viernes, 2 de enero de 2015




Eso mismo le había dicho ella, si, le había repetido hasta la saciedad que nada sería para siempre.  Hizo caso omiso, se tapó los oídos, se los había tapado unas vez más...,
El camino lleno de almendros a ambos lados seguía ahí, igual que un retrato, igual que la casona del cerro, erguida como  un guerrero. Deberías saberlo, le dijo- deberías saber que algún día la casa desaparecerá de la faz de la tierra y, el camino se diluirá con alguna tormenta de arena venida del mismísimo desierto.
Eso hizo que se tapara mas y mas ambos oídos, eso hizo que huyera de su lado. 
Ella aterrizó en la tierra del jardín y posó su cara como si fuera una mariposa que necesita descansar..., ¿Cómo podría aceptar la realidad?, se preguntó. Entonces escuchó una vez más esas palabras, las escuchó en su cabeza mientras se mantenía unida a la tierra dorada. Desaparecerían el camino de almendros y la casa... todo sería una quimera, se dijo...,


De los casos de la vida

Una rémora parecía, a cada paso que daba, la rémora seguía ahí, viviendo de ella, alimentándose de ella, de sus pertenencias, aho...