martes, 8 de abril de 2014

El hombre que llevaba un Rolls-Royce

Seguramente pensaría que  aquella señora no se sentiría feliz, porque sólo saldría a la calle para ir al mercado o a la floristería. Pensaría también que no se sentiría feliz porque sólo tendría un vestido que lavaría todos los días y tendría algún cosido de más. ¿Dónde espera la felicidad? ¿Acaso en una mina de diamantes? Quizás nunca le preguntó si el aroma de las rosas, o la calle de adoquines que hubo recorrido diariamente; observar los puestos del mercado adornados con toda clase de artículos y las sonrisas y saludos que hubo obtenido en aquellos lugares, propiciaron toda la felicidad del mundo.

La travesía

Éramos unos cien muchachos los que emprendimos el viaje aquella mañana de julio, y aunque llegamos a salvo a puerto después de do...