viernes, 12 de mayo de 2017

Hay una vacante




Le atrajo mucho el anuncio, y es que con estos tiempos que corren el mejor de los regalos a mi entender, es tener un empleo. Tomó nota del número de teléfono, y de la dirección correcta en que tendría que acudir para entregar su informe curricular…
Le habían dicho que la plaza que ocuparía tendría buenas vistas al mar, y que lamentablemente la persona que la había ocupado hasta el momento, había fallecido.
Anatolio trabajaba hasta altas horas de la madrugada, gracias a él la empresa obtenía unos resultados impresionantes, alcanzaba unas cuotas en el mercado muy generosas.
Él se desvivía por la empresa, sobre todo, porque el jefe le premiaba dos veces al mes con un viaje y todos los gastos pagados, incluido hotel, y todas las comodidades: Caprichos, etc.

Lo que nadie sabía es que Anatolio propinaba un día sí, y otro no, palizas a su esposa, quizás por el mero hecho de sentir placer o simplemente porque era un hijo de mala cosecha. Pero Arminda, un día, se cansó, no de las palizas, no de él, se cansó de ser cobarde, de sentirse poca cosa, de modo que, actuó, así, sin más. Como cuando los forajidos se enfrentar en la misma calle, con las pistolas puestas, con las botas bien lustradas, y disparan mirándose a los ojos, alguno cae en la arena, con la mueca repelente y los ojos como globos de rabia…


Un veintitrés de noviembre encontraron el cuerpo, retorcido, de rabia y de muerte.

miércoles, 10 de mayo de 2017

De olvidos





El zapato derecho, en el pie izquierdo, y una magnolia en el pelo. Sonríe ante el espejo redondo con marco de bronce, en el pasillo…A veces se vuelve,

Escupe en el bordillo de la baranda que llega a la azotea, con la cara de pilla, con el pelo negro como la pez; con las manos arrugadas y resecas. Como una niña traviesa escupe a las cabezas de las limpiadoras. Lavan la ropa en la piedra, le regañan. Sonríe.
Ella recorre el pasillo hasta el final, donde el patio, y vuelve tras sus pasos, una y otra vez, varias veces al día. Esa pared de recuerdos: Retratos; un mar azul con olas; cuadros aquí y allá. Hay una mancha en la esquina, cerca del techo; ella se fija y sus ojos se abren sorprendidos, parece una luna, se dice, o quizás un farol de aceite, vuelve a decir…A veces la mancha es redonda, otras, con aristas, pero es una luna o una lámpara de aceite...
Se ha olvidado de los geranios, se ha olvidado de comer. Se olvida. Pero llega al fondo del pasillo: El patio de geranios, con la silla a un lado, y los dedos del sol que se adentran, por la mañana, por la tarde. Gotea una lágrima, gotea otra, de sus ojos, pero sonríe, pero no sabe bien lo que sucede. Los niños están en la cocina con mamá y las voces se le antojan pinzones azules, en aquel árbol de su memoria, de bajo de la gran roca, las casitas, blancas, con tejado; corren a verla, expectantes por si se gira, por si los conoce, algún gesto, un guiño, algo que haga que ella abra los brazos, para todos.
Pero no, nada, siquiera el pequeñito le es conocido, lo besa, pero no hay mueca; en su boca, hay silencio.

La llevan por la avenida, y cruzan la calle, a la tienda de sombreros, no quiere caminar, pero la llevan de la mano. Aquellas personas se sorprenden, al verla sonriente, con el mandil verde, de flores.
La papilla le sale por la esquina de la boca, es un hilo de baba que recorre el cuello, el pecho, y se queda en su regazo, como si fuera un tesoro, pero es una pasta sosa, sin color, sin sabor. Pide pollo, pero nadie le da, siquiera un pedazo, ella lo ha visto, en la mesa, es dorado, con purpurina.

En el lomo de las sardinas hay un montón de pequeñas estrellas, sonríe porque es divertido, no sabe de donde vienen, pero le gustan.
En el techo de la habitación aparecen de vez en cuando luminarias. No quiere dormir hasta que no se van.
Estas recorren casi toda la habitación, se deslizan por las paredes. Tienen pequeñas alas transparentes, y algunas se escapan por la ventana, cuando los postigos están abiertos.
Y tampoco quiere dormirse hasta que la tela de araña deje de balancearse…es un precioso jersey, con adornos, pero aún le falta la sisa, seguramente falta hilo, se pregunta.


