jueves, 2 de enero de 2014

Katia, dime que sí




Esos ojitos que son dos luceros redondos y que me miran seguido, seguido, hasta que, los míos, se clavan en ellos; una lluvia de estrellas toda ella, una piel de trigo dorado como el sol. Apenas un ligero trote deja sus patitas de puro algodón y se quedan las huellas en la losa aún húmeda por la fina escarcha de lluvia. Corre, corre, que te pillo, los niños juegan con ella, esa podenquita, esos ojitos...

No quedan más que las sombras de los pájaros debajo del árbol, Con sus débiles alas desplegadas, con sus picos cerrados… No quedan ...