sábado, 1 de febrero de 2014

Nubes de azúcar

La capa gris que cubría el mar se había ido, se mostraba tranquilo, pintado de un celeste apropiado para el día.El faro dormía y las gaviotas buscaban comida picoteando las puntas de las pequeñas olas; allá, un horizonte perfecto dividía  las dos mitades. A medida que recorría el camino, los almendros  bostezaban vestidos de pequeñas flores, parecían damas con preciosos abalorios; se exhibían a un lado y al  otro de los peñones y mezclados con las grandes hojas verdes y con las retamas y los pinos. Un gran tsunami de nubes se extendía igual que una alfombra y debajo, quedaban atrapados los caminos, las casas, las playas; el repiqueteo de campanas, las voces de los transeúntes. Surgió entonces el volcán  de Nivaria con un manto tan grande que llega al mismo filo del mar. Zeus debió estar allí para apaciguar la brisa, y acrecentar aún más el intenso azul del cielo.

Se habre el telón

Se abre el telón El primer día te comen los nervios, si, si, te comen literalmente; y es que, cuando una se halla en el escenario...