domingo, 12 de julio de 2015

De tratados y sueños




El aire del ventilador hizo que el visillo se alzara como la vela de un bergantín  y los folios amontonados volaran hacia el techo propulsados por un cohete mágico, hojarascas ondeando por la habitación, con los nombres escritos de aquellos que un día firmaron algún pacto, una alianza entre los vecinos de un lado y otro, probablemente un acuerdo para el riego de las tierras…,
Por esos días Dolores Sánchez se hallaba en la ciudad en unos bonitos apartamentos, chiquitos, pero bien situados. El maletín de piel de cabra estaba repleto de esos folios itinerantes, folios viajeros, pergaminos escritos de su puño y letra, además, las cartas, las viejas cartas que aún conservaba, y que, por nada del mundo se habría desprendido de ellas:

“Hace tanto que me he ido y, tanto que deseo volver a verte”

“¿Recuerdas las medias lunas? “

“Ramón dice que la yegua está a punto de parir, quise decírtelo antes que nadie, se que te hará muy feliz el hecho del nacimiento del potrillo de Azalea”.

Vuelve a mi lado, a París, o donde tú desees, te espero, te esperaré siempre, tuya que te quiere: Josefa.”

Algunas de las frases de aquellas cartas se habían grabado en su cabeza, como cuando hubo de memorizar la tabla de multiplicar o, cuando hubo de aprender a contar las ovejas de la granja de Eustaquio, de chiquita. Por eso no quería que se apolillaran, por eso las tenía como un diamante que brilla al sol  cuando éste clava un dedo ardiente en él.
Dolores Sánchez tomó el camino de vuelta, porque ya había  registrado oficialmente aquel tan importante asunto y, que con tanto gusto le habían encomendado por ser la mediadora, la pacificadora…,
No fue suficiente tomar un viejo taxi hasta llegar al apartamentito, por lo que hubo de caminar unos tramos, y surgió un soliloquio que la mantuvo entretenida por la calleja de en medio. !Ah, vida!, se dijo, te echo de menos, volvió a decir, el anciano trompetista de la esquina la miró con complicidad y le lanzó  un guiño, ella, hizo lo mismo.


No quedan más que las sombras de los pájaros debajo del árbol, Con sus débiles alas desplegadas, con sus picos cerrados… No quedan ...