jueves, 13 de junio de 2013

Terciopelo rojo



El sándalo aromatizaba desplegando por los rincones la esencia;  Gary Moore permanecía vivo envuelto en una catarsis de sonidos que se repartían por la salita.
Ella  esperaba en un rojo diván, excelsa. Entonces me sentí como un chiquillo, tembloroso, deseando bucear en sus  humedades;  buscar sus labios para sentir la seda roja y jugar con la lengua que ella ofrecía. Se ancló en mis piernas abriendo las suyas, contorsionándose igual que una serpiente en celo. Lamió mi hombría, se apoderó de mi voluntad y me llevó al éxtasis tragando todo lo que pude darle.

De los casos de la vida

Una rémora parecía, a cada paso que daba, la rémora seguía ahí, viviendo de ella, alimentándose de ella, de sus pertenencias, aho...