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sábado, 14 de diciembre de 2013

Prosa para ella, 1910





No muchos años antes la pude ver sonriente y con un ensortijado
rebumbio en su cabeza, que después fue gris.
Charlestón,  inviernos de hambre, Charlestón,  veranos de hambre,
Era bajita , era valiente y su boca no hablaba de miedos, no hablaba de horas vacías.
Cortejada y aparente felicidad se apareó  y se fue feliz con muchos descendientes,
muchos de ellos tienen ahora su recuerdo, yo su nariz chata y respingona, y su carácter.

Aún en el desastre que causa un bombardeo en una ciudad matando personas, quemando casas, destripando ilusiones, aún con tanto dolor, pue...