Mientras duerme, sueña con el barranco, con la gran roca. Un inmenso piélago de estrellas, arriba, en el cielo. Corre veloz como un potrillo, con las trenzas negras y dispares, con los zapatitos roídos. Los almendros en flor, la comida en la casa: Gofio, papas barqueras, mojo, atún. El agua fluye desde la montaña, los cabritillos corren para abrevar. Los surcos en la tierra llenos de semillas. Los sueños de niña, el futuro.
Pero nadie sabrá, lo que ella soñó, la noche anterior...


lunes, 24 de abril de 2017

Se habre el telón


Se abre el telón

El primer día te comen los nervios, si, si, te comen literalmente; y es que, cuando una se halla en el escenario, no solo te comen los nervios una sola vez, no, no, no. Todas la veces que tengas que salir e interpretar, dar vida a un personaje, cantar, gesticular..
Afortunadamente aquel bichito que te comía las entrañas desaparece, se esfuma igual que el humo de un cigarrillo. Unas horas antes ha habido un pequeño ensayo, eso apacigua algo el momento en que te ofreces en cuerpo y alma para que el personaje que llevas dentro resurja y tú, te quedas a un lado, en silencio. Pero antes de eso hay que vestirlo, hay que maquillarlo, hay que darle vida, eso es algo maravilloso. Una vez que hayas dispuesto a tu personaje, te miras al espejo y créanme señores y señoras, que quien sonríe o llora en esos momentos, ya no soy yo, no, es ella, o él : Una dama arrogante; una señora misteriosa que proviene de los bajos fondos, o del más allá. El caso es que pasas a un segundo plano, porque tu personaje tiene, si se lo propone, alas para volar. Una vez, una jueza me guiñó el ojo, si, si a mi. Estuve sin poder pestañear unos segundos, porque allí, el espejo, estaba ella, guiñándome un ojo con un desparpajo impresionante…¿Soy yo?, Me dije. Soy yo, me dijo la jueza, seria, y al mismo tiempo con cierto descaro.

¿Le he hablado del camerino?, no creo que no.. pues el camerino es el refugio de los actores, de los cantantes, de los mimos, etc..
Es un cálido lugar en el que una se siente acogida, protegida. La bolsa en el suelo, y en las perchas: las capas, los tirantes enormes; los sombreros; el vestido de lentejuelas; el habito; la toga y demás vestuarios...que desean tu cuerpo, desean tus ojos, tu voz , tus manos, tus piernas, toda tu piel; pero ¡oh! el camerino, en cierto modo, parece como si una estuviera en casa, tomando un café, mientras prepara los accesorios , con delicadeza, con mimo. El atrezo está dispuesto entonces…
¿Quieren escuchar la historia de Nora? Nora no era yo, era ella, Nora; una vez que la vestí, y, una vez que la maquillé mirándome a la cara frente al espejo.
Hace un tiempo tuve que crearla a ella, a esa señora que moría en los brazos de un caballero: La escena fue poco motivadora diría yo. Pero si fue expectante, y algo aterradora. Voy a tratar de recordar al personaje: No era enjuta, para nada, no tenía el pelo largo, no fumaba; eso si, era el animal más bello del mundo. Pero no era Julieta, ni era Lady Macbeth, era ¡Nora! Si, era ella, la mujer que en su castillo, en el sótano, guardaba miles y miles de cabezas humanas, cabezas con pelo, sin pelo, y calaveras con las cuencas de los ojos como cuevas roídas por el tiempo, o por las ratas. Su siniestro castillo se hallaba en lo profundo del mar y no en una colina, ¿Curioso, no? Pero así es el mundo de la magia del teatro. Me encantan los guionistas, los que se atreven con casi todo, son personas venidas de otro mundo, o eso pienso yo, claro…
Nora desbastó una ciudad entera de cabezas. Todas las cabezas de todos los señores: Las cabezas de los panaderos, las cabezas de los abogados, de los que gestionaban la política de aquella preciosa ciudad, y un sinfín número de personas dedicadas a sus menesteres…
He de reconocer que fue un papel impresionante. Tuvieron que pasar unos días para poder convencerme a mi misma que Nora era ella. De modo que, un día un caballero le quitó la vida, pero antes la sedujo, y cuando ya la tenía en sus brazos le clavó un puñal justo en el corazón, se lo partió en cuatro mitades, pero el infortunado caballero, aún en el mismo acto de hendir el puñal, ya se hallaba desprovisto de su preciosa cabeza; !qué brillante era Nora¡ qué inteligencia la suya de asesina. Él también murió, claro está...


