jueves, 24 de diciembre de 2015

Costumbres


Había dicho que comprar regalos para su sobrina era como si en verdad su regreso para la niña no significara nada, y que el regalo supliría esa ausencia, por lo tanto se negó, aunque al final cedió.
Un regalo envuelto en papel de dibujos de caballitos y globos, que nunca llegaría a las manos de la niña, porque en su empeño consideró donarlo para a alguna familia sin recursos, porque había sido recibido de una forma un tanto desagradable; la excusa de la señora, madre de la criatura fue, que la niña estaba dormida y en esa casa se respetaba los horarios muy mucho. El muchacho, que había venido de un largo viaje y tío de la niña, no hizo alusión alguna al comentario y volvió al coche, muy arrepentido por renunciar a sus principios. El cariño de los niños no se compra, pensó, y de eso estaba muy seguro, tanto, como cuando una fórmula matemática da unos resultados excelentes y muy positivos.
Sus teorías casi siempre quedaban confirmadas, en eso pocas personas se atrevían a retarlo, pero la criaturita era ajena a todo aquello, nada sabía de cosas de mayores, de lo complicado que resulta a veces conformar a las personas, de coincidir en algunos razonamientos y modos de vivir la vida, en como educar a los niños, de  modo que los argumentos cayeron en saco roto; la puerta había dado en las narices de chico, (como si una tarjeta  de stop pendiera de ella).


Hay una vacante

Le atrajo mucho el anuncio, y es que con estos tiempos que corren el mejor de los regalos a mi entender, es tener un empleo. Tomó...