lunes, 4 de noviembre de 2013

Algunos días

Debieron irse todas las lágrimas, pero se quedaron ancladas alrededor de la casa; la niña llora, la mujer llora. Hace tiempo que los manteles no cubren aquella mesa, hace tiempo que el abeto perdió las lamparillas, y las noches son igual que las carreteras interminables que dan paso a otra carretera o a otro cruce; parece como si hubieran borrado la línea del horizonte donde debieran salir todos los días los dedos del sol.

De los casos de la vida

Una rémora parecía, a cada paso que daba, la rémora seguía ahí, viviendo de ella, alimentándose de ella, de sus pertenencias, aho...