martes, 20 de mayo de 2014

Encajes y muselina




Dijo que le hubiera gustado ver el mar desde la azotea mientras rociaba los lirios con la regadera. Eso dijo, mientras la lluvia de pequeñas estrellas caían igual que meteoritos inundando el parterre...,
El olor del anís y de los buñuelos se alzaba desde la ventana de la cocina, hasta casi terminar los peldaños que llevaban al solario. En la habitación contigua que se hallaba detrás del salón y, vestido de terciopelo rojo el gran ventanal, estaba Inés, metódica, explorando su cajita de costura; sonriente como una niña de grandes trenzas negras.¿Acaso no se puede ver el mar cerrando los ojos? Un mar dentro, un mar dentro..., se dijo.



La travesía

Éramos unos cien muchachos los que emprendimos el viaje aquella mañana de julio, y aunque llegamos a salvo a puerto después de do...