martes, 20 de julio de 2021

Las persianas se hacen alfombrtas.

 

 El soplido del viento hace que los árboles de la plaza se bamboleen como un vals en una fiesta. Las persianas se hacen alfombras que, como la señora Moli agita en el aire para retirar el polvo, con ese pelo rojizo que la caráteriza.

Los mirlos, gorriones, y tórtolas entre la fronda esperan a que amaine, alguien dijo que habría un gran temporal. Con el ceño fruncido el señor del estanco  había escuchado. De ninguna manera penso, es una exajeracíón cuando las personas inventan historias, y van más allá de todo se produce una desconexción, y se confunde lo real y lo irreal, dijo. De modo que siguió con sus queahceres, claro está que habríría el estanco y dejaría revistas y prensa adornando la fachada. Pondría un banqueta como todos los días, porque no había dia ni hora en que Mauro González lo visitara. Charlaban largo rato.

Mauro Conzález tomaba mate, y volvía a contar historias de cuando joven en Argentina. Aunque añoraba su tierra ya hacía muchos años que vivía en  Liberty City. 

En otoño las hojas caían como pequeños  diamantes, delicados, amorosos. Alfombraban todo. De modo que el ocre se acentuaba con pinceladas amarillas.

La señora Moli como cada día se acercaba al estanco a por alguna revista y también café. Mauro Gonzalez vendía café, también puros de la Habana. 

Titi Moli le decía amigablemente el estanquero, quédate un rato más Mauro González no tardará en venir, tomará mate y nosotros café. Si, claro que si, replicó la señora Moli. Hablaron del viento que había agitado la noche anterior árboles y persianas, del modo en que las hojas caían y dejaba una gran colcha de patchwork.

Definitivamente Liberty City es una ciudad encantadora, aún con el viento, que no temporal dijo el estanquero.

Charlaron tanto que se les olvidó todo: sus quehaceres, recados.

Pero quedó la amistad. Quedó Liberty City, y Argentina.


 

 


 

lunes, 19 de julio de 2021

No será el tiempo el que cubra de olvidos mi recuerdo.

 

No será el tiempo 

el que cubra de olvidos,

mi recuerdo.

No será el tiempo

el que haga frenar la deseada

caída al precipicio.

 

Será el tiempo el que anclado

se quede, como un barco

despúes de la tormenta.

 

Ahora y antes, otra época.

 

 A veces cuando una observa las montañas y el valle cree escuchar el eco de otro tiempo, de gente que ya vivió allí.

El transcurrir del tiempo ha esculpido cada roca, los caminos llevan miles de pisadas. Las casas más antiguas áun conservan el estilo: fachadas de piedras. Hay costumbres que no se han perdido: en las puertas cuelgan ristras de ajos. Los habítantes más viejos se persignan varias veces en el día 

De modo que una se adentra en esa otra vida. 

Los puestos de verduras y frutas, la iglesia de piedra negra y cristales de colores, los transeuntes aquí y allá. Los caballos, los carros, la música de la taberna; los buenos bebedores de  Whisky.  El chapoteo de los niños en el barro. A los ladrones se les castiga en la plaza: azotados hasta que sangran sus espaldas, o también condenados a duros trabajos, algunos son fusilados en el acto.

El olor nauseabundo sobre todo de los hombres cuando regresan de caza, o de algún enfrentamiento con los otros pueblos rivales, se cuela por las narices, por eso las mujeres tienen que cubrise el rostro, y más aún cuando alguno de ellos se acerca a algún puesto para comprar queso y pan.

Ahora el sol se esconde, y poco a poco, el manto gris de la noche cubre todo. 

Es una escena interesante: vidas que ya no están, pero que poblaron el mismo sitio de los que ahora habitan el lugar.


Le dije que si cuando me preguntó si podía darle un bollo, pero desapareció, o quizás fue la imaginación. Nunca se sabe.

   

jueves, 15 de julio de 2021

Como cuando noviembre chirría cuando la lluvia cae a torrentes.

 
Como cuando noviembre chirrìa, cuando la lluvia cae a torrentes
por las sólidas paredes se adentran las manos de agua...

Un violín hace eco y retumba más que el trueno, más que los aplausos
de unos pocos absurdos gentiles...

Como cuando noviembre viene y se queda en los retratos sepia, que aún,
permanecen colgados en la misma pared de musgo, de años...

Háblame, no dejes de hacerlo... sienteme que me llego aprisa a tú. Háblame, aunque sean
dos líneas de odio, de rechazo...

Como cuando noviembre chirria, cuando la lluvia cae a torrentes...

El remanso de paz se hace abrazo.

 El sol en su infinita venevolencia surge timidamente en el horizonte. Los lobos salen de las madrigueras para cazar. Esos instantes en que comienza un nuevo amanecer son como las sagradas escrituras. 

Ahora se hace un trazo en el cielo, blanquecino.

Los sauces se valancean, hay una suave brisa recorriendo sus ramas. Los pinzones azules, los gorriones revolotean buscando algún gusano, por entre las ramas al suelo, luego vuelven. Algunos al nido donde los polluelos. Hay una danza magistral: es la natura. El horizonte toma color y es ocre con puntos de luz aqui, y allá. El remanso de paz se hace abrazo.

 


 

miércoles, 14 de julio de 2021

Por los siglos de los siglos.

 


Por mucho que lo hubiera deseado al final, había acabado como los demás. Él provocaba una atracción incontrolable. Lamia no pudo más que hacer lo que debía; tendría  su cabeza junto a las de los demás en la bodega del castillo. Ella mataba con solo mirar si se lo proponía; era la señora de la noche, la reina de lo oscuro, de lo maldito. Pero la desgracia de ese hombre fue encontrarse con Lamia en una de la tiendas del centro comercial. La prensa había difundido la noticia cuando encontraron el cuerpo decapitado en su propia cama. Sus miradas se cruzaron en la charcutería y luego más tarde en la tienda de zapatos. Se había sorprendido verla allí y más aún contemplar como se probaba unas botas de fino tacón, se quedó embobado al ver sus piernas y, luego aún mas, cuando estas se abrieron de tal modo, que Lamia se acomodaba y calzaba las botas con una sonrisa, como si en verdad corriera por sus venas la vida.
 
Se horrorizó al verla cómo hendía en el tobillo de la dependienta uno de los finos tacones y luego relamía la sangre, de tal modo que ningún dolor siquiera hubiera sentido la muchacha,  sólo él habría visto la escena.
No supo que la tenía en su cama hasta que despertó, y allí estaba Lamia deseando su presa, mirándolo con sus ojos negros y jadeando igual que un perro salvaje. Su sexo derramaba un río fluyendo, igual que un torrente de lluvia. El  lamería una y otra vez ese incontrolable caudal, lamería esa cueva indómita del demonio. Parece que fue ayer cuando la noticia salió en los periódicos más relevantes de la ciudad; pero, en realidad hace ya más de dos siglos, se dijo, mientras observaba la seda que cubría el techo de su cama...


TEXTO REEDITADO.

¿Quién llevará la yunta?

 

Es despertar en lo difuso

es una despedida allí,

en ese abismo.

 ¿Quíen llevará la yunta?

Yo, me dije. (pero soy intangible).


Es despertar en lo difuso

por creer que fue verdad,

se volaron los sueños.


Es una bruma que envuelve

acercando- se a mí,

mayestatica estoy, (frente al espejo).

 

Ballade pour Sophie

Ballade pour Sophie

Se habían despedido el mismo día en que se encontraron, solo que, ninguno de ellos lo sabría hasta pasado unos años, en que, l...