lunes, 6 de enero de 2014

Enero, una tarde de invierno

No había  brisa y la veleta en forma de avión, inmóvil, en el parapeto. No había  llantos, pero si  risas con música de una guitarra. Cada uno sentado en su silla no muy distante de unos y de otros  se dirigían miradas de recuerdos. Por allí cerca en la huerta los veranos de atrás olían a pan con chocolate, a hinojo salvaje. Los inviernos guardaban aún el sabor del humeante café, del tazón de leche tibia, y las botas de agua en la entrada de la casa, esperaban el día siguiente. Dijeron que la tarta tenía poca nata en su interior, que el pollo asado era demasiado abundante. ¿Un café? y llegó la bandeja con varias tacitas envueltas en recuerdos. Es tarde y los besos se despidieron hasta un próximo encuentro; los recuerdos si lloraron después, a solas...

Hay una vacante

Le atrajo mucho el anuncio, y es que con estos tiempos que corren el mejor de los regalos a mi entender, es tener un empleo. Tomó...