viernes, 21 de abril de 2017





Regresó.. mi vida, mi alma,

por esa puerta entró mi hijo, de mis entrañas...

te quiero, te quiero, te quiero, le dije: abrumador pensamiento, Te dejé nacer, me dejaste ser madre de ti..

con los ojos, mis ojos, de niño rubio pelo dorado,

Regresó mi vida... mi alma...

Mi niño está aquí, en casa, otra vez...

Te amamanté, te quise sin tú nacer, te quise ya, te quiero siempre...

Mi niño está aquí, en casa, otra vez...

Un hombre, un niño..

miércoles, 5 de abril de 2017

Momento mágico



Dicen que cada cual ha de descubrir su momento mágico. Dicen, dicen, y dicen bien, porque a mi lo que en realidad me gusta, es dejarme ir a cualquier sitio, dejarme caer y romperme los huesos, y ser un diamante rojo, o una inmensa mariposa blanca y sonriente, y feliz , feliz, del todo...
No me gusta hablar de la magia como el poder de destruir, de avasallar, de someter, adoctrinar a un mundo entero. El poder negativo de la magia lo dejamos para otro día. Por cierto, acabo de acordarme de Merlín que, según la leyenda, fue engendrado por un demonio y por una monja. ¿Menuda mezcla no? A saber cómo emplearía su magia el hombre, ¿no les parece?

Me gustaría charlar con alguien, por ejemplo, hoy, que es un día propicio para ello, no solo por el buen tiempo:" Un sol espléndido que asoma travieso tostando las narices de cada cual"; me gustaría una de esas largas tertulias, de esas que, al fin y al cabo, son las que, en mi opinión, pueda caber la dichosa magia, y es que cuando hablamos de esto o aquello disfrutando de alguna copa, o porqué no, simplemente de un agua como ahora se denomina, un agua con limón. En esos momentos lo que quiero es morirme de risa, yo lo que quiero es llevar una pamela roja, y volverme loca por la vida.

Quiero llorar también por la cruel vida, por mis malos momentos, si, si, eso llorar… llorar alto para ser escuchada. Porque eso de llorar en silencio es de cobardes, aunque se empeñen en decir lo contrario: “La valentía de una persona es llorar en silencio, es enjugar las lágrimas, tener una aparente calma ante las adversidades” De eso nada. Yo quiero patalear, quiero estar una semana en la selva y danzar de un lado a otro agarrada a una liana, y tener como mejor amigo a un simio… Quiero vagar en un antro rodeada de canallas, sorber el mejor whisky, ese que hace que se ponga roja la garganta, un buen whisky seco, sin más. Que me tengan que echar de allí, aunque se me olviden los tacones, aunque las medias estén rotas,magulladas por el deseo…

Yo lo que quiero es amar a Van Morrison, que sus tragos sean los míos también. Llevarme una escalera y visitar a Janis Joplin, y besarla, y abrazarme a ella, como si fuera yo, o ella, yo. Y bajar juntas al infierno y quemarnos de tanto pecado, de tanto derroche… de bajar otra planta más, y enredarnos entre la raíces más bonitas, las que llevan toda la melaza de la vida dentro…
Quiero se culpable de ser loca, porque si, porque ya son bastantes los que se han sentido culpable por nada, yo quiero ser culpable de fumar porros, de ahogarme en los jugos de un amante. Quiero morir mil veces, porque es tan revolucionaria la forma que he elegido de vivir, que siquiera tiene barreras.. y es que la vida es revolución, la vida es eso que te quema por dentro, la vida es una preciosa putada...


