sábado, 26 de diciembre de 2015

Como si hubiera sido

Yo no hago mas que recordar-te,
en el siglo entero de ayer...
Bajo la luz y la sombra de mi silueta, tú,
eres un pasado que no estabas y eres un presente,
de esos de ahora, de esos de morderse los labios.
Eres un consuelo y desconsuelo por no serte para ti.



jueves, 24 de diciembre de 2015

Costumbres


Había dicho que comprar regalos para su sobrina era como si en verdad su regreso para la niña no significara nada, y que el regalo supliría esa ausencia, por lo tanto se negó, aunque al final cedió.
Un regalo envuelto en papel de dibujos de caballitos y globos, que nunca llegaría a las manos de la niña, porque en su empeño consideró donarlo para a alguna familia sin recursos, porque había sido recibido de una forma un tanto desagradable; la excusa de la señora, madre de la criatura fue, que la niña estaba dormida y en esa casa se respetaba los horarios muy mucho. El muchacho, que había venido de un largo viaje y tío de la niña, no hizo alusión alguna al comentario y volvió al coche, muy arrepentido por renunciar a sus principios. El cariño de los niños no se compra, pensó, y de eso estaba muy seguro, tanto, como cuando una fórmula matemática da unos resultados excelentes y muy positivos.
Sus teorías casi siempre quedaban confirmadas, en eso pocas personas se atrevían a retarlo, pero la criaturita era ajena a todo aquello, nada sabía de cosas de mayores, de lo complicado que resulta a veces conformar a las personas, de coincidir en algunos razonamientos y modos de vivir la vida, en como educar a los niños, de  modo que los argumentos cayeron en saco roto; la puerta había dado en las narices de chico, (como si una tarjeta  de stop pendiera de ella).


martes, 8 de diciembre de 2015

Momentos





Es extraño que el tranvía cruce la misma tierra de antaño, que la traspase igual que un topo arañando los surcos  en que un día crecieron  los tomateros y los bancales plantados de  papas, y otros mas allá de calabazas, y otras hortalizas; realmente es curioso mas que extraño ver ese pequeño trenecito borrando el pasado, y es que  siempre hay un tiempo nuevo, incluso el que vivieron personas que ya no están, siempre, siempre, hubo un tiempo nuevo.
La casa antigua que fue moderna, y casi burguesa, sigue erguida como una torre, siquiera los alisios y la lluvia y algún rayo ha podido con sus viejas piedras, es como un mausoleo; una trepidante fachada con adornos en las balaustradas, incrustaciones de azulejos de colores en cada una de ellas, la escalinata de mármol está intacta si dejar que el paso de los años la haya dañado,  y la fuente ya no lleva agua, pero ahí permanece, de vez en cuando se quedan pequeños charcos producidos por la lluvia en invierno.

Las caballerizas ya no están, en su lugar han crecido toda clase de matojos y hiervas, los rabos de gato acaparan casi todo tendiendo una capa gris como si adrede quisieran sesgar  el pasado y la belleza que un día hubo en toda la hacienda.

En las aproximaciones de las casitas de los labradores, las higueras negras iban cargadas de  jugosos y dulces higos, como las bolitas que adornan los árboles en navidad, solo había que extender la mano para llevarse a la boca tan rico manjar. Las tuneras se hallaban conformadas en grupos alrededor de una inmensa charca verde con sus ranas, que croaban como si de un concierto se tratara, aquellas tres mas fuerte y esas dos, con menos intensidad, luego, las demás acompañaban igual que los coros, y es que la hacienda era como un pequeño pueblo con las dos casitas de los trabajadores a un lado, donde el árbol de laurisilva de esos troncos que parecen que abrazan, como si en verdad supieran de los que vivían por allí, y es que a veces, diría yo que escuchan y sienten el tacto de los dedos cuando recorren su corteza, afortunadamente siguen en pie, siquiera el  huracán los derribó allá por el 2005.


Casi las veinticuatro horas del día avanza sobre los rieles  con pequeños chirridos, y a ambos lados de las vías, los tramos para los coches, y  bicicletas. Las personas  que no pueden ir sentadas se sujetan a las barras  mientras leen algún libro o mantienen conversaciones con sus móviles, esas conversaciones de ahora que son silenciosas pero que tan dichosos hacen a algunos, yo diría que son amigos de esos virtuales que se llevan en el bolsillo, que no hace falta quedar en un café para charlar, ni hace falta escuchar las voces de los otros, basta con agregarlos a la lista y comenzar a teclear y comienza la tan deseada conversación, incluso parece que surgieran delante igual que los hologramas.

Son muchas las veces que para enfrente de lo que un día fue la hacienda, suben y bajan los pasajeros sin apenas advertir la casa que muestra un lado de ella y uno de los balcones de madera de nogal que se cubrían por aquel entonces de banderas anchas por las fiestas. Y sin contar los miles de farolillos que adornaban toda la fachada cuando se celebraban los banquetes y los bailes. Para mi no pasa inadvertida, a veces incluso tomo un billete y me subo al moderno tranvía para ver una vez más los recuerdos, giro la cabeza hasta que ya no puedo atisbarla, e impredeciblemente aparecen las andorinas girando y girando en bandadas, como si en verdad siguiera la vida en esos lares.

Entonces la fuente revive y los patos también y los caballos relinchan al trote y los potrillos al paso de sus madres y los labriegos cargando la paja, también se encienden los farolillos esplendorosos y se escucha una folia  y una isa; pero todo eso es el tiempo guardado, en mi cabeza. 

lunes, 7 de diciembre de 2015

Es gracioso y bonito eso de admirar una rosa o un lirio, debe ser por sus formas y sus colores y sus olores; para mi gusto no pinta bien en algún poema de esos que despiden el alma hasta el acantilado y con ella van los ramos de esas bellas flores. A mi en particular me gusta horadar la tierra donde abundan de esos perfumes, y me gusta que los dedos se entierren hasta tocar las raíces, entonces surge una especie de clímax, quiero decir: Brota y brota el placer de la verdadera belleza, la que se esconde, la que provoca, la que sin más te espera, debajo, justo debajo...

lunes, 23 de noviembre de 2015

A veces el encierro





La cocina olía diferente dependiendo de la hora, a Marta le gustaba el olor de los desayunos, el aroma se colaba por entre las puertas, y las habitaciones se llenaban de una fragancia especial: Bollos, café, mantequilla. La melaza se dejaba caer en las tostadas y los arándanos adornaban hasta casi los picos del mantel. Afirmaba el ama de llaves que el alboroto de muchachos y sus perros y sus gatos resultaba a esas horas un vendaval de aire agitándolo todo, incluso, si en el jardín se hubiera encontrado una goleta, ésta, se hubiera zarandeado igualmente, y su velamen volado por los aires.

