Llueve con fuerza, es medianoche, y está oscuro. Mi auto se detiene, probablemente le falte combustible.
Con fascinación, observo, como mi busto ha crecido enormemente y se desborda por falta de espacio. -Me gustan: son preciosos, juntitos y bien formateados, pensé-.
Estaba realmente exultante, deseosa, frívola. Por mis venas corría la sangre silbante, como un torrente salvaje y sin freno.
Un silencio había irrumpido; pero al instante, se escucha: Dancing in the dark, de Chet Baker.- No sé que pasa, dudo que sea mi mundo, quizás no es real, -me pregunto.
Decido salir al asfalto, una gélida brisa envuelve mi cuerpo. Alguien muerde con ahínco mi cuello desnudo. Por unos momentos pierdo la consciencia y cuando despierto, me encuentro de costado, en la parte trasera de mi coche. Ahora, además de mis voluptuosos pechos, poseo unos enormes colmillos blancos y relucientes. Desde entonces duermo de día, y despierto en la noche, llena de vitalidad.
martes, 7 de febrero de 2012
sábado, 4 de febrero de 2012
Terciopelo negro
Cada noche, ella, toma su baño en un ceremonioso hacer. Una tina dispuesta y perfumada la espera a la misma hora. El líquido elemento que la ocupa es transparente como el cristal. Su cuerpo dispuesto, se refleja duplicando su esplendor. Extendido, envuelto en velo de cristal, pide ansioso la posesión carnal. Sus suaves manos abrazan la dulce textura, se deslizan buscando el placer del instinto. En el crepúsculo silencioso, la incandescente alcoba, es testigo fiel, de dos cuerpos hermosos que se comen a bocados. Fuera la brisa gélida, se mezcla con la humeante bocanada de la chimenea. Se arropa con fino paño de terciopelo negro y, la fémina se arrodilla en la alfombra turca de finos hilos dorados. Nadie la ha visitado, y, sin embargo cuando la oscuridad ejecuta la luz del sol, retoza acompañada
viernes, 27 de enero de 2012
En éste lado de mi otra vida
En éste lado de mi otra vida
En ésta orilla, mi otra mitad.
En éste lado de mi otra vida,
Puedo soñar, puedo sentir aún teniendo muerto el corazón
Puedo ver la otra cara, su otra mitad,
De mi camino al andar, de la música de mis pasos,
Puedo sentir el palpitar, aún teniendo muerto el corazón
En éste lado de mi otra vida
Un azul inmenso me abraza, abrazos de un rorcual
Que en su gigante andar, me mece en el mar.
En éste lado de mi otra vida
Puedo un poema escuchar, y en voz alta recitar,
Que vida hay más de una, y es la otra mitad.
En ésta orilla, mi otra mitad.
En éste lado de mi otra vida,
Puedo soñar, puedo sentir aún teniendo muerto el corazón
Puedo ver la otra cara, su otra mitad,
De mi camino al andar, de la música de mis pasos,
Puedo sentir el palpitar, aún teniendo muerto el corazón
En éste lado de mi otra vida
Un azul inmenso me abraza, abrazos de un rorcual
Que en su gigante andar, me mece en el mar.
En éste lado de mi otra vida
Puedo un poema escuchar, y en voz alta recitar,
Que vida hay más de una, y es la otra mitad.
miércoles, 25 de enero de 2012
La siega en Verano
De negrita que era parecía que procediera de otras tierras-Parece Chola, murmuraban los residentes. Su cuerpo flacucho se mostraba salpicado según en qué días, de unas molestas pupas que encontraban alivio gracias a los ungüentos que su madre con cariño, empapaba, y depositaba en su frágil figura, una noche si, otra no.
Carmen fue una niña algo tímida, y pocas veces sonreía. Su pelo negro como la pez, sus piececitos igual de negritos, y entre sus labios, perlas blancas parecían sus dientes; algo enjuta, por la escasez de alimentos de una larga posguerra.
En las tardes de verano se formaba un grupo de criaturas que correteaban de un lado a otro, como si supieran que las horas y los días de juegos infantiles terminarían, y con ellos sus inocentes miradas.
Dando voces se decían unos a otros- ¡la ciega, la ciega en la era!-Acudían en bandadas, como los pajarillos. Los campesinos dispuestos, comenzaban la trilla, tardes calurosas, y cantos de agradecimiento.
