martes, 8 de abril de 2014

El hombre que llevaba un Rolls-Royce

Seguramente pensaría que  aquella señora no se sentiría feliz, porque sólo saldría a la calle para ir al mercado o a la floristería. Pensaría también que no se sentiría feliz porque sólo tendría un vestido que lavaría todos los días y tendría algún cosido de más. ¿Dónde espera la felicidad? ¿Acaso en una mina de diamantes? Quizás nunca le preguntó si el aroma de las rosas, o la calle de adoquines que hubo recorrido diariamente; observar los puestos del mercado adornados con toda clase de artículos y las sonrisas y saludos que hubo obtenido en aquellos lugares, propiciaron toda la felicidad del mundo.

Porque fue un dieciocho de agosto, de 1936 que le mataron el corazón a un poeta grande, Federico García Lorca. Hoy yo quiero fingir que...