lunes, 25 de noviembre de 2013

Magma

Cae en la escalinata el río hirviente igual que un proyectil lanzado en agitadas batallas; serpentea el menudo par de piececitos zigzagueando de izquierda a derecha y un reguero de caldo cae súbito y recorre todo el torso. Miles de manos acuden sorteando los peldaños bañados de ese río de lava; gritos, voces de aquí y allá, llenan todas las oquedades impulsados por la brisa desatada esa mañana de otoño. Vendas impregnadas en bálsamos cubren el pequeño torso, ahora, desnudo. Un llanto inacabable se perpetúa con ecos en la gran sala, recorriendo en barrena hasta la salida de la cansilla. Convulso el cuerpecito del pequeño aletea soportando una lluvia de lanzas que picotean sin cesar. Las manos socorren, refrescan, alivian y besan; los días sucedieron a otros; aún quema cuando el pensamiento se detiene justo enfrente, en los peldaños que un día el infierno desató todas las tempestades.

Ayer me soporté bien. Anduve en la madrugada, como cuando una se escapa del cuerpo mientras duerme. Me soporté toda la noche, sopor...