sábado, 14 de diciembre de 2013

Prosa para ella, 1910





No muchos años antes la pude ver sonriente y con un ensortijado
rebumbio en su cabeza, que después fue gris.
Charlestón,  inviernos de hambre, Charlestón,  veranos de hambre,
Era bajita , era valiente y su boca no hablaba de miedos, no hablaba de horas vacías.
Cortejada y aparente felicidad se apareó  y se fue feliz con muchos descendientes,
muchos de ellos tienen ahora su recuerdo, yo su nariz chata y respingona, y su carácter.

Porque fue un dieciocho de agosto, de 1936 que le mataron el corazón a un poeta grande, Federico García Lorca. Hoy yo quiero fingir que...