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miércoles, 26 de marzo de 2014

Madreselvas

Ella tenía en sus manos un poemario y trataba de leerle dulcemente, como si la acunara entre sus brazos, de manera que al mismo tiempo la luz del sol por la mañana entraba tímidamente en la habitación. Leía, leía...,
quizás con la esperanza de que la escuchara, de que aquellos ojos esmeraldas fijaran su mirada en ella y le sonriera. Quiso que las paredes desaparecieran; el ventanal; la puerta gris. Una ingravidez ocupó    el espacio vacío y el tiovivo comenzó a girar y volvió a sonreír, porque las niñas cada una en su caballito llevaban nubes de algodón y ambas calzaban merceditas blancas con calcetines bordados. Entonces el tiempo pasado se hizo presente... 

Eres música cuando te miro, cuando tú no percibes que te miro. Eres la sangre que corre en mis venas, cuando tú no sabes que lo pienso...