martes, 8 de octubre de 2019

Retales y otras inquietudes



Más, hallé por azar aquella estela
de letras abotonadas de relatos e inquietudes,
que los tinteros parecen tener vida..,
Diría pues más que eso,
diría que llevan siglos pastando letras
versos trotando…
anclados en las hojas, en las paredes de cualquier muro
de graffiti escritas palabras y resonando por costumbre,
y aquel que se deje llevar a tragos como el buen vino,
apuesta los duros con tal de dejarse llevar,
apuesta hasta los sueños por querer parar un rato,
a contemplar un tintero y una pluma,
de inquietudes pespuntes en los folios…
Como una mosca se muere en la miel,
se quedó una naúfraga tallada de antaño.
Más no era sirena, no era Afrodita,
Era más bien un pasajero tiempo,
venido de otra época por si en algún instante,
fuese advertida por sus ojos al mirar,
por una palabra, quizás un verso perdido.
Más dijo: os juro si aún se escriban versos,
en esa otra vida hallaré el mismo camino
anclado al tiempo olvido,
por reencontrar
y yacer entre mariposas ,
en la esbeltez del trigo...

sábado, 5 de octubre de 2019

Una vez Fridonia








El general Teódulo se había auto proclamado jefe del estado. Atusando el bigote frente al espejo sonreía por el logro alcanzado. La soberbia se le atragantaba desde las entrañas hasta una sonrisa cínica y perversa. Mandó servir la cena: codornices guisadas con naranjas, cestas de hojaldre rellenas de paté de ganso , un buen vino mandado pedir expresamente desde las laderas vinicolas de Larnaca, coñac con solera y puros de la habana.
Luego vendría una de las sirvientas: una muchacha que no pasaba de los dieciocho años y haciendo un gesto de reverencia tuvo que aprobar los antojos de Teodulo, más por no quedar sin pan ni rancho, dado que algún dinero recibía de vez en cuando y que por esa causa sus padres y hermanos tendrían la suerte de calentar sus estómagos, que por tener que despojarse de la bata y el mandil, y dejar que la tomara como si fuese el postre. El general había sobrevivido a la guerra que había dejado a Fridonia en una ruina una hambruna sobrevino a la población: cartillas de racionamiento de alimentos, y lo peor la opresión por medidas políticas que cada día cambiaba a su antojo el general mientras jugaba a las cartas con sus camaradas. Se jugaba no su cuello, que hubiera estado acertado, se jugaba las cabezas de quienes habitaban el país. Si había que fusilar a alguien con la indolencia propia de un dictador, un sicario golpeaba con los nudillos en una puerta cualquiera y se llevaban al primer varón que estuviese dentro. Tan fácil como recorrer la calle hasta el peñasco para darle el disparo certero que reventaría los sesos y si el moribundo aún quedaba con algún hilo de vida se le remataba con otro disparo.
Se ha muerto de unas fiebres decía la viuda cuando los allegados preguntaban por él. Todos sabían, nadie decía nada, las palabras se quedaban dentro como una mala digestión. La rabia contenida y el miedo comulgaban a la par. El olor del muerto impregnado en la ropa que quedó en el hogar era lo único que la viuda tenía como consuelo, porque jamás supo de él y cada noche tenía que morderse los labios para que el chirrido de sus dientes de llanto no se escuchara en el silencio de las madrugadas por las milicias que rondaban después del toque de queda.

Un aire abrasador salía de los pulmones del general cada vez que pensaba, cada vez que se enteraba de que en el país en alguna casa o finca se reunieran los desertores de la opresión y el hambre, y para poder sosegarse pedía los favores de cualquier muchacha de la servidumbre: era de un gusto repugnante por parte del general andar a gatas alrededor de la alcoba y rebuznar con burla como venganza a los que proclamaran la libertad, mientras tanto la muchacha hierática y con frío esperaba los antojos de aquel hombre rechoncho de poca estatura que para aparentar la apariencia de un mandatario regio dejaba que el bigote se explayara encima de su boca como si lo hubiera mandado grabar a fuego, pero soñaba pesadillas a menudo habría los ojos los restregaba por si hubiera sido una alucinación se le hacia un cerco en la habitación cada vez más ancho de rostros pálidos, de cuerpos roídos de palos, de vómitos provocados por la tuberculosis, una amalgama de muertos desfilaban delante del general que ya casi no podía controlar sus sueños. No sabía cómo resolver esa situación que le descomponía los intestinos, y es que no es lo mismo ser general de Fridonia someter a un pueblo con latigazos de miedo, que enfrentarse a sus propios monstruos.

