domingo, 17 de noviembre de 2013

Anís y sésamo

La cocina envuelta en aromas y amueblada con las sillas blancas o verdes, todo comienza y los cubiertos brillan en la cubeta. En la mesa reposa una espesura de harina, crece igual que una montaña cuando el sol la ilumina; la ropa blanca ondea detrás, en el patio y los gatos juegan con las puntas de las sábanas. Lleva un mandil que parece un jardín de petunias. María sonríe y una caricia  albea todo su rostro.

De los casos de la vida

Una rémora parecía, a cada paso que daba, la rémora seguía ahí, viviendo de ella, alimentándose de ella, de sus pertenencias, aho...