Siempre

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Siempre

viernes, 26 de agosto de 2022

Nadie sabe.

 El cielo se hizo abrazo

¿Dónde está la verdad?.

Aquí, allá.

Soy forastera

en mi tierra

Multitud de voces,

plegarias, son plegarias.

Ese abrazo se hizo amor

Ve y recoge sus pequeños

cuerpos.

Ya no tienen la teta.

Muertecitos están.

¿Dónde está la verdad?.

El cielo se hizo abrazo

dame mil para acunar.




















Nadie sabe.


Dame esa copla

que la quiero, a dormir

con ella. Para siempre.

Tanto que dar y tanto

tanto dice aquel señor

poco dice la señora

Nadie sabe. Asoma 

un angustioso esperar.

Esperar de Lunas y mares

la fronda acecha,

detrás de los lobos.

Dame esa copla

para dormir la quiero.

Lobos y corderos

la piel va cambiando.




Niña dime.


Acaso el mar te acuna

acaso tus manos

dibujan el Sol.

Si, yo también

acuno tus sueños

como si una ola

besara tus pies




Gaviotas.


Alas para volar, dijo la señora.

En el malecón esperan,

y también sobrevuelan

la lonja, y el mar.

¿Quién podría?.

Dijo alguien.

Volar, volar, volar.














jueves, 25 de agosto de 2022

Diluvio. Infringir. Alguien se dijo: asesina. Tengo que no tengo. Folios en blanco.

 

Diluvio


Todas la noches se vuelven sueños,


Un mar se derrama dentro, de lágrimas,


Un atizar de terribles granizos...




Infringir


La ley bastarda que mata a los estados,


La falsa omnipresencia de un Dios,


promesas, promesas: un techo sin estrellas...




Alguien se dijo: asesina


En la oscura y silenciosa habitación,


De mesita negra con una tetera,


En el suelo la boca llena de pastillas para morir...




Tengo que no tengo


Desnuda el alma,


por descubrir nada.


Aflicción, derrota, miedo...




Folios en blanco



Superpuestos, uno a uno,


dentro la sangre molida de mis labios,


cuando suelto un grito, cuando se haya boceando un múltiple,


orgasmo...

miércoles, 24 de agosto de 2022

Mis ojitos esmeralda.

 


Tuve la suerte

de estar 

cosiendo horas

contigo

mis ojitos esmeraldas

mi risa perdida

tuve la suerte

 de estar

 

martes, 23 de agosto de 2022

Una cesta de tomates

 



Por la disposición de la cesta pensaría que los tomates estarían listos para servir. Aliñados en platos blancos, con ajo y aceite. La señora Bernarda entraba y salía de la cocina, afanada, con un paño entre las manos, un paño algo sucio, porque quizás no se limitara a dejar en el fuego una sola olla, probablemente habrían tres fuegos lanzando sus llamas al mismo tiempo. Habría un solomillo en uno de los calderos, atado, con precisión, para que no escapara ninguna hebra que desmoronara el redondo aspecto, que una vez cocinado llevaría como adorno un ramillete de perejil troceado. Estaría al acecho removiendo de vez en cuando. Y los otros dos fuegos con sus calderos llevarían trozos de boniatos, y en el último: tocino, verduras, hojas verdes.

Detrás, en el patio, un tropel de sábanas pendiendo mecidas por una brisa de aire fresco.

La discreción de Bernarda a la hora de salir y entrar y de vapulear el paño era nula.

En las casas con cocinas grandes y con una gran ventana que da a un patio de naranjos y una fuente, sobran las razones por las que, y en este caso, Bernarda siquiera conocía lo que significaba ser discreta. Naturalmente que no lo era, tres guisos al fuego, y la felicidad en el rostro de ella. ¿Porqué habría de ser discreta? No renunciaría a ese máximo placer, el de entrar en aquella cocina y recrearse con los útiles: cacerolas redondas, otras algo abolladas, cucharones, y una larga y bella fila de cucharas y tenedores, y cucharillas, y cuchillos. Y su mandil de un estampado peculiar, un mandil con figuras geométricas unidas en forma de anillos, cada uno de diferente color.



Levedad.

La infinitud 

duerme.


 

viernes, 19 de agosto de 2022

De mis noches.

 


Llegué a casa a media noche, los gatos paseaban por el tejado y los mirlos se acurrucan en las ramas del drago, y el algún cardón...

Un punta pies y la puerta ya estaba cerrada. Pero aunque ya me había deshecho de esos malditos y preciosos tacones, aún quedaba la falda de tubo y la blusa con lazada, y las medias. Y las ganas locas de una ducha caliente, una ducha de esas que acarician cada centímetro de la piel y se hace un río que lame el rostro, y casi fustiga la cintura, la espalda, los muslos y más.

Borracha de todo me vine, me vine con las ganas de alguien que no quiere desaprovechar siquiera un instante de loca vida, de parlotear esto o aquello. Una copa, otra, una mirada, otra. Un gesto...

Me senté y las medias se deslizaron como cuando las gotas del rocío recorren la hoja, verde, húmeda acariciando, y cayendo al suelo, hasta posarse en la baldosa perlada de cuadros negros...

Recogí mi pelo con algunas horquillas, luego bajé la cremallera de la falda, veinte centímetros de cremallera roja: se quedó en el diván llena de lentejuelas, unas blancas, otras negras. Abrí las piernas y bostecé, el cansancio ya me podía, igual que me podían las copas, el humo, el ruido, la música de aquel saxo y sus labios, gruesos, y su mueca provocativa, qué manera de hacer música, más que música diría yo.

Quise terminar de desnudarme, tenía ganas de dormir, de relajarme, el corazón aún palpitaba, inquieto.

Casi me arranqué la blusa, salió volando por la habitación y graciosamente quedó en la esquina de la ventana, me pareció una bandera ondeando. Me hizo gracia, sonreí. Pero el hipo me provocó una tos absurda, tomé agua.

Luego me tumbé en el diván, qué gusto! Qué paz!... descolgué una pierna, y la otra, en lo alto del sillón. Volví a bostezar. Un mosquito revoloteó y se pegó en uno de mis pechos, me picó, !dios si me picó! Pero le di tos tortas y fue peor , porque me la pillé de lleno, y grité, tanto que la luz de la ventana de al lado se encendió, la cortina estaba echada y pude verlo, al vecino, sonriente, lascivo, con una mueca en sus labios para nada despreciable...















Ballade pour Sophie

Ballade pour Sophie

Se habían despedido el mismo día en que se encontraron, solo que, ninguno de ellos lo sabría hasta pasado unos años, en que, l...