viernes, 10 de marzo de 2017


Llegué a casa,  los gatos dormían y los mirlos se acurrucaban en las ramas del drago, y el algún cardón...
Un puntapié, y la puerta ya estaba cerrada. Pero aunque ya me había deshecho de esos malditos y preciosos tacones, aún quedaba la falda de tubo y la blusa con lazada, y las medias. Y las ganas locas de una ducha caliente, una ducha de esas que acarician cada centímetro de la piel y se hace un río que lame el rostro, y casi fustiga la cintura, la espalda, los muslos y más...
Borracha de todo me vine, me vine con las ganas de alguien que no quiere desaprovechar siquiera un instante de loca vida; de parlotear esto o aquello. Una copa, otra, una mirada, otra. Un gesto... mmm un, gesto. J...
Me senté, y las medias se deslizaron como cuando las gotas del rocío recorren la hoja, verde, húmeda... acariciando y cayendo al suelo, hasta posarse en la baldosa perlada de cuadros negros...
Recogí mi pelo con algunas horquillas, luego bajé la cremallera de la falda, treinta centímetros de cremallera roja: Se quedó en el diván llena de lentejuelas, unas blancas, otras negras. Abrí las piernas y bostecé, el cansancio ya me podía, igual que me podían las copas, el humo, el ruido, la música de aquel  saxo; y los labios de él, gruesos, y su mueca, provocativa, qué manera de hacer música, más que música, diría yo..ummm...  J
Quise terminar de desnudarme, quería  relajarme, el corazón aún palpitaba, inquieto.
Casi me arranqué la blusa, salió volando por la habitación y graciosamente quedó en la esquina de la ventana, me pareció una bandera ondeando, me hizo gracia, sonreí, pero el hipo me provocó una tos absurda, tomé agua.
Luego me tumbé en el diván, ¡qué gusto! ¡Qué paz!... Jugué un rato moviendo los dedos de los pies, como si fueran  esas mariposillas diminutas que revolotean alrededor de un parterre, sonreí. J..
Aún sentía el latido de aquel mordisco en mi cuello, palpé, sangraba un poco, pero eso me gustó, al fin y al cabo yo desayunaba, comía y cenaba con ese río púrpura en una copa; y es que a veces sucede que, los instintos son como lobos hambrientos, lobos que buscan su presa para devorarla, una manada de ellos agitaba mi pecho, devoraban por dentro todo el fuego, todo el deseo, las burbujas en mi estómago hervían como la lengua de lava de un volcán; una lengua que recorría todo mi cuerpo, calcinándolo, en breve moriría, pero renacería y sería para siempre, como siempre.  Sabía que pronto amanecería, pero seguí en el diván admirándome: Una visión bella contemplar un cuerpo incorrupto: Una pradera hermosa... un ombligo como un pozo... qué lástima tener pequeña la lengua... L


miércoles, 8 de marzo de 2017

De los días de los milagros

De los días de los milagros

Me pareció un niño el primer día que lo vi, pero no lo era. Su rostro era pura bondad, sus rasgos suaves, delicados, con uno ojos que parecían caídos del cielo. No tenía edad, por más que lo miré, no tenía edad. Una muleta le daba la seguridad suficiente para dar un paso, y luego, otro, y otro…
Pero no puedo olvidar su rostro. Una mueca graciosa en sus labios parecía dar la bienvenida al nuevo amanecer, tomó café. Despacito, sorbo a sorbo. Me incliné a mirarlo, porque el aleteo de manos de las compañeras impedían poder ver tamaña hermosura. Lo miré abstraída, perpleja; admiré su espalda, sus piernas, su cojera, su modo de sorber, siquiera oteaba alrededor. Sentado, callado, con la paz que muchos necesitamos. ¿De donde venía? ¿Porqué esa resignación tan bonita?, la serena quietud de su cuerpo hacía que se creara un cerco luminoso a su alrededor, brillante como una gran estrella.
La mañana alborotada el café repleto de personas hablando esto y aquello, ¡ah pero la bondad de él, su admirada presencia por mi parte!.
La ignorancia de los demás me gustó, porque ese hombre era un lienzo expuesto, ahí, para contemplar una belleza indescriptible, y yo fui la afortunada, si, fui eso y más, porque pude ver bien sus colores, cada pincelada; pude conocerlo; ahora giraría a un lado, ahora hacia el otro, era como un resplandor aquel lienzo. Un mar dentro llevaba, un océano repleto de peces brillantes… ¡oh … si, qué sueño, que privilegio el mío!. Cada paso, cada gesto, cada sorbo, todo era confortable, como cuando una llega a casa, y se deja caer y se duerme, profundamente; un sueño, si, un sueño vertiginoso poder admirar a alguien que cae del cielo invisible a los demás...


