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jueves, 8 de mayo de 2014

De regresar




Realmente no era tan penoso verla ahí; elevando su pecho y exhalando. No. Ora una pequeña angustia; ora un remanso de un tranquilo y acogedor lago. Ya no habría dolor: inhalar, exhalar...
No habrían lágrimas ni siquiera un compungido suspiro; no. Los pequeños rayos del sol se colaron con sus largos dedos; los pájaros seguirían anidando en el sauce; los bueyes en la huerta horadando la tierra, vertiendo semillas; la azules nubes; el caprichoso  arco iris; las largas horas de desvelo; ramos y ramos de jazmines; violetas; el tiovivo en el centro de un patio de loza; manojitos de cilantro para el guiso. Tal cual a sus quehaceres; tan cual en su debido andar...

Eres música cuando te miro, cuando tú no percibes que te miro. Eres la sangre que corre en mis venas, cuando tú no sabes que lo pienso...