jueves, 18 de diciembre de 2014



Imposible no escuchar, no mirar, quedarse inmutable ante la desgracia que surca el cielo igual que un dragón lanzando lenguas de fuego en las espaldas de miles de vidas; entonces queda un silencio espantoso y es ese mismo silencio el que ahora penetra en mis oídos como un halo de hielo; cuan  vergonzosos los pretextos, qué cruel puede ser el hombre y su vanidad, su fanatismo…,

No quedan más que las sombras de los pájaros debajo del árbol, Con sus débiles alas desplegadas, con sus picos cerrados… No quedan ...