martes, 21 de febrero de 2017

Faltan sombreros rojos





Hoy crucé el puente que va al centro, a la calle del Castillo. Una mañana soleada a pesar de la lluvia del día anterior. El barranco de Santos con tantos años a cuesta queriendo llegar al mar, pero le cortaron el camino…
La torre de la Concepción inalterable. Las callejuelas, los transeúntes, el tranvía… El parque del Príncipe llenito de palomas y gente cansada, sentada en las viejas sillas de madera roídas por el tiempo. Gente sin sonrisa, gente callada… Gente triste, gente soberbia. El puerto con los grandes cruceros, descienden turistas ávidos de conocer la isla, copan la calle en poco tiempo, la calle principal, después de haber cruzado la Plaza de España.
Las persianas se recogen para que entre la luz de la mañana, los mirlos picotean esto y aquello. Aquella dependienta sale al la calle para encender un cigarrillo, el humo hace giros y quién sabe donde terminará, si difumina en el aire, seguramente, si, seguro.
Pero ese gris de la gente no termina de convencerme. El gris de sus ojos, el gris de sus labios, el gris de sus pasos en las calles empedradas.
Ay! y esas montañas que quedan atrás, qué hermoso paisaje!...
Quien las hubiera visto sin barreras, sin los edificios sesgando su belleza milenaria! …
Pero todo sigue igual: Gris, un gris marengo para mejor definición. Los susurros de algunos transeúntes se escapan volátiles: Que si tengo que comprarme un móvil nuevo, que si tengo que comprarme unas botas altas; que si la peluquería; que si tenemos que llamarnos más a menudo. Sería bueno organizar aquella excursión que teníamos pendiente, eso dijeron un grupo de amigos, en la otra esquina de la calle… Habría que ver qué aparente entusiasmo había en aquellas palabras; pero todo queda relegado a otro momento, en otra ocasión, como si la vida se prolongara más allá de los años. Balbuceos aquí, allá. Felicitaciones por algún cumpleaños en lo alto de aquella tasca. El zigzagueo de un chiquillo con sus patines calle abajo, probablemente se dirige al colegio. El policía comprueba si el mendigo se ha dormido para siempre, lo mueve con el pié, por ver si respira, por ver si abre los ojos; la boca reseca, los labios partidos, la fiebre de la noche, las manos sucias.¿ Pero y los demás? Esas personas que suben y bajan la calle aún duermen, apenas si parpadean, buscan un café que les quite el bostezo… Trajeados unos, otros con sencilla vestimenta, pero el color no llega a ninguno. Sigue ese gris tan triste. Vuelvo tras mis pasos y de nuevo el puente, ahora veo los viandantes de frente, musitando algo, con prisas, sin mirar a nada, recluidos un día más en la calle, en le mundo que conocen, en el que quizás crean que están a salvo.

Y yo me pregunto ¿Dónde están los sombreros rojos? La libertad se pasea desnuda, y solo un sombrero rojo, puede cubrir la cabeza, por aquello del sol…



viernes, 17 de febrero de 2017

A veces la ceguera




A veces sucede que algunas personas se convierten en una amalgama hedionda, los olores se les escapan hasta por los ojos. Por no decir, que si una se fija un poco, la piel se les ve reseca, y las manos, se convierten en repugnantes patas de rata. Lo curioso es que todo eso es voluntario, es decir, la transformación tan desagradable que sufren, viene propiciada por  el gusto de flagelarse una y otra vez durante mucho tiempo, ignorando, que, la sanación y la libertad no se encuentra ahí fuera, en ningún parque por muy hermoso que este sea. No se encuentra en el océano, ni en las montañas; siquiera en las comodidades de la vida cotidiana. Aunque,  este o aquel, viva en un castillo lujoso, o una mansión con lámparas caras, obtenidas en los mejores mercados del mundo.