Cada cual iría a sus tareas, los mas proclives a obedecer eran dos hermanos de piel clara y pelo rubio y Marta, una chica distraída y confusa desde el mismo día de su nacimiento. Pasaron demasiados años y en aquella casa situada enfrente de un lago, pero dividida por un gran muro cubierto de lechosas ramas entrecruzadas, solo quedaban los hermanos de piel clara, ya con el gesto murrio y demasiadas arrugas, y Marta, (Ya casi con el siglo en sus espaldas) tantas las arrugas de ellos tres, que podrían servir de abrigo en invierno; pero lo terrible de todo aquello es que el miedo de las criaturas durante su infancia, el poder de anular a las personitas desde chiquitas para obviar lo evidente, los azotes y las humillaciones por parte de las cuidadoras, no dejó que sus ojos no pudieran ver mas que esa pared cubierta de ramas, que creían atisbar desde sus ventanales, y tampoco, sus ojos ni sus oídos escucharon los barquichuelos desplazándose por entre las aguas y el chapoteo de las avanzadillas hasta llegar al otro extremo de la ciudad; por lo tanto se quedaron para siempre en sus habitaciones abrazando los días ilusorios de sus vidas y sus desayunos.



lunes, 16 de noviembre de 2015

Ellos





No tendrían que escoger una estación u otra, siquiera podría ser especialmente al amanecer, o tal vez, cuando la luna aparecía con su rostro resplandeciente, o la media luna oculta detrás de los nubarrones. Disfrutaban en demasía cuando las muchachas se preparaban para dormir, lo oscuro les atraía igual que  la luz atrapa a las luciérnagas y danzan estrepitosamente de un lato al otro; el oscuro de la noche les invitaba a pasar por una puerta invisible, algo fácil  de franquear para esos entes que lejos de ser vulnerables, tenían la habilidad y la fuerza sobrehumana de apoderarse de las almas, sobre todo tendrían mucho cuidado para escoger a las víctimas, sabrían que los dos hermanos que dormían en las habitaciones anteriores no se someterían a tales fechorías, si axial se puede calificar las ruindades, porque los varones quedaban exentos. Los despropósitos que acometían a menudo eran males que  provocaban el pánico de las hermanas y que no habría ningún modo de que los padres pudieran creer lo que en la casa sucedía al caer la tarde, cuando la noche se apropiaba de una gran capa y atenuaba las luces de detrás de  los postigos…
 Las impostoras, así las llamaban cuando las miraban desde la puerta, con sus rostros deformados y sus espaldas jorobadas, en ocasiones en vez del vaho que dejaban salir por entre sus bocas sucias, resbalaba una asquerosa baba sanguinolenta. Sea como fuere  no dejaban de perturbar a las chicas, y algunas noches provocaban la frustración de ambas, porque nunca creyeron de ellas aquellos hechos. Solían sentarse al borde de las camas y esperaban que sintieran el sueño y que sus párpado comenzaran a cerrarse, y al unísono comenzaban con su gesta de tendencia maligna, soplaban una y otra vez a los ojos de las hermanas, que trataban de cubrirse con las sabanas a sabiendas de que allí estarían, acechándolas  y creando un ambiente desagradable y perturbador, un verdadero vértigo, una pesadilla real. Rezaban para que desaparecieran, alguna vez lo consiguieron, porque se escuchaban sus pasos por el largo y ancho pasillo, para luego desaparecer por entre las paredes.
 Se dijo que ellos fueron los que habitaron la tierra donde se hallaba construida la casa, quizás una hubiera sido vieja casona roída por los obuses de aquella cruenta batalla, quizás unos niños abandonados a su suerte, o unos pastores que fueron devorados por lobos en su propia cabaña. Nada certero en las dos probabilidades, pero las muchachas ya nunca fueron las mismas, y es que sobrecoge que roan la carne durante el sueño.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Existencia imaginaria




Debió ser en la madrugada de la noche del miércoles, pensó, mientras leía las noticias, y al mismo tiempo un alto para perder la mirada en el horizonte plagado de gaviotas tan diminutas como los confetis. Y es que a veces la oscura penumbra juega malas pasadas dijo en voz alta. Había terminado el café y tomado el vaso de agua. En aquel hermoso paisaje, junto al rio grande,y las casas holandesas con sus balcones llenos de flores, sucumbirían asombrados de tanta belleza los allí presentes y los caminantes, pero siquiera hizo el ademán de levantarse, la curiosidad pudo mas y volvió a releer, se acomodó nuevamente en el mimbre blanco. ¿Desea alguna otra cosa señora?, dijo que no, ajustando su blusa, sin quitar la vista del papel, porque se había interesado especialmente en ese suceso, porque las imágenes les eran conocidas: La matricula del coche, el rostro de la señora, magullado; y sobre todo el zapato, el mismo que ella calzaba, a falta del otro.

sábado, 17 de octubre de 2015

A través de un tiempo


El chasquido de la hojarasca  bajo las ruedas de la bicicleta era como  que  si estallaran  miles de finos cristales, a medida que la bajada se pronunciaba el reguero de brillantes luces no hacía sino embellecer el paisaje de arboleda, y los castaños, preñados, y abundantes. Podría haber sucedido a mediados del siglo pasado,o tal vez, ayer, o quizás, hoy;  lo atemporal seduce de tal forma que se puede viajar a cualquier parte del mundo y en cualquier época, apenas si hace falta nada, o casi nada. A lo lejos se vislumbraba la pequeña granja y justo al lado el granero, la chimenea no paraba de lanzar un velo hermoso al cielo, un velo oloroso; un enorme charco apareció igual que los duendes traviesos cuando se les antoja alguna diablura, pero lejos de moderar la velocidad, ella pedaleó mucho mas rápido y embistió  al mar que la esperaba en medio del bosque. Una ola surgió desde la tierra anegándolo todo, de tal modo que la bicicleta y la señora quedaron como los mazapanes impregnados de miel, pero en este caso diría yo, que más bien se habían solidificado por la  gran capa de barro gelatinoso, junto con los miles y miles de Protozoos.
No blasfemaría, nada de eso, aquello fue un bautizo en toda regla, por eso sonrió igual que una niña con los cachetes tatuados de churretes. Entonces comenzaron a sonar los valses y el sonido de un tiovivo con sus caballos trotando al aire. La embarrada señora lamentó lo poco que le había durado el gran acontecimiento, de cualquier tiempo, ya sea a mediados de siglo pasado, o por ende, hoy mismo.

jueves, 8 de octubre de 2015

El tic tac provoca eso



Desde hace siempre me deshago para tener-te igual que como cuando yo duermo y me hallo cómoda y relativamente junto al tiempo yo me acomodo en tu cintura con la piel mía; a voces te grité y tú vuelves pero en el silencio perturbador que te provoco en la soledad oscura del deseo.

lunes, 5 de octubre de 2015

Sabor a mí



Nada más placentero, nada más intenso bajo la luna, se dijo. Comenzó humectando sus pezones y con sus dedos suaves caricias en círculo alrededor de ellos. Un ombligo excelso sería el pozo de lágrimas como perlas que resbalaban sugerentes por entre los pechos…
Agitación, perversión, amar, amor; un gesto convulso y el clímax…

jueves, 24 de septiembre de 2015

De las puras gozadas

Yo quiero alojarme en ese horizonte
que se haya plagado de multitudes
de estrellas y luminarias...

