miércoles, 1 de enero de 2014

Cuando se disipa una niebla

Aquí o allá  de éste lado o del otro, la cocina humea con el potaje, con las peras al vino y el ventanuco ahora nublado cierra sus ojos por unos instantes. Un largo pasillo termina en  el patio y un guayabero cargado de guirnaldas; dos sillas y una banqueta se quedan todo el año al sol, a la lluvia. Aquí o allá , otra habitación con una cama, con bordadas sábanas de miles de mariposas que vuelan  hasta la puntilla que casi llega al suelo. Ella con sus ojos verdes sonríe, sonríe en un mundo sin recuerdos; tic, tac, tic ,tac el reloj del pasillo. La otra mujer joven besa la comida que adorna el plato con ribetes plateados, alza la bandeja y parece que la niebla de la habitación se disipa y la primera cucharada del caldo es recibida con otra sonrisa, es aquella, que postrada, tiene unos ojos verdes llenos de olvidos...

Ayer me soporté bien. Anduve en la madrugada, como cuando una se escapa del cuerpo mientras duerme. Me soporté toda la noche, sopor...