lunes, 5 de mayo de 2014

Las horas muertas




Cada hoja de aquel árbol  cae y llora,  cae y llora... tristes horas, tristes. Hojarasca que alfombra un suelo y lo besa con tristes besos.¿ Cómo puede el fresno no dejar de llorar? Yo me suicido entre su mortecinas y secas hojarascas... me suicido una y mil veces. Yo soy ese fresno que grita en silencio, yo. Cae y llora, cae y llora...cada hoja. Me eximo de cualquier mole gris; de todo aquel camino cargado en mis hombros; me eximo entonces de toda culpa; de grotescas carcajadas; de no llegar a un templo, y pedir, pedir... ¿acaso es así como se exime de  los clavos que duelen en nuestro cuerpo? ¿del camino totalmente hedonista de mi humana persona?... Cada hoja de aquel árbol, de ese fresno, que soy yo...

Hay una vacante

Le atrajo mucho el anuncio, y es que con estos tiempos que corren el mejor de los regalos a mi entender, es tener un empleo. Tomó...