Eternamente viva para morir primero,
yo quiero beber de la copa de la locura,
amar ese instante, porque bastaría una porción de tiempo,
en que súbitamente se haya la felicidad de los orgasmos.

Yo quiero atarme de pies y manos a la pura gozada,
beber, beber instantes...



miércoles, 23 de septiembre de 2015



Creo que los ausentes son los que comen y caminan por las avenidas, los que toman el bus y los que tratan de aniquilarse con espantosos sueños, yo prefiero el delirio, ese que trastoca y revoluciona todo, es como un amante exquisito.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Dicen que la noche parece un lobo hambriento, pero realmente es la sombra perfecta para cobijar el alma.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Posesivamente





Quédate al lado de mi otra sombra..
pero yo no quiero esos años tediosos,

de rutina absurda. Más basta un instante,


en que te pases y te quedes para una vida entera...

jueves, 3 de septiembre de 2015


Y sin embargo la parquedad de tus palabras..

cuando me miras ...

se convierten en miles de aplausos,

dardos que se entierran muy adentro, de mí.


miércoles, 2 de septiembre de 2015




Yo te deseo autómata
para llevarme de ti ..
toda la magnitud,
y tú en mi noche, con

la gran Luna, y el gran Sol...  

martes, 1 de septiembre de 2015


Yo te escribo gente
y te escribo a ti en el espejo,
que me miras con ojos de querer más..
y te escribo a ti en particular.. tú,

que pasas y te veo..

sábado, 29 de agosto de 2015

Llevo cien años borracha de mundo; ahora que me acuerdo, una vez me dijo una niña que estaba justo a mi lado, que porqué la manía de querer empacar tan pronto, me quedé pensando mucho, la verdad, y también le hice caso.

viernes, 28 de agosto de 2015



Una no puede tapar sus ojos y girar la cabeza a un lado cuando hay tanta inclemencia que ver entre los folios de un semanario, pura desgracia nada más. Aún con el cuerpo trasnochado por los placeres de la vida, imposible no sentir.

jueves, 27 de agosto de 2015




¿Acaso es ese valle de verde ventana?
Habitar entre las sienes,
ahí, donde rompe la ola..
Te quiero ahí..
Por si acaso vienes..



martes, 25 de agosto de 2015



Pensaban que lo que ella sentía acerca de la vida, concretamente cuando el café se había terminado de servir, y empezaba la reunión, era que un gran cíclope devoraba esto o aquello, pero la incertidumbre que equivocadamente reflejaba su rostro observándolas con poquísima atención , no era cierta, y se dijo: Dejemos pues que averigüen, que escudriñen y aprendan, del mismo modo en que elevan esas pequeñas tacitas a sus labios.   

lunes, 24 de agosto de 2015




Cuando todo estaba en silencio, quizás era la madrugada, quizás a primera hora de la mañana; tal vez pudo ser en la última hora del día, cuando el sol comienza a ocultarse con una sonrisa pícara sabiendo que volverá a despertar sobre la faz de la ciudad; en todos esos momentos y circunstancias un gran aullido rompió toda calma suscrita, por lo tanto había conseguido su propósito: Quitarse la piel ostentosa, y aburrida de siempre...

sábado, 22 de agosto de 2015

Es verano y vienes.


Aún en mi miedo vienes, tú entre mí, como los locos que no llevan mordaza alguna tapando los labios, tú y yo en un vertedero de antojos y caprichos, sin sopesar algún inconveniente, así en verdad se es libre, pese a ese miedo que es infundado en nuestra mente. Sospecho pues que es un sueño, pero parece real y en mi empeño es tan real, como entre tú y yo, como esos locos benditos lamiendo heridas...

viernes, 21 de agosto de 2015


Mátame pero lentamente, le dije; a cerca de esa cita tan importante e ineludible, porque yo lo que quiero es machacar varias veces por donde he pisado, con verdadero ahínco...

jueves, 20 de agosto de 2015



Créeme cuando yo digo que no encuentro la manera de que tu olvido me olvide, digamos que es como acercarse al borde filoso de esos encuentros pasionales...





miércoles, 19 de agosto de 2015



Aún duele el ayer de hace muchos siglos, cuando las cenizas campaban en los sueños, como armas arrojadizas, asesinando todos los setos verdes de cualquier jardín, de cualquier lugar del mundo; pero duele más, o igualmente que ese ayer siga siendo el mismo, con sus horripilantes cenizas...






lunes, 17 de agosto de 2015


A veces me pregunto a qué distancia estoy de esas capitales de provincia emergentes, con agitados pasos, mientras los cuervos siquiera dejan el mínimo resquicio de la sensatez. Y creo que tengo la respuesta a diario. Por eso intento crear historias con perfiles que no se ajusten a muchas necesidades burdas...

domingo, 16 de agosto de 2015

Por si me pierdo en algún momento en ese otro mundo cruel de la memoria, y se vacía la cabeza de todo, me dejaré llevar por las pasiones, las que muchas veces atemorizan mientras comemos, y dormimos en una jaula...

jueves, 13 de agosto de 2015


Adoro mi libre albedrío a la hora de desearte, adoro mi libre albedrío a la hora de escoger esto o aquello, porque  la libertad absoluta no está ahí fuera, sino aquí dentro.

miércoles, 12 de agosto de 2015



A propósito de alguna causa que justifique purito interés; o, un demoledor suceso que se hace oír entre las paredes de cualquier sitio con la intención de que tal verborrea cause una expectante curiosidad por los que allí se encuentren; a propósito de todo ese puñado de barbitúricos que no sirven para nada, he de pensar, que mi vida es mucho mas interesante de lo que creí alguna vez...

martes, 11 de agosto de 2015

Alguien me preguntó una vez, que porqué me gustaban las pendejaditas, en cierto modo, cada cual dice alguna de vez en cuando...(nunca le contesté)

martes, 4 de agosto de 2015

Yo estoy al lado de esas personas que hablan alto y gesticulan mucho en silencio; una sorprendente cascada de palabras, de expresiones que crecen en el interior, y cabalgan a lomos de conexiones neuronales. Un grito, otro grito, enarbolar un bandera de miles de kilómetros de neurotransmisores; yo quiero sentir la toxicidad que produce el humo de miles de lenguas replicando al unísono. A la demagogia la dejo atrás, muy lejos, entonces crezco y mis raíces son fuertes, yo las veo apiladas al margen del río mío, el que nace dentro, caudaloso, influyente, con prestancia. Chirría en mis oídos la parquedad de todo, son falsas columnas que no pueden soportar siquiera lo nimio; derroche, derroche eso quiero, ensuciar mi cuerpo de un amante...

