A contemplar quédeme
de esa luna pilla
un guiño
otro
otro
y se fue
nada más
Ni más quiños
ni más besos
A contemplar quédeme
de esa luna pilla
un guiño
otro
otro
y se fue
nada más
Ni más quiños
ni más besos
Vuelvo al lugar
en que todo fue sueños
los ojos de niña se iluminaban
siempre. Era un tiempo que
se quedó para siempre.
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Siempre y para siempre, me dije
cuando entré y leí sus poemas.
Y es que me gusta tanto……
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Mezo en mi corazón criaturas del mar
que se quedaron ahí en el fondo
y es que es tan horrible.
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Vuélvete
y dime
si me llamas algún día
Eres tú?
No?
Cortésmente había posado, no sin su gato, que más que gato parecía una Esfinge. Las patas se aferraban a la mano de la señora de tal forma que, esta permanecía inmovilizada hasta que Alterio consintiera.
A ambos lados del canal las casas a esas horas reciben la luz del sol y brillan de tal forma que no sería difícil quedarse largo rato contemplando las fachadas que parecieran emerger igual que Isis; la parsimonia de la señora ante el fotógrafo en cierto modo resultaba agradable a la hora de obtener una buena instantánea, ella ofrecía todo aquello que hubiese sido necesario para recrear un buen retrato al más puro estilo clásico. Tenga en cuenta mi nariz, le dijo. Seguramente debió pensar que unos retoques podrían disimular las facciones muy mucho, ya que no le agradaba en demasía aquel pico de águila entre sus hermosos ojos azules…
Abacanada, presuntuosa y mal educada la señora Ariel trataba de abstraerse en cada toma pensando en sus quehaceres, y en cada una de ellas un gesto diferente, una postura forzada e irreal, además de tener que soportar las vejaciones de Alterio, sobre todo cuando el felino se orinaba encima del vestido, o de sus vómitos a lo largo de la larga trenza en los momentos en que este regresaba a casa con la panza llena de ratones: babazorro le decía con un despectivo movimiento de cabeza al verle regurgitar y relamer. La segunda Venecia quizás, farfulló el fotógrafo mientras intentaba mejorar la imagen de la señora Ariel en cada toma, en cada clic, si, realmente es de admirar las casas a un lado y al otro resistiendo el paso del tiempo y en cada una de ellas los ventanales parecen proclamas para que estas sean admiradas por visitantes y convecinos, sabía que pecaba de ñangotado, pero había que ganarse los cuartos, y ella, la señora Ariel a lo suyo, con el torso recto, con un rictus extremadamente forzado, de modo que el jornal ganado y la señora contenta de ser inmortalizada…
Diluvio
Todas la noches se vuelven sueños,
Un mar se derrama dentro, de lágrimas,
Un atizar de terribles granizos...
Infringir
La ley bastarda que mata a los estados,
La falsa omnipresencia de un Dios,
promesas, promesas: un techo sin estrellas...
Alguien se dijo: Asesina
En la oscura y silenciosa habitación,
De mesita negra con una tetera,
En el suelo la boca llena de pastillas para morir...
Tengo que no tengo
Desnuda el alma,
por descubrir nada.
Aflicción, derrota, miedo...
Folios en blanco
Superpuestos, uno a uno,
dentro la sangre molida de mis labios,
cuando suelto un grito, cuando se haya boceando un múltiple,
orgasmo...
Lame el mar con las olas la orilla de diminutas piedras negras. Más atrás, las casitas de los pescadores blancas, con luces en la fachada.
En la calle real huele a pescado frito, huele a turrón, huele a mazorca; los ventanucos cerrados, algunos con tachuelas como adorno. Brillan las tiendas adornadas: campanillas, luceros. Toda clase de accesorios para la navidad. También huele a incienso, es de aquella iglesia al final de la calle, como si presidiera una mesa bien adornada, con manteles rojos y blancos, con lazos en las esquinas. Allí permanecen los limpios de corazón, los que se dan golpes en el pecho y las putas, y los labriegos. A veces, alguien se arrastra por los adoquines hasta llegar al altar con la boca cosida, con las manos pegadas, con el arrepentimiento en la frente para que Dios lo vea. El sacerdote reparte obleas para la paz del alma, para quitar pecados. ..
La señora cruza la calle olorosa, lleva puesto un sayo de seda, los pasos elegantes, los mitones negros. las gaviotas sobrevuelan, danzan como las bailarinas, ahora hacia un lado, ahora son un remolino, otean, por si alguna migaja de pescado frito se hubiera escapado de las bocas de los transeúntes.
Ahora golpea fuerte la ola, aquella que lleva en su pico un sombrero de espuma plateada, y llega agotada a la orilla, como cuando retozan los amantes, luego: el sueño, el silencio, el placer...
Cruzan dos nubes, son cúmulos, son enormes bocas negras, replican campanas
Acecha la noche, llueve. Ahora un rápido giro de las gaviotas deja atrás la estela de plumas, se van al mar, huyen...
Cruzan todos la calle, los cirios de la iglesia centellean, crepitan, como las hojas descaradas contra una vidriera. Los dientes del lobo es la noche, que culmina oscureciendo hasta los rincones. Azota, azota la tormenta. Los rayos quiebran los troncos de los árboles. Salpican lágrimas de agua en las baldosas,
corre un río de ellas calle abajo, la capa negra cubre los tejados, cubre la torre de la iglesia. Ahora un mar bravío enloquece, aúlla como las fieras, amenaza con hacer encallar ese barco, que rezagado pretende llegar a la orilla.
Y es la bravuconearía de la vida, a veces…
Hay un lugar inhóspito
donde crece la lluvia
y crecen los besos
Hay un cercado de amapolas
que embriagan, como estar contigo.
Hay mil suspiros ondeando al viento
como las cometas.
Hay infinidad de delfines
que sonríen.
Hay un lugar secreto.
Donde la felicidad crece
en cada rama.
Hoy siento que algo ha merecido la pena.
Se habían despedido el mismo día en que se encontraron, solo que, ninguno de ellos lo sabría hasta pasado unos años, en que, l...