca inmensa sobre sus espaldas haciendo que estos se hundieran más si cabe en el terrazo.


Si, el día es precioso respondió alguien.


Todos miraron y alguno de ellos con una leve sonrisa, muy pequeña, como si por su incapacidad de ganarse la vida se les hubiera prohíbo un montón de cosas.


Cuando entraron en el comedor se sentaron con el mismo silencio. Esperaron con una falsa tranquilidad por la comida, siquiera se miraban a la cara.


El rancho está muy bueno, dijo uno de ellos, con un trozo de pan en las manos.


Pero nadie miró, nada dijeron.


El ejecutivo asintió mientras devoraba aquel manjar de dioses.


Si, realmente el día está precioso y la comida excelente volvió a decir.


Pero la roca seguía sobre sus espaldas, siquiera podrían pensar lo afortunados que eran.




Ballade pour Sophie

Ballade pour Sophie

Se habían despedido el mismo día en que se encontraron, solo que, ninguno de ellos lo sabría hasta pasado unos años, en que, l...