jueves, 30 de julio de 2015

De acuerdos y casamientos




La cuenta atrás había comenzado, como si alguien en algún momento pusiera en marcha todos los relojes de un palacio, y el tic, tac,resonara como las campanas de una gran catedral, y que el tiempo se colara por entres las horas, y cayera al precipicio donde mueren los tiempos...,
El ala del chambergo caía justo delante de los ojos con pinceladas marrones, salpicados de un difuso color miel. Se preveía un día caluroso, tanto, que ni las torcaces habrían salido de la arboleda, atusó la capa y siguió por el estrecho camino apartado del ruido de la calle donde las tiendas parecían bocas anunciando esto o aquello; por uno de esos motivos prefirió andar en el silencio que solo los caminos, y este, en especial, pueden ofrecer, un silencio expectante, y al mismo tiempo lleno de ruidos, los de las idas y venidas de las criaturas diminutas que vivían en ese otro mundo, un mundo tan grande como lo era aquel, el de los demás transeúntes de Miraña, que por entonces, ya se iba ocupando mas si cabe por la venida de gentes de otras ciudades sin perspectiva de futuro, hombres y mujeres buscando una nueva oportunidad, por lo tanto las casitas nuevas se multiplicaron desmesuradamente, unas, al lado de las otras, salpicadas de esos nuevos aires , nuevos horizontes esperanzadores

Unas horas antes dormía con cierta tranquilidad, con las sábanas de seda rodeándolo todo, como si en verdad se tratara de las caricias que se propinan los amantes, besos y mas besos de pura seda, eso habría provocado cierta inquietud por los movimientos del cuerpo, oscilando suavemente, meciéndose en las aguas caudalosas de un río.
El buen vino se había catado y la botella brillaba por la luz de un farol apuntando justo ahí, en el cristal translúcido; hubo bebido por un rato manteniendo el sabor de las uvas en los labios, en el paladar, deseó que el tiempo se parara, deseó un verdadero éxtasis, una explosión de vida dentro; debía partir al amanecer, dejar atrás las horas, los días, su casa, con un jardín esplendoroso, oloroso, un jardín de esos que crecían hacia dentro, rodeando todo con sus poderosas garras mágicas, el espejo de media luna tendría que quedarse allí también; las joyas en el cofre era lo menos que le preocupaba. El saberse de algún modo, “imberbe”, le proporciono una cierta tranquilidad, incomprendida obviamente por los caballeros con los que tropezó a medida que se encaminó por aquel sendero de dioses; un guiño a la vida le había hechado, si, realmente eso se dijo. Era la única forma de huir de una vida llena de hastío: Compromisos, y demás melindres.
Le esperaba el remero en la orilla del lago. Una vez se hubo alejado, volaron por los aires, el chambergo, y la capa, el pelo ondeó como una bandera, las enaguas esperaban, en la bolsa.

miércoles, 29 de julio de 2015



Tengo la mala costumbre de enamorarme, sobre todo, de lo fugaz, es tan inmensamente hermoso tener la certeza de que lo único que puede sucederme cuando se queda la huella, el calor de una mirada, la intensidad de lo efímero, es ser más feliz si cabe, en este mundo de vanidades, pura competición...

domingo, 26 de julio de 2015

Llueve demasiado cielo; llueve a cántaros y detrás de los cristales hubiera podido surgir la inmediatez de los besos, por el contrario, la circunspección ausente de alma, rompió el silencio de un hermoso pecado no escrito…,

domingo, 19 de julio de 2015

Altos vuelos, no tan altos





El ramo de Kalanchoes es bamboleado por el aire del ventilador, Agripina parece abstraída y deja que su vista se escape por la ventana, como si se tratara de un estornino que se lanza al vacío en busca de otro lugar, otro, que le proporcione aires nuevos, algo diferente a esas horas de hastío, sobre todo, cuando la tarde se quiebra por las recurrentes  discusiones de Ofelia y Ana…,


Ellas llevan dos décadas juntas, viven justo en la planta de abajo, tienen un loro verde que las remeda continuamente, a veces impresiona, porque pareciera una personita dentro de una jaula parloteando esto o aquello. El loro fue regalo de una de ellas, el día que decidieron unirse para toda la vida, pero jamás habrían pensado que el animalito se regodeara de ambas  de aquella forma tan cínica, tanto, que estaban pensando en darlo en adopción, porque, Babalú, ya había adquirido ese don que tienen algunas personas para increpar, de modo que, cuando la una estaba separada de la otra, él, conseguía con sus burlas atormentar el corazón de cada cual, y esto hacía que terminaran en discusión, y el eco de sus voces chirriaban y se colaban por entre el ventanal, donde seguían los Kalanchoes abatidos, y, donde  Agripina  parecía totalmente anestesiada, seguramente ya habría sobrevolado la ciudad y el río, y podría ser que encontrara una gran bandada de estorninos, sería muy placentero, porque nada hay más hermoso  que poder escapar de entre barrotes.


El timbre hizo que regresara y eso que ya había alcanzado un valle verde, de muchas hojas grandes, tanto, que parecían abanicos gigantes, se habría despedido pues de los demás pájaros y batiendo fuertemente sus alas volvería a la misma habitación, donde los Kalanchoes abatidos se movían ahora si cabe con más fuerza, como cuando un vendaval fustiga un campo de trigo; Agripina atusó sus plumas, dió unas monedas al muchacho de las pizzas, y cerró la puerta de un puntapiés, y pensó en dejar ese viaje para otro momento, ahora, irremediablemente daría buena cuenta a la cena, lógicamente con la letanía de Babalú…,


domingo, 12 de julio de 2015

De tratados y sueños




El aire del ventilador hizo que el visillo se alzara como la vela de un bergantín  y los folios amontonados volaran hacia el techo propulsados por un cohete mágico, hojarascas ondeando por la habitación, con los nombres escritos de aquellos que un día firmaron algún pacto, una alianza entre los vecinos de un lado y otro, probablemente un acuerdo para el riego de las tierras…,
Por esos días Dolores Sánchez se hallaba en la ciudad en unos bonitos apartamentos, chiquitos, pero bien situados. El maletín de piel de cabra estaba repleto de esos folios itinerantes, folios viajeros, pergaminos escritos de su puño y letra, además, las cartas, las viejas cartas que aún conservaba, y que, por nada del mundo se habría desprendido de ellas:

“Hace tanto que me he ido y, tanto que deseo volver a verte”

“¿Recuerdas las medias lunas? “

“Ramón dice que la yegua está a punto de parir, quise decírtelo antes que nadie, se que te hará muy feliz el hecho del nacimiento del potrillo de Azalea”.

Vuelve a mi lado, a París, o donde tú desees, te espero, te esperaré siempre, tuya que te quiere: Josefa.”

