lunes, 17 de febrero de 2014

Una historia diferente

De ningún modo iba a resignarme y  tampoco  permitiría que aquel hombre con bata blanca entrara sin llamar a la habitación fisgoneando todo, con sus barbas blancas en cascada y sus ojos pequeños, redondos y su sonrisa irónica. Pasé el cerrojo con cautela para que no advirtiera nada. Le oí como empujaba la puerta con fuerza, de un modo grotesco, igual que un oso pardo sacudiendo un grueso madero. Dos semanas antes supimos de la interna del lado oeste, había amanecido ahorcada en su celda; en el fondo sabíamos que aquel ser monstruoso la había violado.Durante toda la noche me cercioré de que la puerta permaneciera bien atrancada; casi no había dormido,  los primeros rayos de sol entraron libres por el ventanuco, de alguna manera me alegraba de amanecer sana y salva. Durante ocho años permanecí allí, en aquel lugar indómito; frío; austero; insoportablemente espartano. Un día a la semana nos reunían en grupo de cinco o seis internas, y nos mortificaban con advertencias y amenazas terribles. Yo también sucumbí a sus garras una tarde de verano, cuando me refrescaba medio desnuda; al principio sentí odio; un vómito intenso salió de mis entrañas, cuando me tomó; me sobrepuse y siguieron los días detrás de las noches o viceversa. Sentí rechazo por mí misma porque en el fondo me gustaba estar con él y debía pensar la manera de acabar con todo; fui  a buscarle, sabia que volvería a tomarme igual que una bestia, un demonio rojo>en eso se convertía cuando nos tenía>- Llevaba unos minutos encima de mi cuerpo, balbuceando sandeces; profiriendo no sé que  palabras en latín, que yo no entendía. En el momento preciso hendí el cuchillo de cocina en su espalda; un aullido espantoso, junto con un hedor insoportable salió de su boca torcida. Un dieciocho de junio fui liberada de aquel endemoniado lugar, nadie supo jamás quien había acabado con la bestia. Me deshice de su deforme cuerpo arrastrándolo como pude y arrojándolo al acantilado, por un ventanal que por unas horas permanecía abierto por orden del prelado. Supe que me había convertido en un ser sin apenas sentimientos, una asesina, pero nunca me arrepentí de lo que hice. Jamás encontraron el cuerpo de Nor, el médico. 

Hay una vacante

Le atrajo mucho el anuncio, y es que con estos tiempos que corren el mejor de los regalos a mi entender, es tener un empleo. Tomó...