Uno a uno formaban una fila, todos querían girar y girar subidos en la plancha de madera que con ayuda de los bueyes, formaba diferentes círculos, triturando el trigo. –¡Yo quiero ser el trillique, yo quiero ser el trillique!, chillaban.
Carmen terminaba sentadita y sonriente, admirando como luego aventaban la paja, y veía caer el bálago, como una lluvia de estrellas brillantes.
De negrita que era parecía que procediera de otras tierras..
Carmen fue una niña algo tímida, y pocas veces sonreía. Su pelo negro como la pez, sus piececitos igual de negritos, y entre sus labios, perlas blancas parecían sus dientes; algo enjuta, por la escasez de alimentos de una larga posguerra.
En las tardes de verano se formaba un grupo de criaturas que correteaban de un lado a otro, como si supieran que las horas y los días de juegos infantiles terminarían, y con ellos sus inocentes miradas.
Dando voces se decían unos a otros- ¡la ciega, la ciega en la era!-Acudían en bandadas, como los pajarillos. Los campesinos dispuestos, comenzaban la trilla, tardes calurosas, y cantos de agradecimiento.
Uno a uno formaban una fila, todos querían girar y girar subidos en la plancha de madera que con ayuda de los bueyes, formaba diferentes círculos, triturando el trigo. –¡Yo quiero ser el trillique, yo quiero ser el trillique!, chillaban.
Carmen terminaba sentadita y sonriente, admirando como luego aventaban la paja, y veía caer el bálago, como una lluvia de estrellas brillantes.
De negrita que era parecía que procediera de otras tierras..
domingo, 1 de enero de 2012
El visillo verde
Pasaba la mayor parte del tiempo sola, hilando palabras. La oquedad de sus días, tras el visillo verde.
sábado, 31 de diciembre de 2011
Sueño despierta
Escucho la emocionaba música,tumbada en el suelo junto a la pequeña chimenea , que con alguna dificultad logré enceder. Escucho emocionada la música, y me pierdo despierta en un desierto de luces y de arena fina y soy libre. Escucho emocionada la música , la música que por fin oigo desde mi corazón. Hoy no me importaría tenerte y amarte toda la noche.
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Irene
En la habitación un silencio sordo, en la cama postrada, ella, con su calidez. Entre sus pálidas manos lleva un rosario perlado que alguien unos minutos antes había confiado.
Unos suspiran, otros lloran y, la luz de los cirios en la blanca pared dibuja volubles siluetas angelicales. Fuera de la estancia, a través de la ventana vestida de tules negros, las ramas del olmo blanco, arremeten contra el ventanal, queriendo entrar en la alcoba, y arropar con sus hojas el cuerpo inerte de Irene.
Ella era la primavera, la mujer alegre que dejo mecer en brazos amorosos su cuerpo candente, vivo, tierno. Esa noche, esa misma tenebrosa hora, Irene exhaló su último aliento, el viento cesó, y un perfume a lirios inundo la estancia.
Había muerto la mujer y se incorporó el Ángel que sutilmente se alejó, y, allí quedaron los avenidos, rezando plegarias, sin saber que Irene se había convertido en lo más precioso, en el más bello y sereno ser.
Unos suspiran, otros lloran y, la luz de los cirios en la blanca pared dibuja volubles siluetas angelicales. Fuera de la estancia, a través de la ventana vestida de tules negros, las ramas del olmo blanco, arremeten contra el ventanal, queriendo entrar en la alcoba, y arropar con sus hojas el cuerpo inerte de Irene.
Ella era la primavera, la mujer alegre que dejo mecer en brazos amorosos su cuerpo candente, vivo, tierno. Esa noche, esa misma tenebrosa hora, Irene exhaló su último aliento, el viento cesó, y un perfume a lirios inundo la estancia.
Había muerto la mujer y se incorporó el Ángel que sutilmente se alejó, y, allí quedaron los avenidos, rezando plegarias, sin saber que Irene se había convertido en lo más precioso, en el más bello y sereno ser.
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Ballade pour Sophie
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Se habían despedido el mismo día en que se encontraron, solo que, ninguno de ellos lo sabría hasta pasado unos años, en que, l...