Algunas de las frases de aquellas cartas se habían grabado en su cabeza, como cuando hubo de memorizar la tabla de multiplicar o, cuando hubo de aprender a contar las ovejas de la granja de Eustaquio, de chiquita. Por eso no quería que se apolillaran, por eso las tenía como un diamante que brilla al sol  cuando éste clava un dedo ardiente en él.
Dolores Sánchez tomó el camino de vuelta, porque ya había  registrado oficialmente aquel tan importante asunto y, que con tanto gusto le habían encomendado por ser la mediadora, la pacificadora…,
No fue suficiente tomar un viejo taxi hasta llegar al apartamentito, por lo que hubo de caminar unos tramos, y surgió un soliloquio que la mantuvo entretenida por la calleja de en medio. !Ah, vida!, se dijo, te echo de menos, volvió a decir, el anciano trompetista de la esquina la miró con complicidad y le lanzó  un guiño, ella, hizo lo mismo.


martes, 30 de junio de 2015

En ese otro lado, las Calendas



Una casa se hallaba enfrente de la otra, y las separaba la autovía, que por aquellos años estaba recién asfaltada; antes de todo eso era un camino largo que terminaba en la Laguna, o en sentido contrario, en Santa Cruz, las casas de las hermanas se habían construido de  modo, que  parecieran estar unidas bajo la tierra, con las raíces cruzadas, bien conectadas.
La pileta de piedra viva detrás de ambas casas engullía una y otra vez un osario de ropa blanca de las camas, y los vestidos y pantalones, y trapos sucios  de los que se empleaban para los menesteres diarios; en los inviernos  se habría aterido de frío cualquiera que llevara la cesta a la pileta, porque el agua salía del grifo  bien fría, venía del  barranco de Badajoz, al que se le atribuían  historias y leyendas, que para bien, o para mal, aquella persona que hubiese visitado esos Lares casi siempre tendría algo que contar, que si la niña que mira a los ojos, que si el fantasma del general Perlasca y algún que otro personaje mítico…,

Los sabañones se curan al calor de la lumbre, decía una de las hermanas, concretamente, la pequeña,  cuando se reunían para el café a eso de las cuatro de la tarde, vivía con un hermano de ambas y una sobrina; nunca tuvo hijos, y eso, en aquella época, era casi lo peor que a una mujer le podía suceder, no ser madre era como estar vacía por dentro, sin vida; sin embargo la aceptación de ello sobreviene con el paso de los años, quizás de ahí su afán de dirigir las vidas de los demás, como si en verdad fuera su responsabilidad de que las cosas tomaran su curso, de que esto o aquello fuera lo más acertado; pero el caso es que los sabañones seguían en el mismo sitio durante todo el invierno, porque nada habría que hacer una vez esos pequeños diablillos con dolorosas punzadas se hubieran asentado en los prominentes nudillos acrecentados por la labor de la colada, por lo tanto la hermana mayor, la que había tenido hijos, agradecía muy mucho los consejos, pero por mucho que ésta tuviese las manos cerca del calor, ni uno solo de los diablillos habrían de desaparecer, más, cuando, al amanecer y una vez la olla puesta, tendría que volver a la pileta por unas horas.
Asimismo, había cuadras para los animales en las dos casas, y algo de terreno para su cultivo. Las hermanas se habían  afincado en esas tierras en los años de juventud y una vez se hubieren esposado.
 La calima  envolvía igual que un velo toda la isla por la estación del verano, sobre todo,  por el mes de agosto, cuando la tierra del desierto llovía inclemente sobre toda la isla; los bueyes horadaban el terreno que abarcaba en bastante amplitud hasta llegar a la zona donde se delimitaban  unos, y otros, se podía mirar y perderse la vista buscando el final, y el muro de piedras, como linde…,
Una vez el terreno  preparado, se cruzaba el camino hacia la otra casa para acometer el mismo trabajo, pues las hermanas no podían permitirse tener más de un buey. A pesar de todo la vida no les fue tan mal, la isla era lo único que conocerían a lo largo de su existencia, y los barrancos, y las tuneras repletas de higos almibarados. Lo único que siempre discutieron las hermanas era el sentido en que debían relacionar las casas según se quisiera ir a un lado u otro.

Mi casa va en sentido contrario al de la Laguna, decía la pequeña, la mía pues, en sentido contrario al de Santa Cruz, replicaba la mayor, esas fueron todas sus desavenencias, porque por lo demás sobrevivieron a la guerra, al hambre, y a las enfermedades un tanto atípicas. La perspectiva entre casas era muy bonita, porque para mi gusto eran dos guerreros altivos, y valientes, preparados para lo que fuera. El color ocre de la tierra, las vivencias de cada una; el ulular de los alisios, daba a aquel paisaje una belleza especial. La tierra viva, los lagartos sobre las rocas negras de lava, todo en su majestuosidad, sin duda alguna una tierra de calendas.

domingo, 21 de junio de 2015

Sutil y sustancial




Como le importaba bien poco lo que tardarían las obras en la ciudad, esas que dejan todo patas arriba, igual que un pelo enmarañado, embestía cada tramo maltrecho pedaleando intrépida, y zigzagueando igual que un ratoncillo las esquinas, para luego desaparecer de un plumazo. Audaz habría de ser quien se fijara en ella para ver hacia donde pararía, en qué portezuela había de quedarse, como quiera que todo eso sucedía, para Valentina nada era más imperioso que llegar a su destino, y preocuparse de que la verdura y las frutas que contenía la cesta de mimbre se encontraran en buen estado al finalizar el viaje...,
Lo cotidiano para ella era eso, atravesar cuantas calles hubieran hecho falta, alcanzar la otra punta de la ciudad igual que la lanza de una flecha dirigida a un punto estratégico. Lo que no era tan común: El parque con la marquesina repleta de celosías de colores, los bancos de madera recién barnizados, brillantes, y una miríada de imágenes expuestas girando como si en verdad se tratara de un gran tiovivo. Tampoco era común un sinfín de golondrinas surcando el cielo, en racimo, una tropelía de aves deseando cruzar el espacio; quizás la vieja de la estanqueria siquiera se hubo parado a observar semejante espectáculo, siempre imbuida en pensamientos, recuerdos; alguien debería pararse a pensar que, a veces, los recuerdos, esos no tan bondadosos, no hacen otra cosa sino herir, rasgar el alma, la vieja entonces no tenía conocimiento de lo absolutamente bello que era ese día, a esa hora en que las aves chisporroteaban en el cielo brindando a quien hubiese querido una majestuosa obra de arte.
Valentina se implicaba en casi todo, de tal forma, que accedía a ponerse todas las noches un caracol en la frente esperando que éste recorriera su rostro dejando la baba, porque en le habían dicho que era un buen remedio para difuminar arrugas, hasta ese punto ella se comprometía, aunque fuera motivo de burlas en la hora del café, con sus amistades...,
Ella no permitiría que su mundo se resquebrajara, no lo haría de ningún modo, de eso estaba completamente convencida, aunque tuviera que tener una granja de caracoles bien alimentados, y el cruzar la ciudad en bicicleta cada día, aun estando todo patas arriba. Se habría jurado a sí misma desechar recuerdos insanos, y prometido que jamás los volvería a rescatar de la papelera; era pues de agradecer tener esas maravillosas y fuertes piernas, era de agradecer poder saborear el pacto entre la vida y la libertad, asimismo, lo que intrínsecamente significarían para ella los recuerdos...,

martes, 16 de junio de 2015

Obvio desatino


Perderme por el boulevard, encontrarte, hacer caso omiso de la gente,
volver a perderme, volverte a encontrar, hacer como que no te veo,
las veces que hagan falta; pero te he visto las veces que han hecho falta.
Perderme por el boulevard, encontrarte, y morir, eso es doblemente exquisito,
sobre todo porque me muero por ti, sin necesidad de que tú hagas lo mismo,
porque yo he hecho que no te veo…,

