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martes, 23 de diciembre de 2014

Hijoputez sincrónica




¡Más alto, más alto! decía aquel señor. ¡Espalda erguida! , decía la señora aquella toda vestida de negro; enjuta, blandiendo al aire el bastón igual que una espada.
Por entre los cristales unos gatos lamiendo sus patas. Arrecia la lluvia, de tal modo, que los chuzos caen como dardos envenenados y los rosales mueren al instante, ahogados, ahora sus caritas rosas castigadas, porque, el viento, azota, azota, azota…, La milicia cruza la calle a pié marcando el paso, uno, dos, uno, dos. Un millón de pasos chapoteando, y las ranas croan, croan y no paran de croar. Una fila de gallinas decapitadas y junto a ellas las ristras de ajos se agitan al soplar la brisa.
 Danza, danza ella y los tobillos sangran, sangran. ¡Más alto, más alto! ¡Espalda erguida!...,


Caimanes

A nadie importa, importo. Cuando vengo cruzando un jodido mar. Cuando llevo en el vientre una criatura. No importa el hambre de...