martes, 15 de abril de 2014

Una alfombra de petunias y claveles

Definitivamente ella  se había decidido por el vestido tan elegante que pendía de la percha ribeteada de pan de oro; definitivamente sería así, tal y como lo pensó en ese momento. De igual modo ocurría si esperaba algún bus o algún taxi; era el momento preciso, era esa decisión que tomaba tan convencida de ello; sería cualquier bus o cualquier taxi, pero lo importante es que determinaría que el modo de transporte sería alguno de ellos, porque en ellos se sentía agradablemente cómoda, se sentía una señora feliz de tener decisiones propias, de tomar las riendas de su vida. Definitivamente el vestido la hizo más bella si cabe; el espejo le devolvió la seguridad que buscaba. Definitivamente si. Era ella. Sin duda alguna, era libre, era una gran mujer, una mujer con decisiones propias...,

En todos lados cuecen habas

¿Pero qué me pregunta usted?, me dijo la anciana, con una cachimba enorme en una esquina de la boca, que al mismo tiempo chorreaba ba...