lunes, 15 de junio de 2015

Procuraría que las sábanas estuvieran lo bastante blancas, suficientemente limpias, para eso habría de sacrificar horas en vano, si, realmente fueron horas que se perdieron por el desagüe, y el agua, repleta de oraciones, pero el agua también llevaba un grito que a ella se le habría escapado, porque habían días en que las manos jóvenes se llenaron de dolor y, junto con todo eso: El pensamiento, el fluir de la consciencia,pura rebeldía...,

jueves, 11 de junio de 2015

Debo entonces pensar que la cima de una montaña por muy alta que ésta pueda ser, y que en algún momento sea una misión que haya que llevar a cabo, el de escalar hasta quedar exhaustos, y abrazar el indómito y hermoso paraje que espera allá arriba, que no es otro sino nuestro propio conocimiento de la verdad...,

miércoles, 10 de junio de 2015

Quiero expresar emociones, toda clase de emociones, es absurdo guardar dentro un río que fluye a gran velocidad, con subidas y bajadas, y dejarme caer en su lecho, con todos mis huesos descoyuntados si es preciso; quiero que la realidad aparezca justo enfrente mío, y que me susurre la gran cantidad de gente que se encuentra en paliativos y aún así, les das un pincel o un lápiz y son capaces de engendrar vida dentro del caos; quiero que me mires a los ojos y que yo sea un referente, un punto de partida para ganar la carrera; soy capaz de llenar mis uñas de barro para vomitar toda la mágica realidad, soy yo una mesalina porque mis costumbres también son inmorales, ahora habla y dime...,

martes, 9 de junio de 2015

La colcha de patchwork





Había pensado en dejarlo, el tener casi por costumbre un cigarrillo entre los labios, un vicio, que sin embargo para ella era puro entretenimiento, un juego, como cuando en algunas ocasiones convertía en puras jaretas la tela de la alforja, era cuestión de carácter el de ella: Ansiosa, algo creída y quizás un tanto provocadora. Pensaba que a las personas se las conoce por el modo en que caminan, o, por la manera de dirigirse al preguntar algo; un criterio que llevaba con convencimiento. La gente insegura se golpea una y otra vez la cabeza y los chichones crecen vertiginosamente, es una lástima verles por las calles, se decía. A pesar del jolgorio de la avenida a esas horas tempranas, a pesar de que el cartero llamase a su puerta, y que desde la agencia la hubiesen llamado repetidas veces por su ausencia en el trabajo, nada pudo evitar que tal día como ese, y a primera hora de la mañana se hallase mas dormida que nunca, y las jaretas en cascada por la colcha, y el cigarro pegado a su boca, y la muerte con ella...,

domingo, 7 de junio de 2015

Opérculo






Había sido meritorio por parte del caracol el largo camino hasta el botijo, toda una prueba de fuerza y constancia, probablemente cualquier otro en su lugar no habría podido terminar, seguramente se habría rendido a mitad de recorrido, porque casi siempre es en ese sitio casi fatídico, en donde la mayoría ceja en el empeño, y abandona, con la excusa naturalmente de sentir que las fuerzas le han abandonado casi cruelmente, eso le pondrá más énfasis cuando se trata de justificar algo, se dijo, mientras no quitaba ojo al molusco, que por nada del mundo dejaría de atenerse durante el trayecto. Desde luego la música de fondo se preveía muy envolvente, acogedora; de modo que, nada más despertar y con un gesto simple había provocado tal situación, incluso se había acomodado, sorbiendo mientras tanto un triple seco, para eso tenía mucha bondad saboreando el regusto de la naranja, un lejano sabor, que, aún se prodigaba en la esencia, y que, a medida que los sorbos provocan casi un estado de inconsciencia, que ella deseaba, todo se magnificaba igual que  una orquesta, cuando cada cual sorprende al mostrar las notas, esas que alguien escribe con prestancia, con verdadero ahínco…
No dudaría que ese estado de embriaguez y que deseaba, la llevaría a postrarse para sí misma, queriéndose; hubo un momento en que la vista le devolvía un fastuoso paisaje, el rastro del animal se le antojo un cielo lleno de estrellas, y así era, porque ella tenía la cualidad de admirar las pequeñas cosas, esas, que a veces son difíciles de percibir, sin duda alguna además de un cielo, sería también el abrevadero de los amantes, donde voluntariamente  flagelan  sus cuerpos, entonces, el hermoso cobijo.
Por fin el botijo, la meta, y sonreía, porque allí se encontraba, para nada exhausto, para nada excitado...

jueves, 4 de junio de 2015

Obsesión


Volvió a levantarse y otra vez había colocado bien el cuadro, que aparentemente nada habría de revelar que en algún momento éste se hubiera esquinado, pero su visión era diferente a cualquiera que en esos momentos se encontrara en la sala, era tan equidistante de las demás, que pareciera esa, la única percepción, la de que el cuadro se torciera. Ésta vez se había inclinado ligeramente hacia el lado izquierdo, incluso la tela de araña casi se había desprendido dando girones en el vacío, y eso no lo permitiría, para eso estaba allí oteando, casi sin pestañear, haciendo guardia, firme y conteniendo las ganas de ir al servicio, incluso.
El desayuno se había enfriado y el bollo, y la leche, y el zumo de naranja parecieran que se hubiesen revertido y nunca hubieran estado allí, en la mesita, como si el mantel blanco solo fuera una luminaria, sería entonces eso, pura y llanamente una fuente de luz...,
Pensó en mudar de sitio la tela de araña; cómo habría de dejar sin casa a la araña, jamás haría eso, por muy efímera que fuera su vida, era un ser vivo, de modo que ahora viviría en otro cuadro, justo en la esquina derecha, ahí estaría bien y encima se lo agradecería, el dejarla seguir con vida, dejar que su nueva casa fuese tan confortable como a él mismo le hubiera gustado la suya propia, porque por esos días se encontraba ausente y no sería lo mismo, las comodidades del hogar propio, a la habitación donde se le había destinado, ya iba para seis meses de ocupa. Mientras discernía si el cuadro debía estar inclinado ligeramente a la izquierda o derecha, pero jamás en el centro, mientras pensaba eso en solitario, y meditabundo, a la vez que preocupado, el doctor Matteo revisaba el largo historial de casi cuarenta páginas y naturalmente dudaba si un permiso, aunque fuera de pocos días vendría bien a Vittore...


martes, 2 de junio de 2015

Hindi



Ese punto de mira sería ideal, contemplar la larga línea que separa el mar de la tierra era como pasear durante largo rato percibiendo todos los olores de las asilvestradas flores del botánico, esas que se encuentran justo en la entrada y, que son capaces de recibir a cualquiera que se asome por allí y tenga la curiosidad de entrar; curiosidad tal vez era lo que cada cual sentiría al pasar cerca del malecón y vislumbrar con rabiosa atención la lengua de mar, tan ancha como la franja que separa a un país de otro. Los delfines aún festagaban la merienda con saltos verticales, y volteretas, haciendo brillar sus lomos al sol; un grupo de niños acompañados de la maestra fueron los primeros que se acercaron para ver, claro está que es sobrado saber que sus caritas se encendían como las luciérnagas mientras comían toda clase de chuches admirando y apuntando con sus dedos lo que para ellos significaba semejante espectáculo, por el contrario, a Hindi, le resultaba una escapatoria, el sitio ideal, se dijo. Después de dejar la carta sobre la mesita de noche ella se encaminó bordeando el muro de piedra negra hasta ese tan interesante punto de mira, luego, se descalzó y sin mirar si había o no horizonte se adentró en aquel mar lleno de vida; nadie supo nada de ella, nunca...,









