viernes, 20 de diciembre de 2013

Salsa de arándanos

Puntillas blancas y bordadas, y corbatas azules se arremolinan alrededor de la mesa. Sopla el viento fuera, es frío, y duele igual que las púas de los erizos cuando se clavan. Hay copas de cristal transparente, hay asado y tarta de manzana; los pasos van y vienen y suben y bajan las escaleras y en la planta alta, la mujer habla con la niña de ayer, se cogen de la mano y a veces ríen juntas. El más viejo de todos los comensales tiene tantas arrugas en el rostro que parecen veredas plagadas de pisadas y sus ojos azules son un cielo debajo de la frente. ¿Quien quiere asado? -Si,  con salsa de arándanos, dice él. El repiqueteo de los cubiertos en los platos y las conversaciones al tiempo, se esparcen por toda la sala rebotando en cada esquina. La mujer reparte la tarta de manzana y se gira por si la niña sigue ahí. Vuelven a sonreír.

Se habre el telón

Se abre el telón El primer día te comen los nervios, si, si, te comen literalmente; y es que, cuando una se halla en el escenario...