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domingo, 7 de septiembre de 2014

agosto de mil novecientos tres



Esos pormenores, por muy insignificantes que fueran, la traían de cabeza. Realmente serían para ella como latigazos  en la espalda, era pues susceptible de esas cosas, se le escurrían de las manos, entre los dedos; igual que el agua del grifo al limpiar unos platos.

Eres música cuando te miro, cuando tú no percibes que te miro. Eres la sangre que corre en mis venas, cuando tú no sabes que lo pienso...