Quiero caer en las tentaciones, una y otra vez. Para eso hay que ser audaz, territorial, y yo presumo de ser más que eso; porque es tan triste ver como algunas personas desean todo eso, sueñan con eso, y se despeñan por cualquier precipicio ignorando totalmente lo verdaderamente atractivo de la vida, lo verdaderamente arrollador que significa vivir, en cualquier lugar, pero vivir; me atrevo a decir, vivir malsanamente, es decir, quedar totalmente exhaustos..,

miércoles, 27 de mayo de 2015

Necesito equivocarme muchas veces, es un acicate muy estimulante. Necesito ser consciente de lo que se advenga en la constante lucha con mi propio yo; admirar una obra musical o literaria y advertir los múltiples fallos que pueda encontrar en ella. Si, realmente necesito eso, errar, errar, errar…,

domingo, 24 de mayo de 2015

La velada

Posiblemente erraría en su modo de expresarse por la inmediatez en que se disiparon los que allí se encontraban, justamente en el salón que tenía baldosas, esas baldosas que cada día eran pulidas por trapos empapados en linaza, como si en verdad se tratara de mantener un lienzo en buen estado, sin opacidad, no permitiendo que un guijarro, o cualquier barro que se hubiese escapado de las botas del señor de la casa tiñera vastamente los caparazones de piedras incrustadas por las manos de aquellos a quienes un día bien avenidos, trabajaron por un buen plato de comida; de modo que hubo que silenciar el monólogo, que más que eso y en casi todo el contenido, profería radicales cambios de voz y que, razonablemente chirriaban en los oídos de los que allí se hallaban. No sería menester saber que la sordera de Don Armando entre otras cosas, provocaba tales reacciones, porque el tono de su voz se acrecentaba del tal modo, que hasta los aguiluchos del campanario cercano echaban a volar de sus nidos, volviendo al poco tiempo a ellos pasada la tormenta; a él no le bastaría con que los ojos de los invitados permanecieran abiertos, siquiera se había parado a pensar que en algún momento alguien se viera en la obligación de cambiar de postura, o, de un acto tan normal, como lo es el tenerse que llevarse un dedo justo al lado de la nariz para disimular algún comezón que otro, o el mero hecho de pestañear, o coger con verdadera gana la copa hacia los labios para saborear el brandy, no señor, a Don Armando lo que verdaderamente le privaba era que se le escuchara y aplaudiera, al fin y al cabo no era consciente de lo molesto que podría ser llevado un tiempo, escuchar su increpación, más que sus palabras Las hijas de Don Armando salieron al terrazo, Doña Esperanza permaneció dentro, junto a su esposo, siempre aliada a todo lo que su persona fuera, pero una larga y fina cuerda de bramante los había separado hacía ya mucho tiempo, así es, nada más, y nada menos que la pura realidad, pero eso se habría de ocultar toda la vida, como si cada uno de ellos al amanecer cubrieran el rostro con una bonita careta de porcelana fijada a la piel, y en las noches cada cual, y en el silencio de la habitación las guardaran en la gaveta de la mesita de noche, claro está, con sumo cuidado. Los demás invitados estuvieron un rato dando vueltas por el salón, apurando la bebida para despedirse, no sin antes aplaudir casi por compasión al anfitrión, que estoicamente aguantaba de pie, como si en verdad estuviera en una tarima alzando uno de los dedos afirmando, ofuscado, pero convencido de su repertorio; andaban de vuelta la muchachas, e hicieron señas a su madre para que anduviera al tanto, y provocara por fin que aquella majestuosa y chirriosa obra acabara sin más dilación, y haciendo que bajara su señor padre del ficticio entablado. Los pomos de la puerta giraron después de que todos se hubiesen ido. Y es que ni la sordera, ni las muecas de los invitados para que ese concierto disparatado terminara, pudieron convencerle de que él llevaría la razón dentro de la sinrazón, y más aún que la sordera hiciera de él un hombre más impertinente, si cabe...


lunes, 18 de mayo de 2015

El silencio de los domingos


La idiosincrasia no formaba parte de las costumbres de los señores y señoras que habitaban las casitas que se apoyaban unas en las otras en una línea recta, más bien eran los lazos familiares, los que realmente fueron los que se encargaron de que en cierto modo, surgiera en la cotidianidad de los días el conocerse, mitigar las penas con el consuelo y, sin lugar a dudas, también, un cierto cinismo, o querer saber algo más de lo que sucedía dentro de los hogares, cuando las puertas permanecían cerradas y los cerrojos echados…,

Preferiblemente los domingos eran uno de esos días en que la curiosidad por saber algo de cada cual propiciaba el encuentro en la casa que más flores llevaba en la fachada y en los parterres. Un coche enorme de color oscuro no tardaría en salir, porque el cochecito del bebé y las mantitas  ya se habían colocado en la parte posterior, y las lunas de las ventanas abiertas por el calor; pero eso no distrajo lo suficiente, también el domingo se convertía en un día silencioso, porque las dos naves comerciales cejaban su actividad y sólo los pajarillos acudían y siempre se llevaban algo en sus picos de las alfombras de cortezas de pan tostado o, los restos de algún bote de leche o refresco que, en el momento de desembalar se hubieran escurrido entre los palees; mientras las miradas se dirigían a los tulipanes blancos, y a los geranios, y las retamas de lavanda, una de las mujeres se atusaba el pelo inquieta y propiciaba una verborrea absurda con el fin de poder saber la verdad sobre algunos de los jóvenes de las familias, seguramente esa inquietud, esa curiosidad la hubiera dejado satisfecha todo el día. De modo que su mirada inquisidora y el modo en que jugaba con los dedos de sus manos, debieron descubrirla, si, eso pensó Eulalia, que observaba con agudeza todos sus movimientos, parece que está en trance, se dijo. No se habría conformado con la respuesta añadida, y siguió insistiendo, pero Eulalia se negó por completo a ceder a sus rogativas, a su detestable intriga, que no era otra cosa sino poder  tener un domingo extraordinario, y se hubiera ido doblando la esquina feliz por ello, porque alguien por fin confesara a sus  estúpidas preguntas o, a sus absurdas dudas, qué poco le llena la vida se volvió a decir Eulalia. El peso del mediodía disolvió la extraña reunión y es que no es cuestión de idiosincrasia, quizás costumbres, o vidas malsanas…,

viernes, 15 de mayo de 2015

Es una grave enfermedad descontrolada, es inclemente, es odio y dulzura. Yo deseo ese incesante goteo de perversidad: El amor.

