jueves, 25 de diciembre de 2014

Quizás no haya que preguntarse a menudo el porqué de tanto vacío pueda contener nuestro yo cuando observamos aquel petirrojo afanado por sobrevivir, o a esas criaturas espléndidas correteando por el parque; por lo tanto creo que no son esos momentos tan maravillosos los que provocan desazón; la traición nos persigue siempre, pero hay una fórmula con la cual podemos resolver ese dilema, y, es recobrar las ganas de vivir,..

Porque fue un dieciocho de agosto, de 1936 que le mataron el corazón a un poeta grande, Federico García Lorca. Hoy yo quiero fingir que...