sábado, 8 de marzo de 2014

Podría ser lunes o martes o quizás un miércoles

Parece como si alguien de los que respiran dentro del ascensor llevaran bromo en sus pulmones en vez de un limpio oxigeno de burbujas; y es evidente porque irrita los ojos y algunas gargantas carraspean. Seis pisos se elevan hacia el cielo, seis paradas; en la tercera probablemente ya se deja de toser;  hasta la quinta y luego la sexta todo vuelve a su normalidad- ¿normalidad? Un dúo de señoras se empeñan en cuidar dos o tres macetones, ellos, emulan un jardín; falta la luz del sol; falta el aire puro. Podrían desaparecer las paredes grises y podría volver a renacer la hierba tamizada en el suelo de esa torre de ladrillos que se desvanecería con un soplo de nuestras bocas, si así deseáramos que hubiese sido; pero sigue ahí alzándose a un cielo que ignora que debajo suyo pueda haber tantas torres, tantas ventanas queriendo abrazar no sé que estrellas. Hay rasgos de tristezas detrás de esa mampara de cristal, ese rostro que golpea las teclas, todo debidamente correcto; con sus puntos y comas; con sus puntos y aparte; golpea, golpea, golpea... (ya veo su lágrima furtiva). Pasos que fluyen, pies bien vestidos con piel, con tiras anchas por encima de los dedos recorren varias veces la misma distancia desde una mesa a otra y luego algún despacho. La máquinas dejan salir impresos los folios con transcripciones elementales; fechas; límites de plazos. Huele a café y alguien lleva un bizcocho en las manos. En esos momentos las sonrisas salen de las bocas; alguien dice que repetirá el dulce; alguien cuenta alguna noticia y todos comentan y casi todos sonríen; pero ¿Quien?, nadie sabe realmente quien sonríe sinceramente. Ósculos se reparten; cada uno a su sitio, recogen otra vez el papiro donde se dibujaba aquella sonrisa.

Se habre el telón

Se abre el telón El primer día te comen los nervios, si, si, te comen literalmente; y es que, cuando una se halla en el escenario...