sábado, 21 de diciembre de 2013

Ida y vuelta


Muy bien dijo aquel hombre, y sacando la boina al aire, el Señor Estévez quedó de acuerdo. El carromato llevaba algunas verduras recién apañadas y leche en algunos cántaros. Los largos bigotes danzaban al aire igual que las alas de algunos cuervos, que esperaban en los alambres para lanzarse y picotear todo lo que brillara. Los bigotes y el tricornio y la recia voz pedante, todo el tiempo detrás de la puerta de rejas consintiendo, sí o, no. El chiquillo mayor observa y de reojo mira y en silencio, sentado en lo alto, espera que  continúe el viaje, que por el camino empedrado y lleno de pisadas, de bueyes, llega al mercado de abasto. No ha pasado mucho tiempo desde la larga batalla y los barcos llegan poco a poco y de tarde en tarde, y la comida no es abundante. La señora Delgado amasa el poco trigo en polvo del gofio que dormía en la alacena y poco a poco el agua cae en el cuenco y sonríe porque al mediodía cuando el sol se encuentra muy alto iluminando de blanco cada esquina, ella, sabe que todas las bocas se reunirán alrededor.


Porque fue un dieciocho de agosto, de 1936 que le mataron el corazón a un poeta grande, Federico García Lorca. Hoy yo quiero fingir que...