martes, 22 de abril de 2014

El té de las cinco



Casi siempre hay algún silbato que avisa: El de la tetera; el del policía de esa avenida organizando el tráfico; el silbato del maestro para ordenar la fila de chiquillos. Lo que en realidad queremos en muchas ocasiones es que deje de sonar para no tener que despertar; porque durante el sueño nada tiene que pasar, nada ha de organizarse.

Porque fue un dieciocho de agosto, de 1936 que le mataron el corazón a un poeta grande, Federico García Lorca. Hoy yo quiero fingir que...