Siempre

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Siempre

jueves, 18 de agosto de 2022

África fue como un sueño, pero maldito…

 



Después de que sufriera la picadura de la serpiente encendió un cigarro, y supo que iba a morir. Se alojaba en una casa bonita, quizás algo más lujosa que las que habían alrededor. Acostumbraba a andar con los pies desnudos, con una blusa sin botones y un roído pantalón de manchas oscuras…

Ese día el desayuno se compuso de leche de camella, de albóndigas de pollo, y un poco de queso duro y ácido. Vivió en la aldea veinte años, de los cuales, cinco, estuvo grave a causa de la mordida de un león o leona, nunca lo supo. Celebró muchas navidades con sus amistades, y con una tía loca que visitaba el continente cada vez que se acordaba.

Pero la vida y las circunstancias hicieron que terminara de ese modo. Con el vómito anegando su pecho, con las manos frías, con los ojos de demonio maldiciendo a semejante mala suerte y cabronada.

Ha vuelto de regreso a su tierra, pero ahora es ceniza…



miércoles, 17 de agosto de 2022

Soy una sombra.

 

Soy una sombra

errante

un día

cubierta de piel

y huesos

llegué a soñar

cuando descalza

y desnuda


deposité

mi cuerpo

en la arena

negra

Y quise ver

si eran sus huellas

y se me antojó

que eran

ese racimo de uvas

que son sus labios

y su pecho tibio

quise que fuese 

mi refugio

Anduve de esquina

en esquina

en las madrugadas

dejé que mi cuerpo

fuera besado

enterito

el alcohol 

hizo que fuera 

feliz

por un tiempo

Luego más tarde

ya ni me importaba

ir sin bragas

Y vuelvo

a desear...

y vuelvo


 





martes, 16 de agosto de 2022

Silencio.


He gritado en muchos

silencios

nadie se ha percatado

siquiera yo

Me he escuchado

soy un raro espécimen

a veces debajo de la almohada

dejo lluvia

otras, besos.


 

viernes, 12 de agosto de 2022

El encuentro

 




Las gotas de sangre acabaron en el vestido. El alfiler se había clavado en la mano profundamente , tanto, que quedó en la superficie la perla irisada.


Dorotea perdió el color de la cara. Perdió el sentido, casi. El tren devoraba árboles, campiñas enteras, y ella apenas si podía levantarse del asiento y caminar por el pasillo para ir al servicio.


El vestido manchado y el rostro sin color. Se abstrajo por unos minutos aguantando aquella tortura de los demonios porque enfrente se hallaba él, lo primero que le había llamado la atención fue su boca, carnosa. Luego recorrió su torso y terminó donde los dioses degustan uvas dulces y llenas de licor.


Renunció estoicamente la decisión de ir al servicio para aliviar el espantoso dolor, porque el alfiler seguía ahí, torturando, anclado a su piel y profundamente hendido.



No lo pensó y ella misma lo arrancó de un tirón, luego la sangre se encaprichó en dibujar en sus muslos: parecía un tatuaje.


Se quedó sentada y abrió las piernas soportando la agonía, pero insistiendo para llamar la atención de él. Y lo consiguió, porque ahora ya no sentía pena alguna, siquiera se acordaba del maldito alfiler. Aquella boca carnosa besó el rio púrpura y la lengua sin riendas se había ido justo al centro y no paró hasta la próxima estación.


Se despidieron. Él, en el andén, ella, sentada, con la perversa sonrisa...





.




miércoles, 10 de agosto de 2022

Situaciones cuando llueve intensamente.

 




Hoy llueve intensamente, llueve sobre los tejados, en la plaza. Llueve en el mar.

La señora de la gabardina verde se ha caído, y se ha dañado las rodillas, que ahora sangran.

La observo desde mi ventana. Llora y se refugia en una marquesina.

Me pregunto quién será, cual es su nombre. Qué vida tiene. ¿Actriz?, ¿Escritora?. Tal vez.

Hoy pretendo escribir un relato pero la inspiración no aparece, seguramente se ha esfumado bajo los corales verdes, donde las hadas.

Pero claro está, que también puede ser la dueña de la tienda de sombreros que está cerca de aquí.

Está decorada con un gusto muy elegante. Hay sombreros de todos los modelos. Sólo para señoras.

Hace unos tres años compré uno. Tiene un lazo azul marino y la cinta a juego alrededor.

Es curioso que una se detenga ante la ventana porque llueve, y se observa el acontecer diario. Aquellas palomas se amontonan alrededor de la mendiga que esconde sus pies debajo de la capa.

El Teide lleva un sombrero. Es por eso que hay tormenta. Envuelto su pico de una gran nube.

Claudine teje y teje. Es una bufanda multicolor. Nada hay que la distraiga, de modo que sigue con la labor. Se refugia debajo del porche, canta una nana. Una y otra vez.

Se me antoja ver cómo caen grandes gotas de agua que son bolas cristalinas, y cuando llegan al piso rebotan. Y así durante largo tiempo.

Tomás toca el piano. Tomás tiene noventa años. Estuve hace mucho tiempo enamorada de él.

Detrás de esa piel arrugada hay otra, y otra, y otra, hasta que como capas de cebolla se puede ver a un joven alto y guapo. Vivió su juventud en otra isla. Fue a la guerra.


La mendiga se ha ido y las palomas también. Pero no deja de llover.

La bufanda de Claudine es cada vez más larga. Ha llegado hasta la marquesina donde la señora que se dañó las rodillas.

Ella también se ha ido.

Un batiburrillo surge en la entrada del edificio, es un grupo de amigos que charlan esto y aquello. Mientras no deje de llover permanecerán ahí.


Suena el teléfono, pero no tengo ganas de atender. Otro día será, me dije.





Me hubiera gustado mucho tenerlo aquí con este maravilloso día de lluvia.

Pero también se fue.

La última vez que nos vimos fue en un viaje que hicimos a París.

Te espero en el andén cuatro, me dijo.

Él es como el día y la noche. Es una barca que navega libre. Es chocolate negro para mi boca. Es un día nublado, la niebla que rodea es él.


Suena el teléfono de nuevo. Ahora si, quizás sea él.














Ballade pour Sophie

Ballade pour Sophie

Se habían despedido el mismo día en que se encontraron, solo que, ninguno de ellos lo sabría hasta pasado unos años, en que, l...