sábado, 4 de enero de 2014

Podría ser una noche cualquiera

Falta poco para que la lechuza cruce el jardín una vez más; se parará y sus ojos mirarán alrededor y la cena en la casa ya habrá terminado y, el porche volverá a ocuparse con risas, y con copas.Aquel drago hace años que fue acunado entre la tierra, y pasaron todos los días y ahora es un gigante acomodado, pero menos alegre. Ahora se escuchan los ecos de los otros años, pero sólo son ecos que han quedado retumbando en las paredes y detrás de los visillos. Mientras tanto el porche tiene la luz de unos farolillos y las bocas  pronuncian que el postre ha estado estupendo, pero esa  mujer está de espaldas y apoya la barbilla en sus manos y sus pies se desnudan, y por unos momentos sería bueno que desapareciera el porche, las risas, y las copas y quedara nada, entonces sus lágrimas podrían brotar igual que un río abarcando todo y ella y la lechuza quedarían una vez más solas en el silencio de otra noche cubierta de negrura.

Que se van yendo cosas y casas y calles.

Ya no se llevan calles estrechas, sin embargo, aún se pueden ver en cualquier ciudad del mundo. Las calles estrechas tienen magia,...