miércoles, 28 de mayo de 2014

Un día de tantos





¿Habría proclamado su libertad? Los ovillos de papel caían igual que el agua derramada de una vasija, y el reguero de cada ovillo aumentaba al pasar las horas. De modo que la habitación era entonces un mar, un mar de sentimientos; un mar donde el caos habitaba en la profundidad de ese otro aterrador mundo. ¿Habría deseado entonces eso?, permitir que todo se anegara, desear que su cuerpo se dejara ir intempestivamente entre los ovillos..., probablemente, si.

Porque fue un dieciocho de agosto, de 1936 que le mataron el corazón a un poeta grande, Federico García Lorca. Hoy yo quiero fingir que...