Sucede pues que una , una día cualquiera, se tropieza con una de estas personas, cuya acritud repugna solo por el mero hecho de hablar con ellas siquiera unos minutos.
Dicen que puede ser vanidad, falta de humildad, escasa recepción de lo que  les pueda suceder a su alrededor; en la cotidianidad de los días, y las noches, de los años que hayan vivido, o les quede por vivir.
Lo cierto es que en realidad, aún en esa visión tan lamentable que  pueda proyectar  su imagen, yo, personalmente considero que son individuos tremendamente desafortunados, que creyendo poseer la perfección en toda  la amplia definición de la palabra, recorren ciudades, calles y despachos.. etc.. sin saber que son esclavos de ellos mismos, que su propia voluntad ha sido subyugada hasta convertirlos en desperdicios humanos, en gente hipócrita y vana. Pero en realidad son los pobres del mundo, los que conviven con toda clase de alimañas en una jaula creada por encargo.
Esa pobre gente burda, con una verborrea hipócrita, se merece la compasión de los demás; pero amén de todo eso, hay días en que una, tiene que enfrentarse a todo ese montón de baba gelatinosa y repugnante, porque además de todo lo arriba indicado, son capaces de devorar una persona entera, igual que las serpientes.

Por lo tanto, compadecerse de ellos no es nada malo, al contrario, sería un modo de que , algún día se puedan dar cuenta de que esa jaula en la que viven, carece de barrotes y de puertas...




jueves, 9 de febrero de 2017

Gitanillo de aguas y murtas





Es menester aplaudir, cuando a una se le recrea la vista, en una hermosa avenida copada de jacarandas, la naturaleza se explaya de forma incontrolada adornando con bellos tapices lo que sencillamente sería un camino largo, un camino triste, sin adornos; esa es la fortuna, porque los dioses besan la tierra, acarician los lugares más impredecibles…

El tropel de pasos aquí y allá, los viandantes, cada cual a sus cosas, y de pronto, las campanadas de la iglesia, el incienso, el silencio, dentro…

Las cestas de mimbre en manos de las señoras, la fiesta de la huerta.”Bando e la Güerta “ .Una gran expectación. Las calles se glorifican: Portadores de banderas a caballo, tradicionales gigantes y cabezudos; música tradicional; El Jardín de la Constitución repleto de jóvenes vitoreando. La tradición de unos hombres y mujeres que aman su tierra…

En ese lado del mercado, justo enfrente, la sonrisa de un niño, un gitano moreno; un pelo negro como la pez; unos ojos con miríadas de palomas dentro.
Parece un diosito caído del Cielo. Mamá y papá le llevan de la mano. Le miran y sonríen, cómplices. Los ojitos se abren, cuando un potrillo pasa justo al lado, se inquieta y ríe, con la impronta de los niños, el tirabuzón que mamá peinó antes, ahora, se ha soltado, libre, y le cae en la frente, justo en medio. !Gitanillo de mi corazón!, dicen los que le ven. Tan lucido, con zapatitos nuevos, con pantalones de pana, con chaleco de hilos rojos. Ahora repiquetean las campanas, ahora la gente aplaude. !Viva la huerta!, dice el niño, con balbuceos. Le pica la naricilla, le dan caramelos, y una naranja, y llora, llora. La emoción de un niño es una fuente que mana pétalos de rosa; es un río desbordado. Llega la noche. El calor del hogar y el olor de la cocina, y lo vivaz de sus ojitos, y no duerme, porque sueña, el futuro, le espera...


miércoles, 1 de febrero de 2017






Y  Y sin embargo, lo que más adoro de un árbol son las raíces: Aunque viven debajo de la tierra son poderosas: El modo en que se aferran a la vida; la belleza de sus venas, el torrente de caricias que liberan constantemente; la pasión de ellas al entrecruzarse, igual que los amantes más deseosos. Un perfecto acto de la naturaleza, son los brazos de hércules. Una diosa hambrienta de la tierra.

jueves, 26 de enero de 2017

 

  Intemperie... el silencio de un atado de cirios..llamea..

 Doblan, campanas... triste.

Mi boca cerrada de gritos, de perversión..

Auxilio...

Dejemos que gire la tierra... ángeles

Amar ..falsedad...

Silencio, se van, se van...


Hay una vacante

Le atrajo mucho el anuncio, y es que con estos tiempos que corren el mejor de los regalos a mi entender, es tener un empleo. Tomó...