sábado, 4 de octubre de 2014

En la calle de los manzanos


Era triste verla llorar sentada en la silla, con los brazos apoyados en la mesa. No hubo consuelo para ella mientras duró la explosión de sentimientos que llevaba dentro después de haber sabido que Lucas perdería la memoria y que Inés, ese día, no pudo tragar comida alguna, ni agua. La boca sellada. Los ojos con el iris dormido.
De modo que por mucho que una hubiese ido a por ella y abrazarla y besar sus bellas manos morenas, e intentar que dejase de llorar, habría sido en balde, porque se había hundido en ella un puñal hiriéndola mortalmente, por lo tanto una se limitó a esperar que todo pasara, que el dolor que le había proferido el puñal se esfumara  por unas horas, quizás.

Se habre el telón

Se abre el telón El primer día te comen los nervios, si, si, te comen literalmente; y es que, cuando una se halla en el escenario...