martes, 9 de septiembre de 2014

La tienda de sombreros




No lo habría hecho deliberadamente por mucho que lo hubiese parecido.No habría pretendido eso, ni siquiera juzgar lo que sus ojos habían visto; era hermoso contemplar lo que había detrás de aquellos cristales y la perfecta y armoniosa decoración. Los sombreros igual que las fuentes en el parque parecieran. Los vestidos vaporosos en las perchas, algunos cobraban vida al mecerse por la brisa que se colaba por las rendijas de los marcos. No, decididamente no habría sido a propósito. Fuera en la acera y hasta la iglesia los pedigüeños pidiendo el pan.  

Porque fue un dieciocho de agosto, de 1936 que le mataron el corazón a un poeta grande, Federico García Lorca. Hoy yo quiero fingir que...