lunes, 10 de marzo de 2014

El humo de los cirios

El atardecer es ceniciento: Brotan tules; brotan espinas. Duerme, duerme, duerme, ella. Las manos entrelazadas, ambas. Él tiene gesto amable, protector, responsable de ella; responsable de  que el aire vuelva a salir de sus pulmones y brote y luego vuelva a entrar. Se diluyen varios latidos igual que terrones de azúcar en café; dilata el tiempo la agónica voz; la piel confusa, pálida; dilata la no vida; el no despertar y pestañear...

De los casos de la vida

Una rémora parecía, a cada paso que daba, la rémora seguía ahí, viviendo de ella, alimentándose de ella, de sus pertenencias, aho...