jueves, 27 de febrero de 2014

En algún lugar

Pegar la oreja a la almohada y querer oír las pisadas y los ecos de otros años, además de al mismo tiempo, querer sentir el presente, todo ello fusionando ambos tiempos; como si no hubiera sido el pasado, pasado, ni el presente, presente. Y cuando se consigue todo ello, resulta algo que no diría maravilloso, pero si algo verdadero, algo que se puede casi tocar, vivir; es como otra realidad, si es que hay algo real, si es que hay tiempo en el tiempo. Pero la realidad es real, si seguimos con la oreja pegada a la almohada, si podemos sentir todos los latidos y una fina línea de contenidos atravesara todo nuestro interior dando giros hasta llegar muy adentro. Llegan las lenguas de las olas; las pequeñas voces; pero también regresan las tribulaciones de otros momentos, que se despeñaron por un profundo precipicio, y, aunque formen parte del fusionado, no dejan de ser latidos incoherentes que se prendieron igual que los alfileres para confeccionar una prenda de fino paño negro o azul. - ¿Señora?,¿ toma algo?..Si, gracias...Los aullidos de los alisios también fueron y son parte de esas sensaciones, de esos latidos cuando se regresa al pasado. Lo mejor de ello es poder seguir todo el tiempo que se pueda, ahí recostados y sintiendo vibrar un páramo entero.

Ayer me soporté bien. Anduve en la madrugada, como cuando una se escapa del cuerpo mientras duerme. Me soporté toda la noche, sopor...