jueves, 14 de mayo de 2015

Bajo la luz de una lámpara




A esas horas nunca duerme, durante la vigilia orbitan a su alrededor un montón de cuerpos estelares, muy brillantes, la hacen sentir la diosa de algún terruño, de esos que se despliegan a lo largo de los viejos caminos. Había pensado en poner un grupo de plañideras en la escena del velatorio, pero le pareció nimio, hasta le sacó una sonrisa algo tímida imaginando a esas señoras con gritos desgarradores por un puñado de monedas, y es que las personas se prestan a casi todo.
Conforme crea un personaje, u otro, retiene entre sus labios un lápiz, juega con él, lo mordisquea ávida, como si se tratara de la piel olorosa y atractiva de un amante, de modo que el cuerpo cilíndrico gira mil veces y al final de la obra queda totalmente espachurrado. Después de cien folios totalmente emborronados, surge la historia que ideaba en su cabeza, tras varias veladas en solitario, sin ningún sonido que pudiera distraer su atención, ni siquiera las ánimas se habían acercado a la ventana para no enturbiar el desatino que le provocaba escribir ciertas historias. Le había parecido buena, estaba satisfecha cuando terminó de escribir el último renglón: Los cirros abarcando el cielo, el dueño de la tienda de ultramarinos tan viejo como un volcán; las putas y los rufianes en la otra calle tres cuadras  más arriba, y los zopilotes revoloteando sobre las cabezas de las gentes para sacarle los cuartos, todo ello un enjambre de imágenes a su antojo, o quizás, la verdad…,

miércoles, 15 de abril de 2015

Le hubiera importado bien poco que la cena se hubiera enfriado



A esas alturas Crispín habría renunciado a tener que cargar con la mochila que durante muchos años había llevado, y  con mucha responsabilidad sobre sus hombros ahora maltrechos. Y es que no es fácil acometer con tantos asuntos, diría yo, y en su conjunto, miles de variopintos y borrascosos asuntos que desde niño le impusieron nada mas nacer.
Salvo la maestra del pueblo con la que supo que en el mundo existían miles de bibliotecas, con miles de libros en sus estanterías, libros, con los que pudo ver otros mundos y otros planetas girando en el universo. También supo que debajo de la tierra se anclaban miles de raíces y que gracias a ello surgían por entre los surcos los árboles con los brazos extendidos al cielo, y miles de fértiles llanuras de trigo y muchas más cosas.
Llegó el día ansiado en el que Crispín se despojaría de ese bloque de cemento que cargaba desde su nacimiento, de modo, que, una vez liberado de tanta responsabilidad sintió tal alivio, que gritó de alegría, si, eso hizo el buen hombre, se desgañitó de tanto gritar y dijo al mundo: ¡Me importa bien poco que la cena se haya enfriado!




lunes, 6 de abril de 2015

Mi árbol de ñame





Ya sabía el tiempo que duraba la travesía, y sin embargo parecía interminable el largo brazo de mar, y mi vista no hallaba la tierra por mucho que mirara el horizonte. Las olas ese día eran totalmente inofensivas, apenas se elevaban, y sus crestas pequeños sombreros coquetos con cintas de seda alrededor, poco habrían de restallar al encontrarse. Un mimo, caricias, todo se limitó a ello, a los arrumacos entre oblongas hojas de salitre; de vez en cuando los rorcuales y los peces voladores hacían llevadero el viaje, casi siempre en cubierta, porque yo desmerecía otro espacio que no fuera ese, cualquier otro sembraría aún mas el caos que me producía el no poder ver la tan ansiada isla, la incertidumbre al pensar si seguía ahí, en medio del inmenso océano, y tan acogedora como el abrazo de una madre, de modo que había merendado y tomado tres o cuatro cafés con la vista fija al horizonte y pensando lo meritorio de emerger desde los profundos y escabrosos, y enigmáticos barrancos del fondo oceánico, definitivamente las horas siguientes hasta la llegada dejaron en mí la sensación de una cómoda y al mismo tiempo expectante espera. 
Los plomizos pasos de algunos señores y señoras al bajar del barco contrastaban con los míos, algo alocados, y luego la frenética carrera que imaginé al llegar a la puerta de desembarco, deseando ver la fila de palmeras en la entrada al puerto, y las pequeñas chalupas fondeadas en la playa de los pescadores, donde tantos veranos había pasado mimetizada según el transcurrir de las horas, y la luz del sol, llegando a formar parte de todo ese maremágnum de seres, de objetos aquí y allá. Un cuatro latas me llevó al pueblo y una vez allí comencé a recorrer el camino hacia el barranco, y ya luego, en el fondo, debajo de la gran roca de piedra negra, el pequeño caserío se adivinaba antes mis ojos y brillaba igual que un puñado de esmeraldas dentro de un cofre plateado, Carola y las demás comadres batían los pañuelos y sus mandiles relucían tan blancos como cien copos de nieve, como si de veras se hubieran cosido en ellos. 
Por fin pude llegar y pisar las baldosas del patio de geranios de mi abuela materna; tuve la sensación de volver a nacer, y más aún, al ver las espléndidas, las grandes y anchas hojas ancladas alrededor del pozo y alrededor de la destiladera; sin duda alguna volveré una y otra vez para recuperar la magia de entonces…,


viernes, 3 de abril de 2015

El catalejo



Rosendo y Eurípides vivían en una isla con techo y así durante muchos años llegaron a pensar eso. Eran unos niños de cierta edad y habían jugado mucho, casi siempre con sus pies desnudos y una camisa para cada uno, roída. Ahora ya llevaban zapatos y otra camisa distinta para cada uno de los dos, era casi nueva. Les habían enseñado a cepillarse la boca después de las comidas, les habían dicho que si terminaban sus tareas a tiempo y si cuidaban  de sus cosas les premiarían a ambos con una gran sorpresa que no tardaría en llegar. Como es natural, los niños de cierta edad sentían una tremenda curiosidad y deseaban mucho que llegara ese día,- seguro que es algo envuelto en papel de celofán, dijo Rosendo- ¡No, no, no!, dijo Eurípides con el ceño fruncido y, con los churretes del puré en la comisura de sus labios, ya reseco; y es que Eurípides siempre había rechazado toda clase de regalos envueltos, los odiaba.
 Por fin el gran día, y para ese día habían estrenado una camisa nueva y unos zapatos nuevos. Apareció aquella señora robusta con un catalejo envuelto en papel celofán en sus manos anchas y entró en la isla como pedro por su casa y silbó para que los niños de cierta edad se presentaran en el patio donde había palmeras y geranios y bancos de madera. Eurípides fue el primero que pudo ver através  de las lentes, pero no le gustó nada y se fue atrás al huerto que tenía la isla y se quedó allí. Ahora le había llegado el turno a Rosendo, se puso de puntillas, y cuando pudo ver lo que había dentro del catalejo, grito espantado al ver el cielo y las estrellas y hasta los dioses del Olimpo y, enseguida se murió de un infarto. Eurípides vivió muchos años más, pero nunca pudo ver el cielo, ni las estrellas, ni los dioses del Olimpo.


No quedan más que las sombras de los pájaros debajo del árbol, Con sus débiles alas desplegadas, con sus picos cerrados… No quedan ...