lunes, 20 de enero de 2014

Por febrero o marzo

Teo dice que su opérculo no cierra bien y las niñas ríen porque sostiene en su mano el caracol que abarca  uno de sus dedos, arrastrándose despacio, escalando. ¿Debería cerrar? dijo la niña que llevaba un sombrero de paja blanco con cinta rosa alrededor. Teo llora mucho y el caracol se pasea por cada dedo de su mano derecha y deja la baba transparente. Chups chups, levantan pequeñas olas sus descalzos pies y agita la mano y la alza al aire en un vaivén; ahora sale disparado el caracol y vuelven a reír las niñas que observan como los ojos de Teo se hacen grandes y aún más redondos y más negros.
 Llueve ahora del cielo muchas gotas,  que caen igual que chuzos de punta; corren los niños y se refugian debajo del nogal y quizás encuentre Teo, a su opérculo, ya, libre.

Se habre el telón

Se abre el telón El primer día te comen los nervios, si, si, te comen literalmente; y es que, cuando una se halla en el escenario...