domingo, 16 de febrero de 2014

Cenefa de flores

Ella habla conmigo; sin embargo no entendemos bien la coversación de ambas. Repite dos o tres veces , que el arroz con pollo y pimientos quedará sabroso, que cuando llegara la hora de la comida, todos acudirían y ella se sentiría orgullosa por ello. Pero yo, sabía perfectamente que a ella lo que le hubiera gustado es que le dijeran que estaba bonita con su nuevo color de pelo, o que la sopa de letras había quedado perfectamente realizada. Aquí ha quedado una mota de polvo- dice. Y yo asiento y vuelvo a pasar la mopa, disciplinada, igual que cuando era una niña. Sus negros ojos brillan cuando la luz entra por el ventanal de la cocina y yo sonrío porque la veo igual que cuando necesitaba de sus besos, de sus arrumacos:Desparece la sopa de letras en la mesa; desaparece la cocina eléctrica; desparece el gran ventanal de la cocina, mejor ahora, me digo, y no dejo de mirarla, es como si sostuviera en mis manos un libro, y las páginas en vez de avanzar, retrocedieran, y, estamos juntas, en una pequeña cocina, con una pequeña lumbre, una plancha de hierro pendiente de la fogata para las camisas blancas de papá; y ella, con una sonrisa, y unos jóvenes ojos negros me consuela: Sana, sana,sanita...y yo, beso su cuello moreno, y duermo, confiada, en su pecho...,

Ayer me soporté bien. Anduve en la madrugada, como cuando una se escapa del cuerpo mientras duerme. Me soporté toda la noche, sopor...