Aplausos


Nada más alentador que un aplauso. Pero cuando se repiten por compromiso la vanidad de aquell@s que los reciben se convierte en un monstruo devastador.


María Gladys Estévez.

miércoles, 27 de enero de 2021

Yacer

 





Y si un día me llevase el Ángel negro,

que por querer desear-lo ,

no sería un infierno, sería un beso.

Yo, y mi muerte estarían aseguradas,

pues en su cama de fuego yace mi cuerpo.



martes, 26 de enero de 2021

DEVOLVEDME LA MUERTE

 

Mis pies descalzos caminan

 por yuyales húmedos.

Nadie ve, nadie escucha,

y cómo he de morir ,

en el fango cuando llueve,

amasando la tierra.


Allá se oyen murmullos,

nada más.

Y yo sigo por muchos años,

en este lago, que a veces,

como un castigo prohíbe que muera..


lunes, 25 de enero de 2021

EL FERROCARRIL

 


Bueno, ya estamos todos y, en referencia a que si trataremos sobre las dificultades que en estos momentos están surgiendo; dado que la línea del ferrocarril se ha disipado, como humo que sale de una cachimba, porque las obras no han ido como se esperaba. Si, y hasta que no se solucione no nos iremos de aquí, aunque caiga la tarde, aunque llegue la noche con su manto cubriendo la casa. 


Dejé la compra en casa de un vecino. No he atendido el jardín. Aquel vestido que tanto me gusta ya no está en el escaparate, espero que haya más... (Pensaba todo eso mientras alargaba la mano para coger la taza de té).

De modo que, intentaremos dejar resuelto el tema. Tiene una importancia bastante relevante, dijo alguien. En realidad hay muchas cosas que tienen esa prioridad, porque por poner un ejemplo si la tierra no se labra no habrá cosecha, no habría alimentos. 

Hay tratados, asuntos, reuniones para solucionar esto y aquello. En la medida de lo posible se van resolviendo dependiendo eso si del grado de lucidez y capacidad para emprender todo ello.

Los desayunos en las casas a primera hora de la mañana son prioritarios. Cada cual es su silla. Panecillos, mantequilla, mermelada de arándanos. Una pequeña cesta de mimbre en el centro con todo ello. Tazas de porcelana, cucharillas. Alguien se distrae admirando la luz del sol, alguien reprende para que siga desayunando. Probablemente se arreglarían para ir cada cual a su destino. Cogerían el bus, o su propio coche. 


Entonces sólo falta informar a los responsables del ferrocarril, les haremos llegar el informe. Por lo pronto todo arreglado.

¿Para cuando la boda?, dijo Emi.


- No habrá boda. 


- !Qué disgusto!


- No, no es un disgusto. Sencillamente no habrá boda.


viernes, 22 de enero de 2021

El violín

 


A cualquier hora que una hiciera esto, o aquello desde el balcón podía escuchar perfectamente la música, más bien un musical sonido.


-Son doce en total, dijo Eulalia.

Porque habían ido al mercado a por verduras y unas ostras.

-¿El qué son doce, repliqué?

-Las ostras, dijo Eulalia.


Mientras sucedía eso aparté el visillo por ver al muchacho, con unos dedos blancos, e impecables. Ver el modo en que ejercitaba el violín, un modo realmente explosivo. Su cabello castaño claro y abundante, un cuerpo delicado; la expresión de su rostro reflejaba el todo. Como un ángel que bajara a la tierra y curiosear. Tocar tan magníficamente ese instrumento de dioses.

Tendrían que ser par, las otras, por costumbres antiguas, así debería ser. Doce ostras.

Casi sin pestañear esperó a que el muchacho terminara el concierto.

Ahora la música se elevaría alto, muy alto porque una brisa se había introducido por la ventana. Trascendía  donde lo pájaros migratorios, que de vez, en cuando, se quedan en los grandes charcos de agua promovidos por la mano del hombre, socavando la tierra. La naturalidad de la naturaleza hace hogares. De modo que, allí algunas de ellas permanecerían un tiempo, anidarían, para luego volver a las alturas, seguir su camino.


-Están muy frescas, dijo Eulalia.


.-Asintió con la cabeza sin quitar la vista de un concierto espectacular. Como las mareas que rebosan y traspasan desde la arena a cualquier montículo, roca, para luego estallar estrepitosamente contra ellas. 

Abrió los ojos con cierta inquietud, porque por unos momentos el muchacho había desaparecido del punto de mira. 


-Quizás tiene hambre, o tal vez, a otros quehaceres, se dijo.


Después de unos pocos minutos volvió.


