Siempre

Siempre
Siempre

miércoles, 3 de agosto de 2022

Qué cosa.


 

Billy.


Tengo una canción

que no puedo olvidar


por los siglos de los siglos 

De olvidos

 




El zapato derecho, en el pie izquierdo, y una magnolia en el pelo. Sonríe ante el espejo redondo con marco de bronce, en el pasillo…A veces se vuelve,

Escupe en el bordillo de la baranda que llega a la azotea, con la cara de pilla, con el pelo negro como la pez, con las manos arrugadas y resecas. Como una niña traviesa escupe a las cabezas de las limpiadoras. Lavan la ropa en la piedra, le regañan. Sonríe.

Ella recorre el pasillo hasta el final, donde el patio, y vuelve tras sus pasos, una y otra vez, varias veces al día. Esa pared de recuerdos: retratos, un mar azul con olas, cuadros aquí y allá. Hay una mancha en la esquina, cerca del techo: ella se fija y sus ojos se abren sorprendidos, parece una luna, se dice, o quizás un farol de aceite, vuelve a decir…A veces la mancha es redonda, otras, con aristas, pero es una luna o una lámpara de aceite...

Se ha olvidado de los geranios, se ha olvidado de comer. Se olvida. Pero llega al fondo del pasillo: el patio de geranios con la silla a un lado, y los dedos del sol que se adentran por la mañana, por la tarde. Gotea una lágrima, gotea otra de sus ojos, pero sonríe, pero no sabe bien lo que sucede. Los niños están en la cocina con mamá y las voces se le antojan pinzones azules en aquel árbol de su memoria. De bajo de la gran roca las casitas blancas con tejado, corren a verla, expectantes por si se gira, por si los conoce, algún gesto, un guiño, algo que haga que ella abra los brazos, para todos.

Pero no, nada, siquiera el pequeñito le es conocido, lo besa, pero no hay mueca. En su boca hay silencio.

La llevan por la avenida, y cruzan la calle a la tienda de sombreros, no quiere caminar, pero la llevan de la mano. Aquellas personas se sorprenden al verla sonriente con el mandil verde, de flores.

La papilla le sale por la esquina de la boca, es un hilo de baba que recorre el cuello, el pecho, y se queda en su regazo como si fuera un tesoro, pero es una pasta sosa, sin color, sin sabor. Pide pollo, pero nadie le da, siquiera un pedazo, ella lo ha visto en la mesa, es dorado, con purpurina.

En el lomo de las sardinas hay un montón de pequeñas estrellas, sonríe porque es divertido, no sabe de donde vienen, pero le gustan.

En el techo de la habitación aparecen de vez en cuando luminarias. No quiere dormir hasta que no se van.

Estas recorren casi toda la habitación, se deslizan por las paredes. Tienen pequeñas alas transparentes, y algunas se escapan por la ventana, cuando los postigos están abiertos.

Y tampoco quiere dormirse hasta que la tela de araña deje de balancearse…es un precioso jersey con adornos, pero aún le falta la sisa, seguramente falta hilo, se pregunta.



Mientras duerme sueña con el barranco, con la gran roca. Un inmenso piélago de estrellas arriba, en el cielo. Corre veloz como un potrillo, con las trenzas negras y dispares, con los zapatitos roídos. Los almendros en flor, la comida en la casa: gofio, papas barqueras, mojo, atún. El agua fluye desde la montaña, los cabritillos corren para abrevar. Los surcos en la tierra llenos de semillas. Los sueños de niña, el futuro.

Pero nadie sabrá lo que ella soñó la noche anterior...






















lunes, 1 de agosto de 2022

Bentor


 Bentor Mencey 


A su valentía


Se arrojó al vacío

para no ser esclavo de los conquistadores.


Amo a mi Tierra Canaria.

viernes, 29 de julio de 2022

Coleccionista de imágenes

 





Una barba cola de pato arraigada desde mucho. Unos ojos redondos negros miraban cada instante en el que el día regalaba toda clase de imágenes.


Los trazos en el papel comenzaban a vislumbrar lo que en una estación de tren sucedía.

Un tren de cercanía de color verde con puntos de luz a ambos lados. Pasajeros suben y bajan, caminan por el andén. Ahora una halo de luz se cuela por el abombado techo perforado de diminutos agujeros. Aquella señora se coloca el sombrero. Un hombre se atusa el bigote y bosteza.


En la avenida que hay detrás los coches con sus bocinas braman. Tienen el ceño fruncido. Hay gaviotas revoloteando, ha llegado la pesca. La lonja es un prado de peces con los lomos brillantes, peces agonizantes. Comienza la subasta. Aquel señor de prominente abdomen alza la voz, quiere todo el marisco. El señor Álvarez, narizudo , con perilla, apuesta por las samas roqueras. Todo un deleite de imágenes en el papel.


En el otro lado de la ciudad hay un arco. Da la bienvenida a todo el que visite el lugar.

Hay un castañero , y un sauce que ahora se bambolea por una sutil brisa. Un sauce que ha visto cada día pasar a los transeúntes. Algunos con prisa, otros con pasos lentos, meditando cualquier cosa. En invierno las gotas de agua dan de beber al viejo sauce, envuelven las ramas, son caricias. En verano es refugio de personas acaloradas, que toman asiento en bancos de madera y beben limonada.


Los instantes quedan en los folios. En la pared hay vida, toda la vida de cada día.






Ballade pour Sophie

Ballade pour Sophie

Se habían despedido el mismo día en que se encontraron, solo que, ninguno de ellos lo sabría hasta pasado unos años, en que, l...