Aún hoy en día se debate en qué lugar poder dejar los restos del que fue el tirano.







viernes, 4 de octubre de 2019



Como la música de un piano a lo lejos de mis ojos,

se ve la mañana lenta-mente, discurrir...

Noy hay gorriones en aquel parque,

se han suicidado por el tedio la  basura del aire que respiraban.




Como todos los días hoy es un día más,

gris, con sol, con lluvia, frío, calor.



Es que estamos perdidos mi querido confidente.

sábado, 28 de septiembre de 2019

Mi sueño catastrófico




Siempre soñaré, siempre soñaré,

ya se viene mi partida andando sobre los tejados.

La ráfaga de aire hace que baile el tul de la ventana,

sin embargo no llevo miedo en mis huesos,

Ese piano de recuerdos,

niños, niños, ambiente de risas en la salita,


La vida parece ser un cuento,

aún tengo tantas dudas...







jueves, 22 de agosto de 2019

Ensoñación




Un cúmulo de nubes se ha fugado

dejando un desierto con retamas secas...

El aliento de aquel fantasma en mi cara,

a logrado que viviera una noche de vigilia


Posiblemente esta noche quiera hacerlo de nuevo,

pero yo no estaré...

domingo, 11 de agosto de 2019

Falsos profetas




Las iguanas han bajado de sus asientos rocosos,

saben que habrá un gran funeral,

En realidad es una gran fiesta hipócrita,

una cruz de palo de escoba, y santiguarse,

¿Has visto, siquiera una lágrima? Si que la hay... es colirio.



miércoles, 7 de agosto de 2019

Ocurrencias de las cosas y causas





En el tintero habría una rosa de rafia, es significativo que esa pieza tan especial haya sido lugar donde algo hermoso reposa. Como los sueños cuando habita un cercado de estrellas, un bosque.
El soplo de aire se ha colado por dos ventanales, ahora avanza para dejarse caer como un pañuelo de seda sobre el escritorio, que ha permanecido un tiempo considerable sin manos que lo toquen, sin historias en los folios ausentes.

De una ciudad que considerablemente se me antoja triste, gris, sin la propia esbeltez que hubiera podido conservar, por sus monumentos, por aquel café donde años atrás las tertulias fluían igual que el batir de alas de mariposas. Pero las perpetuas charlas de cada día, de los días de ahora, son como miles de moscas que se quedan atrapadas en una botella de vinagre, que alguien había dejado sin tapa. ¿Se imaginan cómo suenan?, esas charlas tan poco agraciadas: que si el tiempo está cambiando, que aquella señora, la dueña de la panadería se ha quedado viuda. Es como si el colesterol malo aumentara de golpe y porrazo. Son conversaciones que no llevan a ninguna parte: tan vacuas.

La situación que describo, el del tintero y la rosa es motivada en parte por la casualidad de que la ventana estuviera abierta, y que el día se me antojara color violeta, y que ese soplo de aire fresco haya recorrido sutilmente mi escritorio, mientras tomaba un café negro y corto.
Una situación adversa, aunque gratificada por la diversidad de colores en los rostros de los transeúntes, como un arco de iris provocado por las gotas de vapor de esa atmósfera bendecida por los dioses. Como quiera que resultara mi visión ante el glorioso momento, tuve la oportunidad de comprobar el girar de esa ruleta que es la cotidianidad de los días, un gran espectáculo, que en algunas ocasiones se podría enmarcar. Lo cierto es que la charlatanería no pasa de moda, la verborrea insulsa se hereda de generación en generación. No es menosprecio, es quizás el poco afecto que sentimos por las cosas realmente importantes, interesantes. Trato de no hacer apología en lo que se refiera a exaltar en demasía lo correcto, lo formal, lo instructivo. En cierto modo, y alejando las mediocridades en general, siempre se aprende algo de lo vulgar, aunque parezca kafkiano.



He decidido dejar la rosa en el tintero, el buró de nogal se merece un regalo. Alguien creó historias, escribió cartas durante largo tiempo; las cosas también se merecen un reposo, una vez alcanzado el propósito para el que fueron creadas. De modo, que una vez haya visto semejante belleza, cierro la puerta, y dejo que la brisa siga columpiándose como un hada caprichosa, confieso que la otomana me gustó en demasía...




















Retales y otras inquietudes

Más, hallé por azar aquella estela de letras abotonadas de relatos e inquietudes, que los tinteros parecen tener vida.., Diría p...