Y con una sonrisa plena se dijo: !Volvió¡


Con complacencia admiraba aquel chico con manos blancas como la nieve, con dedos delicados, absorto en un mundo que crece en el alma, un mundo cuyas raíces crecen en el interior. Un plano distinto a muchos...



¿Te parece si empezamos?, dijo Eulalia.


¿A qué?, le respondí.


A comer esas ostras divinas.


Vale, si. (con el desconsuelo de no poder terminar de ver el concierto).




 


SUPREMACÍA

 


Un latir, un latir de corazón, se dijo cuando se vió entre la niebla. El espesor, la arboleda. La soledad.

A medida que se deslizaba por la planicie podía sentir eso, latidos. Como si de un mundo diferente se tratara. La sangre de los árboles recorrían sus raíces, sus ramas, sus hojas en un compás perfecto. Una orquesta con su director marcando las notas, ahora dos, o tres, aquí, ahora otras allí. 

Entre ramas algún rayo débil se colaba acariciando el grito silencioso de ellas. A veces la congoja mientras seguía avanzando, otras la paz y la felicidad por ver la hermosura que regala la tierra. 

Hades debajo de las raíces para su tormento, por tener que latir enterradas,(Nadie escucha, nadie sabe cómo viven), quizás su sino . 

Ahora se sumerge aún más en el espesor de la niebla, de la arboleda. Pero los Titanes esperan.

Es la realidad. Es nuestro sino también...


jueves, 21 de enero de 2021

Cuando los pájaros llegan

 


Pensó que, aunque no tenía gana de levantarse porque el sueño había atrapado su cuerpo, (La manta de lana tan cálida como un beso), lo hizo.Lo primero que escuchó fue el rugir de las olas. Un mar que amanecía un poco agitado. Por esos días el batir de alas espumosas estallan estrepitosamente contra las rocas y como una fuente dispersa miles de gotas alrededor del faro. 

De modo que subió la escalera de caracol después de haber tomado un café y una corteza de pan con mantequilla. Desde arriba todo se veía deslumbrante. Estiró los brazos y bostezó, y al hacerlo el sol entró, entraron los albatros; el perfume de las algas. Y una débil luz de luna que ya se había retirado para dar paso al mago de la luz.

Los pájaros se arremolinaban alrededor del faro como chiquillos cuando salen al recreo, y más porque las migas de pan nunca faltaban.

Un barco pirata se acercaba lentamente. Con su capitán y toda la tripulación. El arreciar de la mar dificultaba muy mucho que el viejo barco apolillado se acercara. Lo intentaron varias veces sin poder dominar el mundo de poseidón. A pesar del empeño, de las órdenes de acercamiento, al final tuvieron que retirarse tan lentamente como llegaron. Los estuvo observando todo el tiempo, (Una sonrisa pícara se dibujó), hasta que su vista alcanzó. Ya era costumbre de verlos. Pasaban de tarde, en tarde, pero pasaban. 

Después del mediodía se dedicó a limpiar unos platos, y claro está las lentes de Fresnel, meticulosamente, cariñosamente.


Los haces de luz que un día conquistaron su corazón. Como hadas caprichosas...







miércoles, 20 de enero de 2021

El carmín en el borde de una taza de té

 


Como quiera que a veces algunas situaciones en nuestras vidas requieran, por ejemplo, tener que cambiar de ciudad, o de dejar de usar aquella gabardina que tanto cariño le teníamos, sucede que así, porque sí, nos encontramos en una cómoda butaca tomando un té de hibisco.

En esos instantes los pormenores se esfuman de nuestras cabezas, sólo concentramos nuestro pensamiento en el disfrutar de ese sabor agradable que aromatiza nuestra lengua, garganta y porqué no, hasta nuestra alma.


Todo eso había dejado escrito en un folio sobre la mesa. Quizás una reflexión, o eso pensó; pero es que la situación invitaba a ello.

A cada sorbo el sello de carmín se dejaba ver con más intensidad, tanto, que tuvo que volver a trazar el color en los labios.

Se entretuvo en el vuelo de las andorinas, que en bandadas parecían acacias, ahora irían a un lado, ahora al otro. Bandadas de pajarillos, que quizás anunciaban que el viento pronto llegaría por esos lares.

Se entretuvo igualmente porque había visto no muy lejos de la estancia  a un viejo amigo, (amigo de la infancia. Las infancias deberían ser eternas), y claro está que se saludaron y conversaron horas. Un buen comienzo de semana, pensó. Mientras, la taza de té ya parecía una joya con los bordes ribeteados de ese color fresa.



Ballade pour Sophie

Ballade pour Sophie

Se habían despedido el mismo día en que se encontraron, solo que, ninguno de ellos lo sabría hasta pasado unos años, en que, l...