miércoles, 13 de agosto de 2014

Lo cotidiano

La cinta ondulada sobre la mesa parecía una oruga  sin aliento; una meta conseguida después de horas de angustiosa travesía por entre la vieja madera…,
Eloisa mordisqueaba el lápiz y algunas cintas volvieron a caer en la mesa al retirarlas de la solapa de los sobres. Apenas era totalmente consciente de esos hechos de  manera que, con leves y rápidos gestos sus manos desollaban una tras otra las cintas…,
Aquello sólo era un mecánico hacer, un  trabajo manual, nada introspectivo. De modo que toda esa atmósfera era  imbuida por la gran habitación repleta de folios y folios, de estanterías atestadas de informes. Apenas los  incipientes rayos del sol se colaban por entre la ventana y llegaban justo al centro de la mesa derramando igual que una jarra de agua  vespertinos y bellos halos de luz blanca y ocre…,
Fuera el cotidiano ir y venir de coches, de pasos rápidos que parecieran expuestos  a morir  cayendo por una gran catarata en medio de la selva; todo un maremágnum de miles de lianas cada cual en cada árbol; manos asidas a ellas para llegar a ninguna parte…, Querría entonces que los ojos que habitaban la habitación de la oficina de correos se abrieran y sonrieran cuando se anegara todo de aquel manantial brillante, que cada día se colaba nada más abrir por entre los cristales de la ventana; pero la ceguera de todos era más fuerte que eso, era casi humillante, si, realmente era eso, una ceguera casi humillante.


sábado, 9 de agosto de 2014

El deseo de poder decir





Nunca pudo encontrar para él  alguna palabra que contuviera todo lo que encierra un universo; de modo que, la casa con tejado y porche y una gran salita y una cocina ancha, donde los alimentos aguardan en la despensa en gran abundancia, y el bello jardín con flores adornando, parece mas grande si cabe, más vertiginoso el transcurrir de los días..., dijo ella. Seguramente la puesta de sol o un café  no fueron lo bastante trascendental..., volvió a decir.

jueves, 7 de agosto de 2014

El morir



Las escalinatas que a un lado y al otro habían sido desplegadas y con el armazón de un cemento gris esperaban a que los miles de pasos dejaran las huellas impregnadas en cada peldaño, el constante pisotear casi humillante, sin rastro de benevolencia; siquiera un respiro…, por lo tanto era igual que un pasaje bíblico, realmente eso era, un folio escrito con la certeza de que todo lo que contenía era cierto…, peldaños a un lado y otro dando la bienvenida a lo que sería un tratado firmemente acordado durante todos los siglos en que hubiere existido la gran nave que gira en un espacio inmenso de Pléyades; un acuerdo unánime, si. Obuses circundan el cielo dejando estelas de fuego; la atestada cuidad se inunda de crispación, de humeantes chimeneas que escupen capas y capas de humo gris y los mercados repletos de ojos buscando esto o aquello…, al final siempre hay un acuerdo, un pasaje bíblico donde se escribe el último aliento; luego entonces el silencio, la última trova: Fenecer.

viernes, 1 de agosto de 2014

Diario de mariposas



Hoy, y casi por primera vez me siento responsable, ciertamente eso, responsable de participar en mi vida y dejar que todas las mariposas tristes que se hubieran instalado muchos años atrás, en cada rincón, en cada quicio de ventanas, en ese pecho  desolado y teñido de vid roja, si, ahí permanecieron ellas sin batir sus sedosas alas, sin el mas mínimo decoro por brillar, por mostrar toda su opulencia, la grandeza de ser mariposa y, esperar que el sol hubiese salido para convertirse en un ramillete de flores de colores y adornar parterres. Responsable de la locura que he llevado encerrada y que ha brotado y ha gritado junto al silencio de las horas; por lo tanto querido espejismo: He conseguido alcanzar la realidad que tan afuera no se encuentra, allí, en la ancha avenida de palmeras, de coches..., De modo que mi responsabilidad es tanta, que cuando veo reflejada mi imagen ante el espejo, la sonrisa de ella es mi sonrisa..., la responsabilidad de guiarme y adentrarme en ese inmenso piélago y dejar que sus olas acaricien los pechos que amamantaron y que mezan y mimen todos los posibles pensamientos que, ahora afloran a las anchas calles, antes cubiertos de una capa gris..., 
La mesa con mantel  preparada, y todos los comensales esperan que baje por la escalera, como siempre, sonriente, pero ahora  las mariposas revolotean por toda la salita, en cada una de las cabezas; en la sopa; en el estofado de cordero; en las copas labradas con el vino rojo; en el postre de arándanos...,


De los casos de la vida

Una rémora parecía, a cada paso que daba, la rémora seguía ahí, viviendo de ella, alimentándose de ella, de sus pertenencias, aho...