domingo, 8 de diciembre de 2013

Ese era el olor típico

La habitación olía a puros, o quizás toda la casa también. Ese era el olor típico, además de la comida, de todos los domingos. La ropa había que dejarla en agua clara por largas horas, porque el intenso olor se incrustaba entre los hilos y permanecía ahí. Siempre había un mazo de puros en la consola de la entrada por estrenar, y siempre se renovaban y Rosendo después de la comida en su sillón con apoyabrazos de fieltro negro parecía una chimenea dejando escapar el humo y se colaba por debajo de las puertas y las ventanas que daban al patio. Nanota rabiaba cada vez que tenía que limpiar y recoger todos los trozos de capas que dejaba en el quicio del ventanal; debía ser una costumbre arraigada porque no había otro lugar o no le gustaba otro lugar donde dejar los trozos de capas de los diez puros al día.

¿Quién salva a los poetas?, a las personas que quieren dejar letras en cualquier rincón, en un folio, en una pared, en el tronco de...